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Publicado: 06/05/2005


 

ARMAS A MARRUECOS


Esta legislatura es un sinvivir. Un castigo de Dios. Cada día sobreviene un sobresalto y da la impresión de que estemos gobernados por enemigos, y puede que así sea. O tal vez no, pero el señor Zapatero tiene más peligro que un mono con una pistola. Todas las mañanas pensamos haber alcanzado una última cota, pero siempre hay un más allá, porque actúa sin reflexionar y cambia de criterio en cada momento de modo impredecible, así es que como dijo anteanoche Rajoy actua como un verdadero chisgarabís. Ya saben que cuando parece que los cosas no pueden ir peor, siempre hay alguien que las empeora.

En nuestro caso, la situación es especialmente dramática porque los efectos colaterales de las ocurrencias del Presidente perjudican a la derecha y a la izquierda por igual, y parecen estar tejidas de infinitas traiciones. En el País Vasco ha permitido renacer al mundo etarra negándose a ilegalizar su nuevo rostro maquillado como Partido Comunista de las Tierras Vascas, y dejando así insepultos o desenterrados tantos hombres de bien y tantos militantes socialistas que hoy se preguntarían para qué ha servido su sacrificio.

Ha abandonado tesis que suscribía su partido porque, siendo beneficiosas para el país, las asumió cuando gobernaba el partido rival, lo que es el colmo de la inconsistencia y la insustancialidad. Cuando hizo regresar las tropas de Iraq, traicionó a los que se oponían a la intervencion española en el exterior mandando más fuerza a Afganistán aunque medio en secreto -no se oye nada de ella- porque tal vez allí las balas son de mantequilla. Y para no incidir en tanta decisión desconcertante, en tanta iniciativa inexplicable y aún suicida, ahora acaba de regalar con el dinero de nuestros impuestos sesenta carros de combate a nuestro fiel aliado de Marruecos -que introduce subrepticiamente un ejercito secreto cada noche en sus pateras- para que se defienda de un hipotético enemigo que no sea ni Ceuta, ni Melilla, ni el Pueblo Polisario, ni Argelia. Magnífico. ¿Y entonces para qué quiere el amistóso y democrático Mohamed VI toda esa artillería móvil y quién la detendrá si actua? ¿No es una traición miserable abandonar a su suerte a un pueblo realmente amigo como el saharaui, al que los españoles quieren, apoyan, ayudan y acogen en sus casas?

Cuentan que dicen los estrategas, que con los nuevos cazabombarderos Eurofighter con que vamos a dotarnos no tenemos nada que temer. Será así pero nadie se adueña de un terreno aleteando sobre él: es preciso que la caballería motorizada y la infanteria se agarren al suelo y a las rocas, y eso es más difícil si esperan los tanques enemigos. En fin, regalar armas a un competidor es una torpeza; dárselas al enemigo (Mohamed VI no ha dado una muestra de amistad), una locura. Decía Gracián que había que ser cauteloso con los demás sin excluir a los amigos, porque los sentimientos son tornadizos y si quien nos conoce bien toma el partido de nuestros contrarios, puede ser el más eficaz enemigo. Este es un consejo más encaminado a los príncipes que al buen hombre del pueblo, pero ya ven cuan lejos esta el risueño, despreocupado y tontiloco talante zapateril, del humor tal vez hosco pero avisado y prevenido del filósofo bilbilitano, sabedor de que el que manda no debe darse reposo, desmerecer el ingenio de los que le pueden engañar, y abandonarse complacidamente a la adulación. No es jefe todo el que se proclama tal.

Darío Vidal

06/05/05

 

       Armas a Marruecos (06/05/2005 01:56)