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Publicado: 07/07/2005


 

LOS VERDUGOS DE ALLÁH AZOTAN LONDRES


Los londinenses no han tenido tiempo de celebrar el triunfo de su recién lograda candidatura olímpica. Seis detonaciones les han helado la sonrisa cuando esta mañana iban a trabajar, y la ciudad ha quedado paralizada con sus centros nerviosos seriamente dañados y la ''City'' incomunicada. A la hora de escribir estas líneas ya no son dos sino cuarenta los fallecidos, y los heridos han pasado de cuarenta y dos a más de un millar. Da escalofríos reparar en que éstas no son más que las primeras cifras. Me pregunto qué habrá pensado el alegre príncipe de Mónaco después de su interpelación sobre el peligro terrorista de Madrid en la presentación del proyecto español ante el COI, y si sabrá él, tan experto en festejos con muchachos y ''drack queens'' y tan poco en cuestiones de Estado, de qué modo prevenir un atentado -como duda que lo sepa el presidente español- durante los aristocráticos eventos que le organizan para la ''creme'' atolondrada y ociosa de las aburridas oligarquías con melancolía o con ''spleen'', en el Casino, los bailes de debutantes, las carreras y otras exquisitas frivolidades.

Las difusas advertencias de atentado en la gran metrópoli británica se han cumplido cuando pueden causar mayor dolor y tener más resonancia informativa. Y ahora que el Comité Olímpico Internacional acaba de designar a Londres sede de los Juegos del 2012, y el Reino Unido acoge la reunión del G-8, en que los países más industrializados debaten la condonación del pago de intereses a los menos favorecidos, proponen cumplir el Protocolo de Kyoto para evitar la degradación de la Naturaleza, y pretenden concertarse por primera vez para remediar el hambre en el Tercer Mundo, ahora precisamente, las sabandijas más iletradas y odiosas de las teocracias totalitarias, excluyentes, asesinas e infames, que permanecen en el siglo IX y el rencor de los envidiosos que nada aportan y todo lo exigen, deciden llevar el sufrimiento, el dolor y la muerte a una ciudad que vivía unas horas de dicha colectiva.

Parece probable que Londres tuviera muchos números en esta tómbola del terrorismo islamista tras el apoyo activo a las injustificables acciones en Iraq de las tropas norteamericanas, pero no descartaría tampoco que se tratase de un obsequio por la concesión de la sede olímpica, ni que otras células durmientes en Francia y en España custodiasen regalos parecidos para aguar la fiesta si se producía aquí. Cualquiera sabe que es más efectivo actuar contra aquel a quien todos dirigen la mirada que contra alguien anónimo y oscuro.

Han muerto no se sabe aún cuantos inocentes, ignoramos por qué motivos. Tampoco los asesinos lo saben. No es verdad que lo hagan por una causa ni por defender a nadie: quien tiene corazón para luchar por alguien es incapaz de matar por él.

Es imprescindible desterrar el crimen, la maldad, la crueldad, el odio y la impiedad, si no queremos ser víctimas también de ese pestífero contagio. Nadie tiene potestad para matar: ni los terroristas de Londres ni los guerrilleros de Iraq, que acaban de ''ejecutar'' al recién repuesto embajador de Egipto ''cumpliendo el veredicto de Alláh''. ¿Quién les ha nombrado intérpretes de Dios, quién les ha hecho llegar la sentencia con Su augusta firma? No son más que sabandijas de cloaca, basura inmunda que blasfema de Dios.

Darío Vidal

07/07/05

 

       Los verdugos de Alláh (07/07/2005 20:19)