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Publicado: 22/07/2005


 

MALTRATAR A LOS NIÑOS


Como ahora mandan todos menos los padres de familia y los alcaldes de los pueblos, una directiva europea, una denuncia de Amnistía Internacional, una advertencia universal, o una admonición planetaria, acaban de instar a España a que cese en el mal trato de los niños. ¿Quién ha dicho que en España maltratamos a los niños, si en la cuenca del Mediterráneo los niños son de todos y les besa, les acaricia, les embroma, juega y ríe con ellos y les cuenta fanatasías cualquier desconocido ante la mirada complacida de sus padres? Seguramente alguno de esos nórdicos que denuncian por abusos hasta a un familiar si se atreve a pasar la mano sobre una cabecita. ¿Ven como eso de gobernar, evaluar y decidir desde otra cultura, otra tierra y otro idioma es un disparate? Y aún no hay que andar tan lejos: digan concha en Argentina o chepa en Ecuador si quieren dispersar una reunión. Yo dije bellaco a un amigo en Centroamérica y se puso pálido.

Pero es el caso que uno de esos ''clubes'' acusa a España de maltratar a los niños. ¡Será por mimarlos! (Aunque bien mirado, acaso tanto mimo sea una forma de tratarlos o educarlos mal sin mala intención ni pretenderlo)

Si se refiriese a los británicos, que siguen educando a los pequeños como espartanos y han vuelto a implantar la palmeta -aunque dudo que los maltraten-, pudiera ser. Mas los paises mediterráneos son diferentes y en España acaso les consentimos demasiado. Son el centro de la familia, los reyes de la casa y el juguete de todos.

No digo que no haya algún maltratador, algún paidófilo, algun miserable, algún delincuente que se ensañe con ellos -no más que en otros sitios-, pero no creo que sea a estos a quienes se dirijan las instituciones apelando a la sociedad que está muy lejos de secundar sus actitudes. Contra los chiflados, los tarados, los anormales y los pederastas no caben las amonestaciones aunque no sean más que cibernéticos, porque quien no siente incomodidad y desagrado ante ciertas imágenes es ya un anormal que puede comenzar viendo y terminar participando. Para entendernos, puede ser un malhechor en potencia, a un paso de serlo en acto.

En una cosa doy la razón a la Organización quienquiera que sea que nos amonesta. Estoy de acuerdo en que los tratamos mal, pero precisamente por no educarlos. No se les puede tratar como a seres adjetivos y molestos -''¡hala, vosotros al cuarto de los juguetes!''-, pero tampoco como el centro de la reunión, ni como objetos de culto a los que hay que complacer en todo. Sin escatimar el mimo y el cariño, a mi juicio hay que tratarlos como a uno más de la familia, que es lo que serán en la vida.

La noche del sábado estuve en casa de unos amigos sometido al capricho de dos monigotes de cuatro y dos años y medio, graciosísimos y listos como el hambre -para comérselos en el buen sentido de la palabra-, que estimulados por la reacción favorable de la audiencia fueron elevando el nivel de su exigencia hasta tener a cada uno de los invitados haciendo una monada. Uno hacía chirriar la copa frotando sus bordes de cristal, otro estaba a cuatro patas porque era un león, otro soplaba una corneta para que ellos tocasen la batería... Fué un juego demoledor y ''masivo'' que terminó en berrinche de puro aburrimiento, porque no sabían ya qué pedirnos. Poder hacer cuanto se quiere es malo para los niños y para los mayores. No poner límites al poder, al capricho y al deseo es el camino más directo para alcanzar la infelicidad absoluta.

Darío Vidal

22/07/05

 

       Maltratar a los niņos (22/07/2005 14:36)