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Publicado: 18/04/2006


 

EQUIVOCAR LAS CAUSAS


Como todo el mundo sabe la Tierra es el centro del Universo y todos los planetas giran a nuestro alrededor como pelotas sujetas por un hilo. Si no fuera así nos marearíamos de dar vueltas y la velocidad de la tierra nos despeinaría. Del mismo modo, la observación científica nos descubre que el oído de las hormigas esta estrechamente relacionado con sus patas, de tal modo que si les arrancamos una, dos o más de ellas se vuelven mas insensibles a nuestras órdenes. Así es que cuando la pierden todas no nos hacen caso aunque nos desgañitemos gritándoles que continúen corriendo. No oyen. La verdad es que el principio de causalidad nos mete en no pocos berengenales. Eso de que una cosa se deba a otra es algo que nos puede inducir a confusión. Qué es antes: ¿la gallina o el huevo? Esa es la cuestión.


Pues bien, la Dirección General de Tráfico que es una de las instituciones más sagaces del Reino, lleva años marrando el tiro por empeñarse en sacar conclusiones falsas y culpar de los accidentes de circulación a la velocidad y no a la conducción inadecuada, la señalización y las malas carreteras. Si se extraen conclusiones erróneas, que nadie se sorprenda de que no se invierta la tendencia. El triste balance de esta Semana Santa es la prueba de la ineficacia del señor Navarro y el error en la lectura de los datos. Mas él no ceja en sus prejuicios.

Se ha culpado al alcohol -y en eso llevan razón-, y ahora Pere Navarro está descubriendo que los 'colocones' de droga son la causa principal. Pero nadie sabe como combatirlos, prevenirlos ni detectarlos al revés que la bebida, en tanto que cada vez más conductores observan conductas impredecibles, egoístas, locas, arriesgadas y en ocasiones homicidas, que solo cabe achacar a fenómenos alucinatorios. Sin embargo el lince de don Pedro, perfectamente compenetrado con la política recaudatoria de la DGT que multa comportamientos carentes de riesgo para la circulación como el rechazo del cinturón de seguridad, ha hallado nuevas causas de accidente que se convierten en excelentes motivos para recaudar. Por ejemplo hablar por el móvil aunque sea de manos libres, dirigirse al acompañante, encender un cigarrillo y finalmente estar distraído. Veamos. ¿Quién sabe juzgar la distracción de un conductor y qué funcionario esta capacitado para determinar su concentración? Y finalmente está legitimada la Administración para adentrase en los pensamientos de los ciudadanos. Solo la Iglesia y la URSS tuvieron la audacia de interpretarlos y castigarlos. Estas normas son la base de toda arbitrariedad y de toda injusticia. Hace dos semanas un camionero fue multado porque llevaba en una mano un papelito con la dirección donde tenía que descargar. Distracción. Todo es punible según este esclarecido varón. Debiéramos hacerle caso y no sacar los coches de casa. A ver qué sucedía.

Darío Vidal

18/04/06







 

       Equivocar las causas (18/04/2006 02:39)