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Publicado: 13/07/2005


 

OCASO DE HOLLYWOOD


Leo que la industria cinematográfica estadounidense está en crisis. No es la primera vez pero en esta ocasión cunde la alarma. De nada sirven las cláusulas proteccionistas que obligan a los paises que comercian con el Imperio a quedarse con un surtido variado de películas vulgares, aunque lo que necesiten sean cereales, automóviles o tecnología aeronáutica. El público empieza a rechazar su cine. Naturalmente los productores han caído en un estupor paralizante y los guionistas en el vacío creativo. No se les ocurre nada. ¡Cómo se les va a ocurrir si en el gremio desdeñan el talento, rehuyen la inteligencia y menosprecian la cultura hasta motejar de ''cabezas de huevo'' a los intelectuales! ¿De qué modo van a tener una sola idea, si rechazan los candidatos a la presidencia demasiado cultos, como sucedió con Kerry y otros muchos, que tuvieron que disfrazarse de patanes para resultar convincentes y encima no ganar?

La tosquedad de sus análisis y la penosa confusión entre cantidad y calidad tan características de una sociedad irreflexiva y nuevorrica, ha llevado a los gestores de Hollywood a gastar cada día más dinero en ordenadores, ''plastelina'' y dinamita, para lograr cuerpos que se desintegren, automóviles que salten de una dársena del puerto a otra, pasando sobre un transatlántico despues de llevarse por delante las verjas del tinglado, o para hacer brotar misiles de los dedos enguantados de un psicótico malvado que quiere dominar el mundo -¡qué manía con el poder planetario!-, sin necesidad de gastar un gramo de cerebro.

No han aprendido que en el primer plano de unos ojos puede verse todo el horror del mundo, y resumirse una historia con un gesto. Sus películas no son más que ''cómics'' animados, pero a medida que maduran gustan menos a las gentes, incluídos ellos mismos por fortuna. Y es que el pueblo estadounidense ha vivido hasta aquí el primitivo ciclo cultural de la epopeya que tuvo su ápice en las películas de ''cow boys'', pero ha carecido de talento para alumbrar un ''Cantar del Cid'' como fué el ''Martín Fierro''. La sobra de recursos que dió al dinero el rango de excelencia, es tal vez la circunstancia que le apartó del pensamiento.

Después de ver la voladura de los más altos rascacielos en quince ocasiones y contemplar ''El coloso en llamas'', los niños de todo el mundo se tomaron a broma el atentado de las Torres Gemelas. Ya nada les asombra, ni sorprenderá a los mayores que la última explosión terrorista se produzca con una bomba nuclear sucia. Hace tiempo que les están dando la idea desde Hollywood.

Tal vez no haya remedio para el mecanismo que han puesto ya en marcha pero la llamada Meca del Cine -¡qué estupidez!- habrá de renunciar a deslumbrar con estallidos. No nos gustan. Ahora menos que nunca. Este Planeta doliente ha colmado su cupo de horror y de sangre. Incluso los EE.UU, que ya se saben vulnerables y terrestres. Es algo que tampoco puede mitigar una fugaz escena de cama y fornicio, que ha sido la otra opción explorada.

Los tiranos del cine habrán de aprender que las personas normales -que aún son las más, no se por cuanto tiempo-, desean recuperar la alegría de vivir, la confianza en el vecino, la ternura de una mirada, el gesto solidario y el tacto de la caricia. Quiero pensar que el ocaso de Hollywood es la metáfora de un mundo de violencia que agoniza. De una sociedad que cambia.

Darío Vidal

13/07/05

 

       Ocaso de Hollywood (13/07/2005 23:56)