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Publicado: 05/05/2005


 

NEGOCIAR CON LA ETA


Acaban de reunirse Ibarratxe y Zapatero mientras todo el mundo contenía la respiración, y el Gobierno ha permitido representar un remedo de encuentro internacional, en plano de igualdad, en que cada gobernante emitiera su propio comunicado. O sea que Euskadi no es España. Otro éxito para la megalomanía del lehendakari y sus partidarios del estado libre asociado.

Han sido dos horas de encuentro del que no tendremos noticia. Se ventila el futuro de la Nación, pero los ciudadanos -o la ciudadanía como gusta decir el presidente para privar de rostro al ciudadano- no sabrá de qué se ha hablado, trasladando al ámbito nacional la opacidad informativa que vienen sufriendo los medios informativos vascos para las noticias no filtradas por Ajuria Enea o Sabin Etxea, que tanto da. Así es que el convincente Zapatero, astuto como un ciervo, se ha plegado a hacer de comparsa en esa comedia bufa de la pacificación que podía haber logrado el gobierno del PNV en sus veinticinco años de poder con el apoyo que le prestaba la Administración central, si hubiese utilizado a la Ertzainza para desarticular ''comandos'', desmantelar ''zulos'' y estructuras, y desenmascarar complicidades, en lugar de homenajear a los pistoleros como si fueran héroes y profanar la sagrada memoria de los muertos al honrar con el cargo de defensor de los Derechos Humanos en el Parlamento vasco a asesinos sanguinarios convictos como Josu Ternera, jefe de ETA cuando envió al cielo a los niños que jugaban en el acuartelamiento de la Guardia Civil de Zaragoza.

El convincente, el sagaz, el elocuente Zapatero -''¿dónde va Vicente? ¡donde va la gente!''- quiere ser el paladín que resuelva lo que nadie, sin contar con que sus predecesores no poseían entonces el cúmulo de evidencias que ahora poseemos, ni la experiencia de que pactar con criminales es escribir en el aire.

Si Ibarretxe quisiera, podría. Y comenzaría por no dar reposo a la banda, por erradicar la ''kale borroka'' de los simpáticos ''chicos de la gasolina'' como los nombra cariñosamente Javier Arzállus, por combatir la intimidación a los constitucionalistas que él mismo practica, y sobre todo por revisar los contenidos didácticos, dudosamente pedagógicos, de las ''ikastolas'' que siembran día a día el odio a ''los maketos'' y a los vascos no nacionalistas, con la mentira y la adulteración de la Historia. Si tal hiciese, podría reclamar el derecho a ser escuchado. No ahora, que haciendo de la necesidad virtud pretende vender como una mediación valiosa otra ''tregua-trampa'' o ''paz-trampa'' con la banda etarra, cuando tiene los pistoleros en la cárcel, las bases desmoralizadas, los polvorines vacíos, y los ''zulos'' localizados. La normalidad no consiste en que los cobardes dejen de matar a los inocentes, sino en restituír la relación entre los vecinos y desterrar el chantaje totalitario. Cosa imposible porque el PNV vive del chantaje.

Aprovechando el viaje, como dirían los taurinos, Zapatero desea colocarse la medalla para pasar a la Historia, cosa que puede que suceda por causa de sus torpezas. No ha entendido, como tantos políticos ''a la violeta'', que sólo las ideas pueden confrontarse a las ideas. Pero el odio es una pasión contra la que nada puede el pensamiento. Cuando la obsesión sustituye a las ideas no es posible convencer con la razón. Todo intento de dialogo es interpretado como debilidad. En ese punto estamos y hay que actuar en consecuencia. A ETA no se le puede convencer. No hay otra alternativa que vencerla.

Darío Vidal

05/05/05

 

       Negociar con la ETA (05/05/2005 14:35)