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Publicado: 01/08/2005


 

REGRESEN, POR FAVOR


Se ha iniciado la huída, ha comenzado ya el gran éxodo. El país en pleno se toma vacaciones y riadas de automóviles han emprendido el camino de las costas, de las sierras y los lagos. No deseo aguar la fiesta a nadie; me daría por satisfecho con que la consideración del peligro fuese capaz de conjurarlo.

Da escalofrío, pero no todos los que salgamos volveremos a encontrarnos. Y yo quisiera rogarles que no consientan quedarse tendidos en cualquier cuneta, despeñados por un barranco, o en un mal paso a nivel. La vacación ha de ser una fiesta para todos, no un hito luctuoso.

Hace ya unos años, la salida de una curva me llevó al fondo de un barranco al anochecer. Fué un destello, un fulgor, un instante; luego el desbocado cabalgar sobre las piedras y, por unos momentos, la sensación espantosa de surcar el vacío. Después el estruendo del golpe, el horrísono crujido inacabable de la chapa golpeando y desgarrándose, y los tumbos ladera abajo hasta que sobrevino el silencio. Un silencio enfatizado por el suave hilillo de música que brotaba de la radio aún encendida.

Me preguntaba si sería un sueño y quería convencerme de que nada había sucedido porque el motor estaba apagado. Fuí tomando conciencia de que me pareció haber entrado demasiado fuerte en la curva desconocida. No hubo tiempo de más. Sabía que un momento antes, sólo un gesto podría haberlo evitado y supe también que solo mi buena estrella me acababa de otorgar una prórroga de vida porque teóricamente estaba muerto: era imposible haber sobrevivido.

Algunas veces se impone el buen juicio, pero otras, acaso una vez sola, el piloto más cuerdo cede a la impaciencia, la prisa, el pique, la inmadurez en suma, o comete un error de cálculo que le impele a acelerar para salir, o a esquivar o a ganar por la mano al que viene de frente en lugar de abrigarse tras el camión que le precede. Y sobreviene el destello, el fulgor, el escalofrío y el espanto: ''¡No paso! ¡No paso! ¡No puedo pasar!'' No lo había hecho nunca. Fué la primera vez. Pero ya es tarde. Algunos podemos contarlo una vez; otros son rescatados de entre los hierros para ir desguazados al Depósito.

No sé si seré de los que regresen esta vez, pero en esta hora aún puedo contarlo y se los cuento, aún a riesgo de resultar impertinente, con el proposito de que ustedes también puedan retornar a casa. Aquel increíble favor de la Fortuna, me hizo presenciar mi propia muerte sin sufrirla y oír al otro día, cuando la grúa izaba aquel despojo informe para la chatarra, cómo un enterado que decía ser testigo, contaba el sinientro. ''Eran cuatro niñatos borrachos, con droga hasta las cachas, que iban haciendo carreras. Les está bien empleado''. En condiciones normales de presión y temperatura le hubiese dicho cuatro cosas, pero como los muertos tienen un excelente sentido del humor, me callé. Desde entonces doy gracias al cielo por todas las cosas hermosas que me han sucedido en la nueva vida, por los proyectos urdidos y los empeños culminados. Por eso, si ustedes me lo permiten, con la visión irónica que da el estar de vuelta -al menos por una vez- les pediría que no se dejen llevar por la impaciencia, la provocación y la cólera, no actúen si dudan y no vayan con sueño. No maten, no se maten y no hagan que se maten. Vuelvan todos. Regresen, por favor. Hay muchos que les aguardan. No me hagan la faena de dejarme sin lectores.

Darío Vidal

01/08/05

 

       Regresen, por favor (01/08/2005 23:57)