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Publicado: 30/05/2005


 

NO A ESTA EUROPA


Francia ha dicho ''no'' a esta Europa y ha vuelto a darnos una lección de madurez política como en tantas ocasiones de su historia. No se lo ha dicho a la Unión Europea sino a esta concepción dieciochesca y obsoleta del Estado ''dejà vu'', inspirada por un personaje que no ha llegado aún a la Revolución Francesa como el señor Giscard d'Estaing. Quiero recordar que hace ya mucho tiempo critiqué la poca imaginación de los políticos, su carencia de ambición -histórica se entiende, no de la otra- y la indigencia de alternativas de que hacían gala. Y lo decía desde mi temprana devoción europea sembrada por Ortega y Gasset y algunos otros pensadores de la época.

Hacer Europa no consiste en repetir una fórmula que ha dado todo su fruto desde el Renacimiento y se ha quedado vieja; no es hacer un Estado de Estados, más ''gordo'', distante, inoperante y lejano, que acaba siempre en manos de una clase -los funcionarios- que terminan atesorando el poder, porque los políticos no dejan de ser, al fin y al cabo, más que unos ''interinos'' que pasan por los cargos mientras ellos permanecen y mandan, y son los únicos que conocen y poseen los verdaderos resortes del Poder. Lo sé por experiencia.

Dejando de lado su insolidaridad, su chovinismo y su egoísmo nacional, Francia ha dado una lección con éste no a la Europa que sus gestores estaban concibiendo como otro Estado idéntico a todos, sin tener en cuenta la opinión de los europeos y haciendo alarde de una arrogancia insultante para la dignidad de los ciudadanos. Hemos estado en trance de retornar al Despotismo Ilustrado.

Europa no debe ser un Estado de Estados sino otra estructura adecuada a nuestro tiempo, en cuya concepción deberían trabajar los filósofos, los juristas y las mejores cabezas del Continente, poniendo a contribución del proyecto toda la fantasía, la imaginación y la inteligencia que han hecho algo de Europa. No se impaciente nadie. Ya llegará el tiempo de los políticos.

Yo alcé mi voz modesta por el no como otros muchos, pero aquí ganó el en una cita a ciegas en que nadie supo qué votaba. Porque lo cierto es que ni Gobierno ni oposición -¡Ay de ella si lo intenta!- explicaron su contenido y no pasaron de los argumentos sentimentales. Cargada con su atávico complejo de culpa y un humillante sentimiento de inferioridad del que es imprescindible desembarazarla para que seamos algo, España se doblegó al capricho infantil de un político inmaduro que quería ser el primero, y dijo sin saber a qué. Un comportamiento imperdonable en un país que está viviendo las contradicciones de una unidad nacional mal zurcida y con prisas, que no dejó asentar ni cicatrizar primero la Casa de Austria ahogando ''las Comunidades'' en Castilla y hollando el Derecho de Aragón con el pretexto de Antonio Pérez, y luego el centralismo borbónico con el malhadado Decreto de Nueva Planta.

Los más graves problemas que asedian a los españoles son consecuencia de una unión necesaria pero mal hecha. Y a eso podría conducirnos la vetusta y despótica ocurrencia centralista de Giscard, si para ser europeos renunciamos a ser nosotros mismos. Parece que aquí no lo supimos ver: Europa, sí; claro que sí. Pero de otro modo y sin acallar a los europeos.

Darío Vidal

30/05/05

 

       No a esta Europa (30/05/2005 16:40)