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Publicado: 27/05/2005


 

PREMIO A LA INFAMIA


Lo menos que debería exigirse a los políticos es patriotismo, aunque no fuera más que por un mínimo de decoro. Y sin embargo es el sentimiento del que suelen carecer con más frecuencia. Malo es que un político sea torpe, zafio, inoportuno, o incapaz de representarse las consecuencias de sus decisiones, pero es peor que anteponga a los intereses de la patria, los del partido o el pesebre.

No ignoro que el concepto de patria está desacreditado por completo. Una de las fatalidades de las dictaduras es poner bajo sospecha los conceptos de que se sirve, y entre nosotros ha dejado inservibles las palabras, himnos y banderas de que se han valido los rufianes que nos han condenado a surcar la Historia matándonos, y a vivir muriendo desde hace centurias. Por eso alguien ha dicho con la amargura de la fatalidad que solo es español el que no puede ser otra cosa. Sé, pues, que hablar de patria puede acarrearme el apelativo de fascista por parte de cierta población desorientada por la propaganda, o malévola por interés, que condena tácitamente al deshonor a cuantos republicanos o monárquicos pelearon contra Franco. Pero tras sufrir su censura, no voy a someterme a la que otros pretendan imponerme.

La detención de Arnaldo Otegui no fué una ingenuidad, como no lo es su excarcelación unas horas después, a cambio de una fianza de 400.000 euros (sesenta y seís millones y medio de pesetas). Es un pretendida demostración de fuerza del Estado y un gesto tranquilizador hacia ETA para que juzgue su buena voluntad negociadora. Pero es sobre todo una infamia para los muertos, los heridos, los afectados por secuelas psicológicas irreversibles que son muchos, los familiares, los huérfanos de modo muy especial, los amenazados desatendidos, los que llevan escolta, los extorsionados, los insultados, los humillados y todos los españoles en general. No todo vale en política. No hay nada que justifique este oprobio en ningún caso. Pero es más intolerable cuando se había iniciado el camino adecuado y ha sido abandonado por el que lleva al fracaso.

Tal vez en otro tiempo pudieran existir dudas. Pero disipadas éstas a la vista de los resultados, dar un paso atrás no es solamente una cobardía sino una torpeza y, si me apuran, una maldad idéntica a la que cometió Franco alargando la Guerra Civil para que no fuera otro sino él quien tomara Madrid. Él solamente. Al acceder al Gobierno, Zapatero se encontró una ETA sin recursos, boquante, asfixiada, vencida e inactiva. Y le ha devuelto el poder político -y con él el económico-, la capacidad de reorganizarse, de reclutar nuevos grupos criminales y de atentar de nuevo, con objeto de erigirse en triunfador y perpetuarse en el cargo. Igual que hizo Franco.

Solamente sabe Dios cuánto dolor y cuánta muerte provocó la dilación de aquella Guerra por culpa de un general vanidoso y pequeñito. Y solo Dios sabrá el sufrimiento y los muertos que va a procurarnos la infamia de este claudicante, vacilante e inmaduro negociador de juguetería, que se cree un triunfador.

El encarcelamiento y la excarcelación del dirigente etarra son un doble premio a la infamia, que no puede quedar impune.

Darío Vidal

27/05705

 

       Premio a la infamia (27/05/2005 19:01)