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Publicado: 29/04/2005


 

REDUCIR LA TASA DE ACCIDENTES


He pasado el día en la carretera por una vez como espectador y visto los toros desde la barrera -desde la barrera porque nada garantiza que la muerte no salte al callejón- y me he hecho cruces de que no haya más accidentes y más muertos. Sólo san Cristobal con su División de ángeles de la Guarda pueden operar el milagro, porque, lo que es nosotros, ponemos muy poco de nuestra parte. Y Tráfico, que nunca destacó por su imaginación, se halla por completo desbordado. En realidad la Dirección General de Tráfico ha tenido siempre dificultades para relacionar las causas con los efectos, de modo que cuando menudean las víctimas no suponen que sea porque hay conductores inciviles que adelantan cuando no deben, irresponsables que conducen pasados de alcohol, mentecatos que van de droga hasta las cachas, majaderos sobreexcitados por música rabiosa e iracunda proyectada a setenta decibelios por un equipo propio de una discoteca u homicidas potenciales que giran sin avisar o cruzando la calzada, que frenan de improviso, que no hacen ''stop'' (¿por qué no ''Alto'' como en toda Sudamérica?) y que actúan con culpable desprecio hacia los demás.

No. Ellos tienen arraigado un prejuicio que les libera del ejercicio de pensar. Los accidentados matan, mueren o colisionan porque corren. Y en el fondo no se les puede negar un fondo de verdad. Si todos estuviesen parados no habría accidentes. De modo que yo me atrevería a proponer una fórmula eficaz, original y absolutamente revolucionaria. Yo sugiero la conducción estática. De modo que unas grúas de la DGT irán situando los vehículos por las carreteras los sábados para que los ocupen las parejas, los grupos de amigos, los ancianitos y las familias para escuchar Carrusel Deportivo el domingo mientras tomaran unos bocadillos bebiendo cuanto quieran sin sobresaltos. Y antes de que suene el despertador del lunes, todos a casa. Esa es la fórmula.

Pero como este sistema no se ha implantado todavía, continúan guiándose por la lógica para extraer enseñanzas de la experiencia. Así, por ejemplo, cuando aumentan las incidencias por no respetar el ''stop'', deciden que hay que enseñar a los alumnos cuántos destellos por minuto dan los intermitentes; si aumentan los adelantamientos antirreglamentarios deducen que es porque los automovilistas ignoran cuál es la carga máxima que debe soportar cada eje de un camión, e incorporan estos conocimientos a los ''tests'' de exámen. Y finalmente cuando no son capaces de atribuir a una causa otras transgresiones, las achacan a exceso de velocidad. De ese modo los exámenes teóricos se enriquecen continuamente con conocimientos tan sugestivos como útiles y prácticos.

Consecuentes con esa línea deductiva, suponen que cuando un conductor comete muchas infracciones es porque sabe poco a fuerza de olvidar lo que sabía, así es que con el nuevo reglamento se les exigirá otro examen teórico con el consiguiente regocijo de las Academias. No han caído en la cuenta de que no se cometen infracciones por ignorancia sino porque al infractor le da la gana. Y eso no se evitará ni retirando el carnet. Las causas son las mismas por las que no cedemos el paso en los accesos, no ayudamos a cruzar a los ciegos, nos colamos en la gasolinera, adelantamos aunque tiremos al otro a la cuneta, y cambiamos de carril cortando las trayectorias de los otros.

Se nos llena la boca de ''Democracia'' olvidando que su fundamento es la cortesía. Nos matamos por falta de respeto a los demás.

Darío Vidal

29/04/05


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