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Publicado: 25/07/2005


 

ZAPATERO, ZAPADOR


Pueden creerme si les digo que me aburre mortalmente ocuparme del señor Zapatero y que cada vez que lo hago me prometo no insistir, pero es imposible porque todo en él es una provocación. Promete diálogo y es un autócrata, encarece talante y es intemperante, anuncia iniciativas para este tórrido verano como un ''Plan Integral contra Incendios'' en que habían trabajado nada menos que trece ministerios, y no había trabajado nadie. Resulta que no era más que una idea, una ocurrencia, un propósito, mucho menos que un proyecto teórico sobre el papel. De modo que al declararse el fuego descubrimos solo un mes después que aquello era otro ejercicio voluntarista de magia simpática, incompetencia y fraude. Y hubo de comprometerse a preparar un programa como el que no había preparado.

Todo lo que hace es pura apariencia: bambalina, trampantojo y decorado. Pero detrás no hay nada. Únicamente es capaz de destruír porque es lo fácil. Puede que ello demande talante, pero no exige talento. Basta con que pongan un mallo en las manos de un chimpancé para acabar con ''La Piedad'' de Miguel Ángel. Aunque apostaría a que el primate se quedaría extasiado ante las figuras y las recorrería respetuoso con los dedos como en una caricia, para descubrir cual fuera la naturaleza y la textura de su carne. Zapatero no. Como todo el que es incapaz de crear y construir, está obsesionado por romper. Desbaratarlo todo.

Todo lo que ha hecho es demoler lo malo y lo bueno que hizo el Gobierno precedente, promover que se casen los ''gays'', ceder a los separatistas un bien que no le pertenece, y desenterrar los muertos de la última Guerra Civil reavivando el rescoldo de los odios. Todo muy espectacular, muy vistoso y muy fácil: consiste en destruir, arruinar y demoler. Además, el sobresalto que procuran tales iniciativas distrae a la gente de lo que no puede o no sabe hacer. Un paréntesis fugaz, porque los ciudadanos reclaman soluciones para los problemas que ya tienen, y no que genere otros con que encubrir la ineficacia y la carencia manifiesta de un proyecto político.

Zapatero es un zapador. Pero malo. Porque los minadores son audaces pero sigilosos, reflexivos y prudentes. Y él por el contrario deja al descubierto las galerías que pretende minar y escapa al menor atisbo de tormenta o pataléo como hemos visto en la catástrofe de Guadalajara.

Es como si le asesorara un rival para perderle aprovechando su tendencia a rehuir los problemas. Muchos en y fuera del partido quisieran removerlo para que diese paso a alguien con las ideas más claras y un propósito. Ahora mismo acaba de hacer dos declaraciones que parecen bromas, sobre los incendios y sobre el terrorismo islamista, utilizando argumentos que los filósofos llaman tautologías y la gente llana, verdades de Pero Grullo. Ha venido a decir que el fuego hay que evitarlo y que el terrorismo debe ser combatido. Unas apreciaciones certeras y sutiles, hay que suponer que fruto de una profunda reflexión. Pueden leerse en todos los periódicos, no crean que es un chiste.

Aunque es algo que nos reconforta porque al fin parece que ha entendido. Si descubre que el separatismo atenta no solo contra la Constitución sino también contra la convivencia, podremos darnos con un canto en el pecho. Pero yo no me hago muchas ilusiones.

Darío Vidal

24/07/05

 

       Zapatero, zapador (25/07/2005 00:01)