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Publicado: 05/06/2005


 

DIVIDIR A LAS VÍCTIMAS


No sé si recuerdan aquel pasaje de ''Viva Zapata'' en que Marlon Brando, ya en el poder, recibe a un grupo de campesinos capitaneados por uno tan díscolo e impertinente como él había sido. ''¿Cómo se llama usted, jóven?'' Mas cuando el muchacho le dice el nombre mirándole altivamente a los ojos, recuerda que allí mismo y en idénticas circunstancias le pidió el nombre Porfirio Díaz. Así que arrugando disimuladamente el papel en que lo había anotado, lo tira al suelo.

José María Aznar hizo cosas bien y muchas mal, casi todas en su segundo mandato aconsejado por su infinita soberbia, como cuando se obstinó en no escuchar el clamor ciudadano contra su apoyo a la guerra de Iraq mientras alardeaba torpemente de un servíl seguidismo de Bush al que la gente detestaba. Los sucesos del 11-M y sus tenebrosas intrigas no hubieran bastado para apartar a su partido del poder, de no haber cometido el error de despreciar la opinión de sus votantes.

Pero es difícil aprender de la experiencia ajena. Y ahí tienen a Zapatero apenas catorce meses después de haber llegado a la presidencia, aquejado del vértigo del poder como Aznar al octavo año de mandato. Así es que el Gobierno advierte que la manifestación de ayer no le hará cambiar de actitud respecto a los terroristas y la vicepresidenta Fernández de la Vega, asentada en el Despotismo Ilustrado -que algunos hemos pretendido sacudirnos votando no al funcionariado europeo- asegura que el hecho de ''que la gente ejerza su derecho a manifestarse, no significa que el Ejecutivo haya de alterar su posición respecto a la lucha contra el terrorismo'', lo que, salvando las distancias, viene a ser como no oponerse a que se celebren elecciones, pero negarse a ceder el poder sea cual fuere el resultado del escrutinio. ''Los dioses -dice el 'Baghavad Gita'- ciegan a los que quieren perder''. Es verdad que una manifestación no equivale a un plebiscito formalmente, pero es una imprudencia no tomarla en consideración. Y sino que se lo pregunten a Aznar.

Por eso la postura del gobierno Zapatero es una grave torpeza. Si no algo peor: si no es una insidia urdida para debilitar a los que más razón tienen, dividiendo, fraccionando y enfrentando pérfidamente a las víctimas. Zapatero ha prohijado a las de los islamistas del 11-M en Atocha y, no se sabe por qué razón, se ha desentendido de las que vienen cayendo desde hace treinta años en el País Vasco y el resto de España. De esa miserable perversión han surgido dos categorías de muertos y afectados: aquellos que por su compromiso democrático y conscientes de su riesgo cayeron a manos de ETA -muchos de ellos socialistas- que son víctimas ''fascistas'' del PP, y los viajeros inocentes de los trenes de Madrid, ajenos al compromiso y el peligro, que son ''progresistas'' y del PSOE. Una pérfida maniobra para despojar de credibilidad y de poder a todos los afectados por igual.

Sin embargo ZP ha cometido una torpeza infantil. Intuyendo la fragilidad de su postura, ha decretado que la cuestión del terrorismo debe marginarse del debate político y no hay que hablar del tema que más preocupa e inquieta a los españoles. De ese modo crée tener las manos libres para negociar la Paz con una banda de forajidos que no la desea y que no quiere sino tiempo para reorganizar sus ''taldes'' como en ocasiones anteriores. Así es que evitar la posibilidad de que sigan asesinando es de ''fachas''; lo ''progre'' es darles tiempo, dinero, medios y oxígeno para aniquilar la civilización y hacer volar a España por los aires. ¡Qué sabrán de la izquierda estos figurines metrosexuales sin aliento!

Si no fuese por no ofender a los pobladores del Planeta que se nombran de ese modo, diríamos de este triunfador que nos asola que ''es más inútil que Veremundo / que hizo una carrera él solo / y llegó el segundo''.

Darío Vidal

05/06/05

 

       Dividir a las víctimas (05/06/2005 12:56)