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Publicado: 08/07/2005


 

CARTA A UNA PERIODISTA


Judith Miller

''The New York Times''

New York (USA)


Querida Judith: Gracias por tu testimonio y tu defensa de la Democracia, la Democracia cierta y limpia de las sociedades honradas y no la que pregonan sin convicción algunos políticos como tu presidente -que el cielo perdone- para obtener más votos. Y disculpa que te tutée impelido por esa mala costumbre que hemos adquirido en España al advenir la Libertad, que nos hizo confundir la igualdad ante le Ley con el trato confianzudo e ineducado con los respetables desconocidos. Pero ya no es cosa de que ahora cambie de tenor. Aunque tal vez te incline a disculparme saber que somos colegas y he pasado incomodidades y sobresaltos por no revelar mis fuentes de información, a pesar de que, cuando eso sucedía, aquí reinaba un fresco general procedente de Galicia y los periodistas no podíamos acogernos a la ''cláusula de conciencia''. Te diré no obstante que no llegué a pisar la cárcel. Y la vez que la vi más cerca, me libró de ella Manuel Jiménez Quílez, subsecretario democristiano del Ministerio de Información y Turismo que es quien facilitó y autorizó la aparición del diario ''El País'' apenas vislumbrada la ''apertura'', que no sabes qué fué pero que ya te contaré otro día.

Hacía yo lo que ahora se llama periodismo de investigación, sin yo saberlo ni conocer su nombre, y aquella vez me metí en un lío porque rastreando el husmo de la corrupción, me saltó la liebre de una trama ''nazi'' en la población costera de Palamós, que facilitaba identidades y documentaciones falsas para Argentina y Chile cuando los respectivos gobiernos acogían a aquella clase de personas. Naturalmente algunos querían saber de donde me vino el soplo.

Mas no quería hablar de mi sino de tí. Debes saber que siempre hay gente honesta como el señor subsecretario, que no sé cómo desactivo el embrollo.

Luego nos conocimos y yo tuve la prudencia y él la elegancia de no identificarnos, en su caso seguramente para que no me viera obligado a darle las gracias. Nunca pude agradecérselo y me duele porque era tan honesto, recto y generoso que murió olvidado de aquellos a quienes ayudó, aupó y favoreció, después de haber regalado sus pertenencias y su envidiable biblioteca a quienes las quisieron, ya que el ayuntamiento de su pueblo que tanto le debía, las rechazó, pues como las circunstancias políticas habían cambiado temió que el obsequio pudiera contaminarle.

Voy a decirte, Judith, que pase lo que pase vamos a defenderte desde cada esquina del mundo civilizado. Voy a decirte que merece la pena el riesgo que arrostras y más en tu país en que nadie puede acallar todas las voces, pese a que desde la ''entronización'' de Bush han sucedido y suceden cosas que te habrán avergonzado como los bombardeos preventivos y el proceso por indicios, hasta las prácticas policíacas humillantes y vejatorias para quienes van a conoceros (no volveré mientras me traten como a una res), igual que esto de socavar la Democracia desde el Poder, forzando a los periodistas para que denuncien a los que les facilitan las noticias, con el propósito de que nadie se fie de ellos y acabar con la información, que es lo que ellos quieren.

Resiste, Judith, que ganaremos. Y tenme por tu amigo.

Darío Vidal

08/07/05

 

       Carta a una periodista (08/07/2005 21:28)


 

ENSEÑANZA DE UN FRACASO


No fracasó Madrid ni mucho menos, pero de algún modo había de titular. La candidatura de Madrid para sede de los Juegos Olímpicos de 2012 tuvo más papeletas que Londres y París al finalizar la segunda votación, pero mientras Moscú nos dió todo su apoyo en reconocimiento a la ayuda y la amistad de Juan Antonio Samaranch, los sufragios de Nueva York se repartieron entre las dos ciudades finalistas. Dos solos votos como por ejemplo el del que se distrajo al oprimir el pulsador y el del judío que traicionó su promesa, nos habrían bastado. Pero qué vamos a hacerle. A veces no levantarse al paso de una bandera tiene estas consecuencias.

Pero todo eso ya ha pasado. La enseñanza que debemos extraer de este contratiempo, que no fracaso, porque ''Madrid 2012'' hizo un trabajo eficaz y magnífico, es que si queremos, si trabajamos, y si nos sacudimos ese sentimiento llorón de inferioridad que nos lastra y el feroz cainismo que nos enfrenta en política como en todo, somos capaces de alcanzar todas las metas. Y esto es algo que deben comenzar a comprender los políticos. Ayer decía Ruiz Gallardón al llegar de Singapur, que nadie buscase culpables de la derrota porque si había alguno era exclusivamente él.

Nadie va a responsabilizarle de que no pasase un trabajo bien hecho por razones que ignoramos. Pero es bueno reclamar la responsabilidad de lo que se hace y sale mal en lugar de huir, buscar excusas, quitarse las pulgas, plañirse o pedir disculpas. ''Fué mi oportunidad y he perdido: aquí tienen mi cabeza'', hay que decir sin arrogancia pero con gallardía. No es este el caso, desde luego. Pero a la gente le gusta. Y le apetece sentir junto a sí a los políticos de uno y otro signo viéndolos luchar por un empeño colectivo y no disputándose la silla entre unos y otros. La gente ha aprendido mucho y está harta de sentirse mercancía. Los políticos deberían percibirlo incluso por su bien.

Ayer este país estaba unido. Le gustaba mirar hacia adelante con los otros, fijarse metas y acometer proyectos en lugar de dispersarse en el juego suicida de las mezquinas minorías extraparlamentarias que parasitan los Parlamentos, y perderse en los enredos de los nacionalistas, los independentistas, los separatistas y otros grupos estrábicos, bizqueantes o miopes, condenados a volverse estatuas de sal en un recodo.

La parroquia es muy distinta a la de la Guerra Civil. La cosa no es como cuando los abuelos gustaban acodarse en la barrera almagre -¡siempre la sangre!- del doliente ruedo ibérico para ver cómo un morlaco destripaba a los caballos. Ni le gustan los duelos no diré a muerte que ni a primera sangre de dos plumados contendientes metidos en una gallera sin escape hasta acabarse el uno al otro. El contribuyente de este tiempo está harto de destrucción y ha sacado conclusiones de una Historia a través de la que hemos ido matándonos y exiliándonos por mitades, mientras los otros prosperaban a costa de nuestra pobreza.

El pueblo sabio de esta tierra vieja -''¡Dios que buen vassallo si oviera buen señor!''- ha aprendido que concertando esfuerzos somos capaces de acometer empeños exitosos gracias a la pluralidad de temperamentos, talentos y habilidades que amenazan con desgarrarnos. Hay que impulsar el halcón del pensamiento hacia espacios que pretendimos por la fuerza, para ofrecer a los demás y granjearnos nosotros mayor progreso y bienestar.

Darío Vidal

08/07/05

 

       Enseñanza de un fracaso (08/07/2005 21:23)