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Publicado: 06/07/2005


 

ADIOS A ''MADRID 2012''


Cierto maniquí grotesco de la Belle Epoque, bardaje egregio y príncipe de opereta empadronado en Urano, hizo desde el Comité Olímpico un inútil servicio a su patrón Jacques Chirac preguntando a la delegación española en Singapur si podía garantizar la seguridad de los deportistas después del atentado perpetrado recientemente en el Estadio de la Peineta. Una impertinencia concebida como un misil contra ''Madrid 2012'' que decantó nuestra voluntad hacia la candidatura londinense y que respondió con aplomo y certeramente el presidente Zapatero. El caso es que Alberto Grimaldi reaccionó a la votación que descabalgaba a París haciendo pucheros, después de poner al desnudo su innobleza y dejado a su socio al pié de los caballos, definitivamente perdedor tras el referendum del ''no'', y visto para sentencia tras la derrota olímpica. No Dios pero sí el diablo, premia a los malvados, pero desprecia a los miserables.

No quiero decir como suponían algunos optimistas que tuviésemos los Juegos en las manos. No tal. En el Coliseo hay que lidiar con fieras de muy vario pelaje y utilizar diversas estrategias, jugando bazas que van más allá de lo deportivo. Así quien quiso pudo valorar opiniones tan autorizadas como la de Juan Antonio Samaranch. Dijo si ustedes recuerdan que había mantenido muchos contactos con los miembros del COI, de los que había recibido alentadoras promesas, pero que ya no tenía el poder que tuvo un día. Y añadió con no disimulada decepción: ''Ahora hay que desear que no se les olviden en el momento de votar''. Ahí entendí que nos quedábamos en el camino. Y por cierto que hubo olvidos, vaya si los hubo, por lo menos dos que hayan trascendido: se olvidó un israelí que cambió de opinión, y otro delegado que tal vez ''por error'' se equivocó al pulsar el botón y votó a otro pais. ¡Qué penosa distracción! Uno piensa en el penoso trance por el que pasó el Conde de Romanones en ocasión de su candidatura a la Real Academia. ''Convendría que visitase usted antes a los señores académicos; es la costumbre'', le sugirieron oficiosamente. ''¿Pero usted crée que es necesario eso?'' ''Seguro. No hacerlo sería una indelicadeza y se interpretaría como un gesto de soberbia'', le reconvinieron. Así es que hizo puntualmente la ronda y de regreso le dijo a su secretario que estaba muy bien impresionado porque había sido muy bien acogido y todos sin excepción le habían comprometido su voto.

Llegado el día, quiso saber cómo iban las votaciones en vista de que no llegaban noticias e hizo llamar al secretario. ''¿Qué, cómo va?'' ''Ya ha ido, señor Ministro''. ''¿Es que ha ido mal..?'' ''Muy mal, señor Ministro: no hemos salido''. ''Pero entonces ¿cuantos votos he sacado?'', quiso saber. ''¡Ninguno, señor Ministro!'' Y entonces, tras un breve silencio, el señor Ministro aún ensimismado, desconcertado y como hablando para sí, profirió un comentario breve, profundo, contundente, definitivo y sutilísimo que ha merecido pasar al anecdotario de la Historia: ''¡Joder, que tropa!''

Que es lo que han dicho a las dos menos cuarto de la tarde nuestro bravo Samaranch, el alcalde Gallardón, el presidente Zapatero, el Comité Olímpico Español, los deportistas, los que les siguen, los voluntarios, el castizo pueblo de Madrid y España entera. Y no diré que no lo pensaran nuestra Reina y Esperanza Aguirre, aunque excusaran decirlo porque son dos damas.

Darío Vidal

06/06/05

 

       Adios a Madrid 2012 (06/07/2005 23:59)