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Publicado: 02/05/2005


 

LOS ATASCOS DEL BUEN TIEMPO



En casi todos los colectivos hay un miembro pintoresco, un personaje que los periodistas llaman ''agradecido''. También en los Gobiernos. Ahora tenemos la suerte de que el muñeco del pim-pam-pum sea el propio señor Presidente, cuya incontinencia verbal puesta al servicio de un páramo mental inabarcable nos depara los momentos más hilarantes de cada jornada. Lo dramático es que tenga potestad para gobernar -o dejarse mandar y decidir por el último que pasa- dando unos meneos a la tripulación en cada curva que nos va a dejar lisiados. Si fuera sólo por la palabra, podría equipararse al señor Pich i Pont, aquel inefable alcalde de Barcelona que cifraba la recta gobernación de la ciudades en la Ley de las tres ''Mes'' consistente en ''menistrasió, menistrasió y menistrasió''.

Ayer mismo nos deparaba una perla que no es posible dejar escapar sin su pertinente glosa. Nos hemos referido alguna vez a la incompetencia de la Dirección General de Tráfico expresada en su ineficacia para reducir el número de accidentes de circulación, en sus dudosos principios pedagógicos, en su escasa capacidad creativa, en sus criterios sancionadores y en su desazonante dificultad para extraer alguna conclusión de los sucesos. Pero esos deméritos no van a la zaga de la torpeza e ineficacia de sus planteamientos estratégicos y logísticos: cada vez que hay un flujo circulatorio anormal se colapsa el sistema. Cabría decir de este organismo puramente recaudatorio y punitivo que es peor que ayer y menos malo que mañana. Mas no teman que investiguen su estrepitoso fracaso ni pidan cuentas por los innumerables atascos de esta y otras salidas masivas. Su responsable último crée que este desbarajuste es lo normal.

La vertiente divertida del negocio son los comentarios del buen Presidente Rodriguez Zapatero que ''lamenta que los ciudadanos pierdan en las carreteras horas de su derecho al descanso''. Sin embargo, puestos a buscar culpables del tedioso y desesperante episodio de las caravanas de salida y no queriéndolos hallar como es costumbre -hasta el extremo de ignorarlos si aparecen como en el caso de la trama de explosivos de Oviedo-, el señor Zapatero ha dicho mirando para otro lado con la mejor sonrisa de su repertorio, que la culpa ha sido ''del sol, el buen tiempo y la alta ocupación hotelera''. Y se ha quedado tan freco. De todos modos convendría que cambiase prudentemente de registro, porque atribuyó al mal tiempo el caos en las rutas heladas sin quitanieves, con la Guardia Civil bloqueada en carreteras y cuarteles por el temporal y los usuarios dejados a su suerte, si la tenían, durante la ola de frío de este invierno. ¡Pues claro! Solo que entonces le acometió otra vez la logorréa compulsiva, se fué de caña y añadió la boba objeción imprudente y sansirolé de que la culpa la tenían los automovilistas por salir con mal tiempo, a lo que en parte le doy la razón, pero él no debió decirlo. Es lo que pienso yo: la culpa de los accidentes la tienen los coches que se empeñan en circular; si se estuviesen quietos no pasaría nada de esto. Que hagan como él, que ha ido a pasar el puente del primero de mayo en familia montado en un avión del Estado español con su ''chauffeur'' y todo. ¡Verán como no sufren atascos!

Darío Vidal

02/05/05

 

       Los atascos del buen tiempo (02/05/2005 01:02)