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Publicado: 21/04/2006


 

SER FELIZ


Acaba de hacerse pública una encuesta sobre el grado de satisfacción de los españoles y los datos parecen respaldar nuestras conclusiones empíricas: la riqueza no hace la dicha. No sé en qué segmentos habrá sido dividida la población para su estudio; ya lo sabremos con los días; pero estoy por decir que nuestros chicos -a los que hemos despojado de la capacidad de desear- deben ser los menos complacidos con su vida.

Seguramente la felicidad se halla más en el esfuerzo de ir yendo, que en la satisfacción de haber llegado. Recuerdo mucho a Cervantes cuando escribía que “es mejor el camino que la posada”. La meta da sentido a nuestro empeño. Por eso cuando obtenemos las cosas antes de desearlas, con muy breve espera y sin merecerlas, se desactivan como fuentes de goce. Hace unos días sondeaba yo a un niño para averiguar que le gustaría para su cumpleaños y tuve que enumerar las propuestas que se me antojaban más apetecibles sin que se inmutara. “No lo sé”, -me dijo desganado ante mi sorpresa. “Es que lo tiene todo”, -me dijo su madre para glosar su apatía. Y sentí tanta lástima de él como de los niños de Malí. O acaso más, porque aquellos son capaces de desear. Como sucedió, salvando las distancias, con los niños de la Guerra que no habían probado nunca un bombón ni jugado con un globo.

Pero tornemos a la noticia. Resulta que las personas mayores, sobre todo si son de condición modesta, se hallan más reconocidas con la vida, en tanto que el grado de satisfacción de los más jóvenes es menor y decrece cuanto menos años tienen. Algo a primera vista sorprendente que nos lleva al recuerdo de la infancia en que la gente se ayudaba, se comunicaba y cantaba sin delegar en el transistor, y nos hace entender a los jóvenes de las ONG que retornan a sus países de adopción en busca de sus amigos pobres, sencillos y felices, para sin quererlo hacerlos desdichados con en el mundo opulento.

Otro dato relevante es el referido a las mujeres, que se muestran mucho más descontentas que los varones y a las que la emancipación, la igualdad y la independencia no han logrado liberar y se muestran hastiadas, insatisfechas e infelices en más alto porcentaje.

A un pobre menesteroso feliz, creo que de Faulkner, le preguntaba otro personaje la razón de su excelente humor. “No sé, señor -le respondió-; debe ser porque solo tengo una camisa”.

Darío Vidal

21/04/06

 

       Ser feliz (21/04/2006 19:14)