Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 04/07/2005


 

GENTE ESTÚPIDA


Cada vez estamos más informados. Pero nos va faltando la imaginación que es la expresión prospectiva de la inteligencia. Nos hemos vuelto estúpidos, al revés de lo que fueron los abuelos, tan sabios, previsores y sensatos.

No sabría decir todavía si es una idiocia inducida por los turbios intereses del arrollador consumismo, o si es consecuencia de la imprudencia que nos está alejando de la autarquía, hasta en la solución de nuestras necesidades personales. Que a lo mejor es lo mismo. Pero el caso es que conocemos ya con precisión matemática los ciclos de sequía en la cuenca del Mediterráneo -ya saben, la siete vacas gordas y las siete vacas flacas de las Escrituras- y los gobiernos, en especial el de España que es el país más amenazado por la desertización, no han hecho nada para corregir los efectos de la carencia cíclica de agua. Ni siquiera -¡Dios bendito!- dragan los embalses, que no embalsan como antes porque de año en año las avenidas los van colmatando de tierra. Y a más abundamiento o más exigüidad, aconsejan en plena canícula que escaseémos el agua y no pongamos el aire acondicionado que acaso nos será más útil en invierno.

Sería sin duda más sensato impedir la contaminación de los acuíferos, canalizar pacientemente las conducciones para que no se pierda ni una gota -leía no hace mucho que se malversan diariamente mil millones de litros-, aislar todas las construcciones para ahorrar calefacción y refrigeración aunque los sufridos promotores no obtuvieran beneficios de más del mil por ciento, y regular en la medida de lo posible y sin apelar a la prohibición, las superficies acristaladas, orgullosamente ostentosas sobre todo en las fachadas de los edificios públicos y en las sedes de las grandes compañías, porque es una descomunal insensatez en un territorio de inviernos fríos y veranos tórridos.

Cuando uno andaba antes por España era capaz de reconocer donde se hallaba por el diseño de las casas y por la solución que aquellos sabios alarifes que ''no sabían nada de arquitectura'' daban a las exigencias del clima y las necesidades de sus moradores haciéndolas ''a medida'' para cada familia. Ahora uno recorre calles y calles de ladrillo y cemento todas idénticas, con puertas muy altas y estrechas galerías, con las puertas acristaladas de las dependencias. Pura intemperie. Y además las estructuras de hierro y cemento se calientan al revés que la piedra e irradian un calor asfixiante al ladrillo que las cierra; paredes de papel de fumar; vidrio sencillo porque el térmico es caro; frágil carpintería de mal conglomerado o metal complaciente con el termómetro, si no es de vinilo prohibitivo, con fachadas orientadas al sol.

Entre tanto, los ayuntamientos convierten las plazas en helipuertos, los paseos en desiertos y las calles en lugares de los que huír, talando los árboles que las aliviaban del sol durante el día y refrescaban las noche, mientras de paso pavimentan el cesped y la tierra, porque en este país de hortelanos renegados, de pueblerinos nuevorricos huídos del campo y de la gleba, la hierba, las flores y los árboles son cosa de iletrados y de rústicos.

Hay poca agua y se pierde; hay poco arbol y se tala; queda poca tierra y se pavimenta para que el calor no nos dé tregua por la noche. Y el Ministerio de Sanidad difunde folletos dando normas elementales que sabían los abuelos, para evitar que nos deshidratemos. ¡Que gente estúpida!

Darío Vidal

04/07/05

 

       Gente estúpida (04/07/2005 16:36)