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Publicado: 01/07/2005


 

METÁFORA DEL HORIZONTE


Oía discutir esta mañana a unos aprendices de persona, muy seriamente, mientras tomaba el café leyendo los periódicos -que es tal vez el momento más gustoso del día aunque ya la radio haya desflorado las noticias- y me solazaba desde el lado más limpio e idealista de mi corazón ponderando sus razones, en ocasiones tan discrepantes pero sustentadas y escuchadas con tanto respeto, e imaginaba una sociedad pulcra, tolerante, discursiva y democrática que ahora no tenemos. Aquellos muchachos por supuesto no defendían tesis de partido y coincidían y discrepaban de acuerdo con su personal análisis intelectual. Era un gozo verlos, oirlos y sentirlos. Defendían sus puntos de vista con ardor, con la seguridad que otorga la evidencia -esa objetividad tan subjetiva a veces-, pero sin soberbia ni arrogancia porque no pretendían imponer un dogma sino exponer un pensamiento. Y por un momento admiré la ingenua convicción desde una edad en que escasean las certezas. Cuando uno sabe -cree saber- porque ha leído un libro, se siente fuerte porque sabe; pero si quiere saber más, cada lectura le remite a un nuevo libro y este a otros hasta descubrirle lo abismal de su ignorancia, porque el saber es como el horizonte.

A su edad se cree siempre que el mundo acaba donde el horizonte celebra sus nupcias con el cielo. Pero luego vemos que cada horizonte no es sino un punto de partida que nos remite a otra meta. Y esa huida sin fin de los límites del mundo llega a fatigarnos. A no ser que tengamos la juvenil obstinación de continuar y la determinación de no rendirnos. Si tal hacemos, nos hallamos a la vuelta de la vida en el mismo lugar del que partimos. Pero el empeño no ha sido baldío porque la vida, como opinaba Cervantes, no consiste en llegar sino en hacer el camino pues ''es mejor el camino que la posada''. Y al fin descubrimos que hemos llegado al origen después de tanto vagabundear porque la Tierra es redonda lo mismo que el pensamiento y nuestra vida. Lo malo es no llegar al paisaje de partida porque eso significa que no se ha terminado el trayecto.

Hace unos días, entre unos apuntes y unos extractos de libros encontré unos folios mecanografiados que expresaban ingenua, candorosa, linealmente, algunas ideas que coincidían en lo sustancial con lo que pienso ahora después de tantas idas y venidas. Hoy tal vez lo diría mejor, pero es que entonces no había cumplido diecinueve años.

Y al cabo, uno da en pensar como los calvinistas que la única libertad es la de mirar el paisaje desde la ventanilla del vagón, mientras descendemos sin frenos y aceleradamente por la vía inexorable que trazó el destino, o Dios si se prefiere, cayendo de ese modo en el laberinto escolástico de la Predestinación que ha dado pretexto a que tantos se condenen.

No andeís más que habeís llegado, he estado por dedirles a los chicos de la cafetería. Pero nadie tiene derecho a acortar el camino de Dios ni a impedir que los muchachos aprendan a ser personas.

Darío Vidal

01/07/05

 

       Metáfora del horizonte (01/07/2005 16:52)