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Publicado: 28/06/2005


 

CAMBIAMOS O NOS CAMBIAN


A veces la forma más rentable de egoismo es ser generoso. Pero para eso hay que ser inteligente. Una inteligencia de la que carecemos, cegados por la codicia. La Historia tiene memoria aunque nosotros no tengamos memoria de la Historia. Y la Historia termina siempre haciendo justicia.

España ha pagado largamente los errores y desmanes cometidos en otro tiempo y los alemanes han comenzado a abonar su cara deuda de dos guerras mundiales y un horrendo genocidio, como Estados Unidos purgará a corto plazo los crímenes cometidos incluso contra la propia población como las explosiones de Arizona, el ''ku-klux-klan'', la extinción de sus aborígenes, la aniquilación de dos ciudades del Japón y sus perpetuas agresiones al mundo y al medio natural.

También Europa ha adquirido constantes deudas a lo largo de los siglos llevada de su rapacidad y su ambición, mientras satisfacía sólo parcialmente los créditos que le otorgaba la fortuna. Más los plazos han vencido y los pueblos que ha esquilmado se toman la venganza -inocentemente y sin rencor- de todo lo que robó, defraudó, obtuvo y depredó, sin dar a cambio nada salvo lo que necesitaba para perpetuarse en los territorios como los idiomas para que los sojuzgados entendiesen sus órdenes y en algunos lugares las comodidades necesarias para que sus colonos no desertasen hacia la metrópoli. Demasiadas deudas.

Los europeos nunca quisimos hacer de las colonias nuestras iguales y en los protectorados una vez arruinados no hay ya nada que extraer, cultivar y comer, de modo que sus nativos emprenden el éxodo hacia Europa, la tierra prometida cuyo camino les enseñamos con el desprecio y la torpe exaltación de unas supuestas excelencias. Ahora están aquí. Algunos, como los negros, suplicando docilmente el trabajo que ya no queremos, para salvar del hambre a sus hijos y dar un cobijo a su familia, y otros, los que nunca dieron nada como los musulmanes africanos, exigiendo compensaciones insólitas y ocupar el sur de Europa. Ya se sabe que siempre exige con más vehemencia el que menos razón tiene. Y luego afluyen también nuestros hermanos del Este: los de los pueblos que nos invadieron secularmente buscando en las tierras meridionales el espacio que les disputaban los hambrientos hiperbóreos de los inviernos gélidos, forzados ahora por la bancarrota de la URSS. Sin contar el aluvión los asiáticos.

Esa es, en muchos casos, la penitencia del pecado. Europa ha sido altiva, soberbia e insolidaria, no solo con los otros sino con ella misma. Ha copiado el vicioso personalismo de la Hélade que se extinguió por no conciliar los intereses de todas las ciudades-estado y no cejar en la perpetua lucha de todos contra todos por la preeminencia. Eso nos está ocurriendo con la Gran Europa -desde luego por culpa de Francia sobre todo, que la ha concebido como su imperio- y nos puede salir caro.

Hay que invertir en fijar los pueblos de Europa y en dotar de medios a los paises que un día explotamos, y a los más deprimidos del contorno para que puedan subsistir y crecer. En el extremo del mundo, un país de mil quinientos millones de habitantes llamado China despierta con las ropas y el calzado. Serán mañana las máquinas y después la tecnología.

Si no apoyamos a los demás y renunciamos a la opulencia y la sociedad del despilfarro situándonos al nivel de los tiempos, nuestro futuro carecerá de horizonte. O cambiamos o nos cambian.

Darío Vidal

28/06/05

 

       Cambiamos o nos cambian (28/06/2005 16:31)