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Publicado: 19/07/2005


 

LA FUNESTA MANÍA DE PENSAR


Una de las carencias más irritantes de Zapatero es su ausencia de pensamiento. Zapatero no reflexiona ni analiza sino que repite estereotipos como aquellos periodistas decimonónicos que han dejado en las Notas de Sociedad de las hemerotecas tópicas asociaciones de adjetivos y sustantivos convencionales, tan ''de orden'' y políticamente correctas, que un funcionario era siempre ''probo''; una señorita, ''bella'', y si resultaba un sarcasmo atribuirle un mínimo de encanto físico pasaba a ser ''distinguida'' o, en los casos desesperados,''virtuosa''; las señoras mayores solían ser ''piadosas'' cuando no llegaban a ''virtuosas''. Y así los militares sin relieve eran ''pundonorosos'', los jóvenes soldados, ''apuestos'' o ''gallardos''; los estudiantes, ''aventajados'' y así hasta el infinito. Yo era siempre ''aventajado'' en el periódico de mi pueblo cuando llegaba de vacaciones y de nuevo al partir. Pues bien, ese es el plano tenor por el que discurre el discurso presidencial. Si adornase esa vacuidad intelectual con la voz estridente de Aznar, no hubiese conseguido ni un voto en el Congreso de su partido y nos hubiésemos librado de este galope desalado hacia el abismo. Pero prendidos de la musicalidad de su garganta nadie reparó en lo que decía, que eran obviedades del corte de que las niñas tienen que ser honestas y laboriosas, los niños sufridos y valientes, y todos juntos, buenos y piadosos para alcanzar la gloria del cielo. Amén. Habla sonoramente, escuchándose, vocalizando, con lentitud, pero con la misma falta de convicción con que lo hacían el ''Padre Espiritual'' y el profesor de Formación del Espíritu Nacional -¡qué éxito!- cuyas sordas peroratas hubieran podido sustituírse sin que descubriéramos que habíamos cambiado de asignatura. De esa misma manera Zapatero ha alejado de sí ''la funesta manía de pensar''.

A veces agita la campanilla para que celebremos una feliz ocurrencia. Un día le oyó decir a Juan Pablo II en un telediario que las religiones tienen que convivir en paz y opinó que era necesaria una ''Alianza de Civilizaciones''. Pues claro que sí. Es una obviedad. Pero hace falta que quieran. Si se refiriera a budistas, sintoístas, taoístas o animistas, no tendríamos objeción. Pero aquella con la que quiere dialogar, no está por la labor, crea conflictos y exporta muerte a los cinco continentes. Si el desaplicado señor Zapatero se tomara la molestia de leer el Corán, descubriría enseguida que la musulmana es una religión intransigente de conquista que sugiere degollar a los infieles entre los que se encuentra el señor Zapatero, a no ser que, negociando negociando, se haya pasado también al islamismo, porque es que pactando se queda solo. La religión musulmana es como fué la cristiana, solo que ésta ha avanzado hasta el siglo XXI y aquella se ha quedado en el IX.

Ahora, en su triunfante avance hacia atrás haciendo bloque con los perdedores más tronados, le ha largado un millón de euros para sus gastos al secretario general de las Naciones Unidas Kofi Anam, que vaya pájaro también, con el propósito de que opine lo mismo. Y ha opinado lo mismo. Una cosa que le ha infatuado tanto como para tornarle el juicio pensando que ha pensado, lo que le ha animado a contradecir el pensamiento del mismo Jesucristo. ''No es cierto que la verdad nos hace libres'', dijo este fin de semana a un grupo de muchachos. Y se ha quedado tan pancho. ''Audax ignorantia''.

Darío Vidal

19/07/05

 

       La funesta manía de pensar (19/07/2005 23:46)