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Publicado: 16/07/2005


 

PAISAJE DESDE EL CIELO


El paisaje no es el mismo desde el suelo que desde el cielo. Por eso los políticos terminan ignorando lo que piensa el hombre de la calle. Hasta el juicioso señor Rajoy parece aquejado ya de mal de altura y comienza a perder contacto con la realidad. El aire oxigenado puede provocar la borrachera de los buceadores y el aire empobrecido, el mareo de los alpinistas. A los efectos, lo mismo.

El caso es que el dirigente de los populares no solo ha tomado partido sino que se ha mostrado beligerante en el pleito por el agua que divide a otras dos Españas, por si la tradicional dicotomía fuese poco. Y de paso, se ha enajenado la voluntad de la mitad del territorio, sin garantía de que la otra mitad, la mitad favorecida, vaya a cambiar el sentido de su voto. Mal negocio. Sobre todo porque ha apostado el resto a un contradiós, y la injusticia nunca triunfa y sale invicta aunque deje herida a la razón.

Clama al cielo y la cordura que se hurte el Tajo a las sufridas gentes de Castilla negándoles el futuro, para otorgarles su caudal a los plañideros huertanos de Murcia, que no se conformaron con saciar sus carencias sino que han roturado con engaño nuevas tierras y plantado árboles, para ensanchar subrepticiamente la superficie cultivable y demandar cada vez más agua arguyendo su necesidad. Ensayaron aspavientos y alharacas para que se derivase el agua del Tajo al Segura y, con los años, vienen a reclamar aquel préstamo como una propiedad. Ayer mismo decía el líder de los manifestantes en la Tierra del Pijo que no querían una guerra del agua porque el agua ha de servir para unir y no para separar. Gran falacia porque nunca ha sido prenda de paz sino ocasión de mil enfrentamientos, y no siempre dialécticos, entre finca y finca, entre regante y regante, y entre pueblo y pueblo, hasta argumentar con la escopeta y la navaja. Y sino, que se lo pregunten a la Guardia Civil.

¿No sería más razonable llevar la población y los cultivos al encuentro del agua, en lugar de llevarla artificialmente y con costes elevadísimos a los terrenos que los especuladores compraron a precio de yermo y secarral?

Pero lo más irritante es el desparpajo de sofísta, la cínica impudicia de político ocasional del manda de turno, cuando afirmaba con la voz enronquecida de la ocasión, que solo reclaman lo que les pertenece, aquello a lo que tienen derecho. ¿Qué derecho? ¿Desde cuándo ha sido el Tajo afluente del Segura? ¿A qué tienen derecho entonces los campesinos y los pueblos sedientos de Castilla? Estos farsantes dicen como los separatistas periféricos, que no quieren la guerra; que únicamente desean comprensión. Basta con que se les dé el agua del Tajo -porque lo asignado no es bastante- o se les otorgue la independencia y se darán por satisfechos. Eso es suficiente. Dice la sabiduría popular que cuando se presta dinero a un amigo, se pierden el dinero y el amigo.

El caso es que Mariano Rajoy, en su ascensión al cielo, ha perdido contacto con el suelo y dejado de ver la morada humilde de los hombres. Qué gran error. Alguien le ha empujado al camino que no lleva a la Moncloa. Ha escogido la opción que nunca ganará. Aunque se imponga.

Darío Vidal

16/07/05

 

       Paisaje desde el cielo (16/07/2005 09:41)