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Publicado: 11/05/2005


 

RETORNO A LA CAVERNA


Fuí un mal estudiante de Latín -Dios me perdone- y por eso mi testimonio puede tener más validez si reclamo el respeto y el estudio de las lenguas clásicas. Pero es que he aprendido con el tiempo que lo poco que sé se lo debo a griegos y romanos. Sin embargo hay otros más ignaros que no han alcanzado esta evidencia ni llegado a la convicción de que fuera de la matriz del Mar Nuestro se reduce todo a mera técnica, a saberes puramente instrumentales. Y si exagero, sea: como latino.

No diré yo que los políticos hayan de ser intelectuales. Ahí tenemos entre otras experiencias decepcionantes la de Platón y la de Azaña que valdrían para disuadir al más contumaz idealista. Pero tampoco es tolerable que acceda a regir la ''res pública'' y decidir sobre la formación de los ciudadanos quien posea tan menguado discernimiento y se adorne con tan amplia ignorancia como los que en el momento padecemos. No es un exabrupto. Bien quisiera no tener razón. Pero los responsables de la Educación van a despojarnos de la Cultura, después de unos años de zozobra y dubitaciones. Por fin van a borrar de los planes de estudios las Humanidades que tanto embarazaban, y serán arrojadas a las tinieblas la Historia, la Filosofía y la vasta constelación de las Filologías Clásicas, con lo que a quien van a sumir en la oscuridad es a nuestros hijos. Y lo insólito, lo inexplicable, lo increíble, es que sea precisamente un Gobierno de izquierdas el que condene al pueblo a la ignorancia, como antes hacía la derecha para poder orientar la intención del voto. ¿Qué es lo que nos está sucediendo? Privar a la sociedad del pasado, el pensamiento y la palabra es un crímen. Sin paliativos ni disculpas. Eso es el retorno a la caverna.

Yo llegué a esa conclusión durante una estancia en una república de Sudamérica, donde, para conseguir perpetuarse, una serie de gobiernos bananeros y corruptos han logrado estrangular a una sociedad ávida, despierta y vindicativa sembrando la indiferencia y el desinterés por la Cultura, en poco más de siglo y medio. Y eso hasta el extremo de que la obra de sus escritores -ninguno de nuestros días- la leen editada en otros países. Así los conocí yo, antes de saber de un profesor de Universidad que él pertenecía al escogido grupo incontaminado originario, que no descendía por supuesto de los brutos indios, torpes como bestias, ni de los rapaces europeos, ni mucho menos de los odiados españoles, con lo que me quedé en la duda de si provendría por línea directa del Padre Adán. Eso, en la Universidad.

Los políticos que quieren desembarazarnos de la carga onerosa del Griego, el Latín, la Historia, la Literatura, la Filosofía y el Lenguaje al tiempo que dan aprobados como en la tómbola -o más que eso porque se trata de un democrático aprobado general sin exámenes ni esfuerzo- me recuerdan a cierto alumno que se erigió en espontáneo defensor del pueblo un día que en la Facultad de Ciencias de la Información me refería a la lacra intolerable de las faltas de ortografía. ''Es que nosotros somos hijos del Pueblo''- me dijo el cretino. ''No sé de quien eres hijo, pero vienes del mismo Bachillerato que todo el mundo y no has logrado aprender que 'Elicóptero' se escribe con hache. Y quien se considera de izquierda es un traidor al pueblo si no se esmera en tirar de él hacia arriba''. Un guirigay tremendo acabó con la clase y comenzó otra distinta.

Me gustaría dedicar este recuerdo a doña Carmen Calvo.

Darío Vidal

11/05/05

 

       Retorno a la caverna (11/05/2005 19:03)