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Publicado: 03/05/2005


 

CONSIDERACIONES TRAS EL RETORNO


De vuelta a casa ya que Dios nos ha deparado la fortuna de volver, no será ociosa una reflexión sobre esa plaga de heridas, lesiones, mortandad, dolor y luto que cada festivo, cada domingo y cada puente, nos acarrea la ineficacia de los funcionarios de Tráfico (Tránsito) por ignorar qué hacer para cambiar el signo de ésta Guerra que perdemos todas las semanas. Intentaremos razonar aunque la DGT no léa los periódicos, que para eso tiene ingenieros que lo saben todo.

Si hablamos de las causas de los accidentes habríamos de prestar alguna atención a las culpas del Estado. Ya sé que no darán ningún valor a cuanto digamos hasta que sepan que lo han publicado las más prestigiosas revistas extranjeras de la especialidad, pero estamos en el ''ranking'' de los paises con las carreteras peor señaladas -''señalizadas'', dicen- y a veces peor trazadas, con curvas de radio inadecuado y los peraltes más chapuceros, con empalmes y ramales afluentes en plena curva sin visibilidad y con pasos a nivel sin guarda, en más de una ocasión con siniestros historiales, por no hablar de otras atrocidades de las que también nosotros somos culpables por no querellarnos cada vez que en un accidente tiene parte o toda la responsabilidad la Administración. Lo mismo que cuando un ingeniero, gandúl, abúlico, cobarde o pusilánime se inhibe de su responsabilidad trazando una línea continua durante treinta kilómetros, hasta sacar de quicio a los usuarios con resultados luctuosos.

Sé que estas cuestiones dependen de la ventanilla de Fomento. Pero ahora veamos las culpas de la DGT. Para empezar, equiparar la omisión de un ''stop'' a no llevar puesto el cinturón de seguridad -o inseguridad según se mire-, es una majadería porque no supone riesgo para terceros, aunque constituya un buen pretexto para multar a incautos. No puede costar los mismos puntos una cosa que otra. Aunque lo más grave es no exigir a las Academias que enseñen a conducir en lugar de habilidades para pasar el exámen, lo que no debe resultar tan eficaz porque más de ciento veinte, que se sepa, han hecho trampas y distribuído carnets irregulares. Tampoco es de recibo que les doten de un plan de estudios en que prima la teórica sobre la práctica y los alumnos no aprendan más que a meter la primera y la marcha atrás que son las que hacen falta para aparcar: moralmente estos centros están obligados a enseñar a conducir no como expertos pero si con la solvencia necesaria para salir de un imprevisto y un apuro. Nada de discursos teóricos, sino más horas en el coche: manos, reflejos, aptitudes, y una mínima afición a la máquina que llevan entre manos. Se debe exigir a los matriculados que les guste conducir; que lo deseen. No debe acceder al carnet quien carezca de facultades o desée tenerlo porque se lo sacan los demás. Todos conocemos a más de uno que reconoce no apetecerle, no gustarle o incluso sentir miedo.

Y finalmente, habría que definir qué se entiende por velocidad excesiva. En mi ''Isetta'', 45 kms/h. era una velocidad excesiva porque ya no ejercía ningún control sobre la máquina. En un ''Mercedes coupé SLK'' el conductor no se siente desbordado hasta los 300 kms/h. Marcar arbitrariamente los límites en una cifra es una mentecatez. La velocidad es un concepto relativo: una ecuación resoluble a partir de datos como la potencia, la estructura y las características del vehículo. Y sobre todo, las facultades, la veteranía y el expediente del conductor para saber si ha tenido accidentes y por qué causas. Aunque claro, para esto hace falta discurrir un poco. Pero de esto nos ocuparemos otro día.

Darío Vidal

02/05/05

 

       Consideraciones tras el retorno (03/05/2005 02:44)