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Publicado: 05/07/2005


 

INSENSATEZ PLANETARIA


El ser humano es un ser extremoso y contradictorio, un celeste ser quasi- diabólico capaz de la abnegación y la generosidad heróicas, y de la bajeza y la abyección más vil. Así lo ideó Dios o lo malvó El Malvado. Mas con el tiempo se llega a la conclusión de que no es ni bueno ni malo sino todo lo contrario. A mi me fascinó siempre la cómplice actitud de Prometeo arriesgando y perdiendo ante los dioses por robar el fuego para el hombre; arrostrando la ira y el castigo del cielo por situarse al lado de ese ser debil, veleidoso, ingrato y desleal. Robó y nos trajo el fuego. El fuego es la fantasía y la invención, la habilidad y la técnica, el riesgo y el progreso. En cierta manera es también el cauce para la rebeldía de un aprendiz de dios que mueve a ternura si se le contempla desde su pueril avidez de conocer, e induce al aborrecimiento cuando se descubre su pasión de dominar. Por eso no sabría decir si nos hizo un regalo para agradecer, o nos dotó de un arma con que destruirnos. Así vistas las cosas, puede entenderse el enojo del prudente Júpiter al castigarle, aunque horripile el exceso de que el águila haya de comer de su costado.

Me cuesta trabajo creer que los científicos sean inmunes a la vanidad y el dinero, y que no pierdan suelo cuando aparecen en los diarios, las revistas y la televisión. Ahí tenemos entre tantos otros ejemplos el del doctor sudafricano Christian Barnard que realizó las iniciales intervenciones quirúrgicas ''a corazón abierto'' y el primer trasplante de corazón en humanos hace ya demasiados años, que se embriagó de papel couche y se transformó en un ''play boy'' para consumo de lectoras de peluquería de señoras. Claro que acaso no fué nunca más que eso, y lo digo con profundo pesar. Pero lo cierto es que el verdadero científico, el investigador auténtico, no halla mayor satisfacción que la búsqueda, la prueba, la pesquisa y el hallazgo. Incluso el esfuerzo sin recompensa, como sucede a todo ''amateur'' incluido el empedernido jagador de naipes que siempre perdía y al que un amigo reprochó su contumacia. ''¡Pero, hombre, si por lo menos ganases alguna vez!'', le dijo. ''Bueno, es que ya si ganase alguna vez, sería demasiado; no lo podría resistir''.

En el caso del cirujano, no sé si ilustre, ha venido a confirmar mi aprensión un ''obituario'' que daba noticia del fallecimiento el 29 de mayo de 2005 de un desconocido jardinero negro del Hospital Groote Shuur de Ciudad del Cabo, llamado Hamilton Naki, que fué quien de verdad efectuó esa y otras portentosas intervenciones, como descubrió el propio Barnard antes de morir.

Pero no era aquí donde quería llegar sino al riesgo que corremos en manos de dirigentes irresponsables y científicos insensatos capaces de celebrar el Día de la Independencia de los Estados Unidos lanzando un proyectil desde la sonda espacial ''Deep Impact'' para que estalle en el cometa ''Tempel One'' tras seis meses de navegación. Dicen que no se derivarán consecuencias negativas para la Tierra y que a cambio, los componentes volátiles y orgánicos de las nube interestelar protosolar que este cuerpo conserva, pueden explicar el origen de la vida. Es una tentación, lo reconozco, pero los 330 millones de dólares que cuesta averiguar el origen de la Vida podrían estar empleándose en conservar miles de humildes vidas singulares que se extinguen cada día por enfermedades que ya no son mortales y por esa plaga infame que es el hambre. ''Primum vivere, deinde philosophare''.

Darío Vidal

05/07/05

 

       Insensatez planetaria (05/07/2005 20:10)