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Publicado: 29/06/2005


 

ROMPER CON CASTILLA


Los separatistas tocan a rebato: ¡Maricón el último! -dicho sea sin ánimo de ofender- y los timoratos, los cobardes y los pusilánimes, se alinean los unos para cumplir su sueño y los otros por lo que pueda ser. Este negocio está resultando de un surrealismo delirante y una frivolidad inconcebible porque los fraccionados no van a tener con qué pagar el alquiler. Y una de dos: o los inspiradores de la aventura no han hecho números o son unos falsarios.

Veremos como respira el BNG, pero de momento Anxo Quintana vende su apoyo a los socialistas por veintiun mil millones de euros y el estatuto de nación para Galicia. Aquí hacemos y deshacemos naciones con una facilidad y una alegría que da vértigo. Siglos defendiendo a Galicia de los desembarcos vikingos, a los vascos de los normandos y a Cataluña de las incursiones francesas. Y ahora unas minorías mínimas nos dicen que no son, que no quieren, que no están, alentadas por un rencor que hizo posible el secular centralismo castellano -todo hay que decirlo- borrando a los españoles del protagonismo, las decisiones y los libros de Historia. Castilla es España, pero España no es Castilla. Y Castilla ha querido apropiarse torpemente de la vasta, plural y compleja realidad de España, según no sé qué derecho de pernada. Nada puede empañar ni oscurecer su vocación imperial, ni hecho alguno en que no reclame protagonismo: las navegaciones de los vascos, las hazañas aragonesas en el Mediterráneo y el Descubrimiento llevado a cabo por andaluces y extremeños, además de presos y penados de todas las tierras de España incluso castellanos. Pero, no: los barcos de los armadores onubenses fueron ''las naves de Castilla''. ¡Ancha es Castilla! Y si no lo es, se ensancha.

Yo hice el bachillerato sumido en la humillación porque creía que mis antepasados no habían hecho nunca nada y fueron invitados generosamente a llamarse y ser españoles. Y eso dificilmente se perdona. Soy y me proclamo español, pero español de España, no vasallo de Castilla. Mas así ha logrado el centro acallar la voz de la periferia. No hace mucho, durante los fastos isabelinos del mandato de Aznar, volvió a postularse la beatificación de la Reina Católica. Mejor para ellos. Pero me parece miserable reducir a un mero comparsa, a una suerte de lacayo y mandado para todo a Fernando de Aragón, el más grande rey de nuestra Historia, aunque haya tenido mala suerte porque los catalanes lo repudian por su ascendencia Trastámara y los castellanos por ser aragonés.

El centralismo castellano no puede asimilar el nuevo Estado autonómico porque está incapacitado para su comprensión. Y los territorios más sensibles a esa regresiva actitud opresiva reaccionan con un rencor muchas veces infantil y desproporcionado. El resto de los españoles tenemos también el deber de educar a Castilla sin romper la baraja. Aunque no sea fácil. Pero es necesario para todos pues si nos atomizamos, nos quedamos en nada. Ahora acaba de constituirse el tercer eslabón de la alianza separatista Gal-Eus-Ca. ¡Habrase visto ridiculez! Si no mostramos mayor madurez de la que ha exhibido secularmente Castilla y rompemos la baraja, nadie piense que podamos conquistar el futuro.

Frente al sueño romántico de Castelao, Sabino Arana, Prat de la Riba y Blas Infante, nos hace falta un hombre, el proyecto ambicioso que enmascaran y ocultan estas pugnas, y España. Sobre todo, España.

Darío Vidal

29/06/05

 

       Romper con Castilla (29/06/2005 16:05)