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Publicado: 12/07/2005


 

AZNAR PIERDE EL JUICIO


Aznar ha perdido el juicio. Lo perdió al perder las elecciones, lo que no es nada elegante pero sí disculpable por el schok emocional de un acontecimiento imprevisible. Lo malo es que no lleva camino de recuperarlo ni tiene propósito de hacerlo. Los soberbios no suelen tener buen perder y el mal perder revela una carencia del sentido del humor que apunta a cierta avería de la inteligencia. Qué vamos a hacerle.

Un político capaz de aglutinar en su torno a la mayoría de los ciudadanos a pesar de su oceánica antipatía -lo cual es ciertamente meritorio-, que alineó a la nación con los que ganan, que comenzó a restaurar el crédito de España, que luchó con cordura y eficacia contra Eta hasta ponerla al borde de su aniquilación, que supo hacer el gesto de comprometerse frente a Iraq, aunque no como beligerante sino para realizar tareas humanitarias derivadas de la guerra como se demostró sobradamente aunque quisiéramos ignorarlo, y que finalmente renunció elegantemente a un tercer mandato, ha terminado perdiendo el juicio y la razón en la doble acepción del término.

Aznar se fué con el prestigio intacto y una aureola de eficacia y dignidad que ha ido perdiendo con pequeñas mezquindades que se iniciaron con su viaje a Washington para distanciarse de Zapatero cuando perdió las elecciones, en vez de quedarse y aceptar deportivamente su relevo, y que han ido sucediéndose con desafortunadas declaraciones e iniciativas de ''challenger'' impaciente, que van a culminar en el proyectado viaje a los campos de refugiados de Tinduf , invitado por el secretario general del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz. Aznar no ha sabido asumir el papel moderador de quien abandona la política invicto y se convierte en un valor al alza capaz de ser llamado al Gobierno en momentos de dificultad.

El ex-presidente del Gobierno va a viajar ahora al Sahara Occidental como Zapatero a Marruecos, deslealmente, tras la crisis de Perejil. Muy mal. Ese viaje debió haberlo hecho siendo presidente del Gobierno, que es cuando podía haber sido útil a los saharahuis y haber lavado la dignidad de los españoles que sienten vergüenza por la actitud de nuestros Gobiernos hacia esa tierra, tan querida que centenares de familias acogen todos los veranos a sus niños. Pero ni Aznar ni González se atrevieron a impulsar el Plan Backer, y el decidido ZP que prometió la descolonización, ''mobile come piuma al vento'' ha dado como siempre el paso atrás. Este es uno de los signos más sangrantes del divorcio que existe entre nuestro pueblo y sus dirigentes. Los españoles vamos por una vereda y los gobernantes por donde quieren, sin que nos comuniquemos ni por asomo en todo el trayecto.

Lo malo es que el comportamiento de los ''modelos'' impregna a las bases, y dirigentes como Mariano Rajoy están adoptando actitudes que no son las que espera un electorado de centro, moderado, reflexivo y sensato, que rechaza el aspaviento, la crispación, las voces y las salidas de tono. Habría que recordarle a Rajoy aquella precisión que hizo al comienzo de la derrota. Dijo que él hacía política como era y que nadie debía pedirle que interpretase un personaje que no era el suyo. Tenía razón. Pero que se lo aplique: nadie es nada si renuncia a ser él mismo. Allá el señor Aznar si ha perdido el juicio.

Darío Vidal

12/07/05

 

       Aznar pierde el juicio (12/07/2005 18:10)