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Publicado: 16/05/2005


 

CASI UN MANIFIESTO


No se trata de sacar los cuchillos ni de blandir las guadañas (''¡Bon cop de falç!'') porque nadie ya, por fortuna, desea escribir historias épicas que por otra parte jamás resuelven nada. Nadie solicita salvar a la Patria, porque guardamos amargos recuerdos de rencor y de sangre que se perpetúan y prolongan en las tierras vascas, gracias a bastardos ''salvapatrias'' y héroes a sueldo contratados para asesinar a honestos ciudadanos de manos blancas. No es eso. Pero mucha más de la mitad de los españoles se preguntan qué hacer para no dejarse arrastrar al precipicio a que nos llevan con el silencio cómplice de tantos socialistas que tampoco desean la sangre, el crimen, la escisión ni la furia, pero que no se atreven a denunciar la impostura de sus jefes, que han hecho una secta del partido con ayuda del chantaje y el miedo. Socialistas que llegaron al País Vasco y Cataluña y se afiliaron a un partido de izquierdas y español para defender sus intereses de clase y su condición de españoles, y que ahora son traicionados sin que sus correligionarios de otras partes vengan en su auxilio. Gentes humildes de Andalucía, Extremadura y Castilla que hubieron de renunciar a su pasado, su paisanaje y sus hábitos, y amparándose en un partido obrero y español que era el último vestigio de su identidad, dejaron el único bien que poseían -su trabajo- en otras tierras en que ahora se sienten doblemente desterrados, porque votan para que les prohiban su idioma, para desgajarse del resto de España y para que sus hijos -a quienes se inculca el odio a sus orígenes- renieguen de ellos, su patria y sus mayores. Trabajadores condenados a un doble fracaso vital que tienen fuerza para plantarse y reivindicar sus derechos, y que sin embargo carecen de vigor para hacerlo y se pliegan al humillante papel de militantes tolerados de segunda clase, aceptando la estafa de los farsantes con una docilidad que bordea la indignidad. ¿Dónde están y qué hacen esos hombres y mujeres silenciosos que son socialistas, solidarios y españoles, desde las agrupaciones de otros lugares que no hacen por sustituír la cúpula de un partido que ha burlado sus principios ideológicos haciendo que no sea ni obrero, ni socialista ni español? ¿Qué es lo que temen?

La deriva cobarde de su jefe nos arrastra al suicidio colectivo. No es en modo alguno pesimismo ni catastrofismo, sino la constatación de una ''debacle'' que se veía venir. Ahora, lo último de hoy es la exigencia de los presos etarras de participar en las ''conversaciones de paz''. Quienes cumplen penas de reclusión por haber matado -empuñando las armas, acopiando los datos de las víctimas, transportando explosivos, fabricando bombas-lapa, preparando paquetes-trampa y cuanto es necesario para asesinar-, reclaman su derecho a opinar y a participar en las conversaciones que antes negaba el Gobierno y están ya encarriladas hace meses. ¡Que mentira! (¿Es traición el engañar?)

Antes de que los extremistas de otra índole hallen pretexto como hallaron en otra época, es necesario que se concierten si es preciso asociaciones cívicas, corporaciones, partidos, sindicatos, instituciones, entidades no políticas, colegios profesionales y la sociedad civil, con el socialismo fiel a la Constitución que debería adquirir el compromiso de remover y sustituir a Zapatero, para evitar lo que se vislumbra como un golpe de Estado institucional capaz de desintegrar el tejido social y sembrar de nuevo el odio entre nosotros.

Darío Vidal

16/05/05

 

       Casi un Manifiesto (16/05/2005 20:59)