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Publicado: 27/04/2005


 

REPRESIÓN DE LOS INOCENTES


Acudan a visitar a Pereda, a Galdós, a Valle-Inclán, a los testimonios de hace un siglo, y hallarán una sociedad acaso inmadura pero mil veces más feliz, relajada y libre que la de hoy. No diré que mejor pero sí más habitable. Puede que esté metiéndome en un jardín pero alguien había de hacerlo.

Imaginen el cuadro costumbrista del hombre en su morada de la ladera montuosa de la sierra, que nos recibe gozoso por hallar compañía, con el fondo sonoro de los trinos que se contagian un jilguero y un ruiseñor al oir la palabra de los hombres. ''¿Cómo va todo...?'' ''¡Cuánto tiempo...!'' Se acerca a palmearnos y un gozquecillo travieso nos olisquea contumaz para adivinar por qué trocha hemos llegado y a qué huele nuestra carne, mientras otros canes saltan y se persiguen libres como el viento ladrando enardecidos. Al sentarnos para tomar el roscón de horno con que nos agasaja y un sorbo de mistela, aparta de la tosca mesa en que un ramillete de romero y un brote de manzanilla aroman la estancia en unos pucheros de barro, una vieja escopeta que deja apoyada en la pared. ''Es que cuando he acabado con el tractor en la Plana Alta, he tirado unos tiros a los palomos. ¡Ahora te llevarás uno ...!''

Pues bien, esta idílica estampa es incompatible con la legislación diarréica de los ''democrataconversos'' de toda la vida que quieren justificar su existencia estampando su nombre en los boletines oficiales de la provincia, la autonomía o el Estado. En primer lugar la Autoridad decomisaría los pájaros e impondría dos multas de aquí te espero, sumadas a las que merecería por cada perro que fuese sin bozal pese a hallarse en el campo; la segunda caería por el ramito de tomillo y las flores de manzanilla que son especies protegidas de un tiempo a esta parte; costaría otra sanción no tener desarmada la escopeta, y otra el cuchillo que dejó sobre la mesa para aviar la caza, porque se considera arma blanca. No sé si me dejaré algo. Pero solo la manzanilla puede costarle un millon de pesetas.

El desdichado debería haber suplido el canto agreste del ruiseñor y el jilguero por la música enlatada de ''un loro'' con Los Cuarenta Principales y abundante publicidad; tener los perros atados viviendo nerviosos el suplicio tantálico de la libertad imposible o haberlos dejado sueltos pero con el bozo puesto; debería haber sustituído la belleza y la fragancia del tomillo por un espray de limón; dejado desarmada e inservible la escopeta, y atreverse a quitar las vísceras de los palomos a mordiscos en vez de con cuchillo.

Son leyes concebidas por urbícolas dispépticos y llenos de complejos, a los que asustan las hormigas y que no han visto mas prados que el verde del estadio, por cierto de hierba artificial. Contra tal opresión funcionarial no cabe otra defensa que la objeción, la insumisión y la desobediencia. Hay un riquísimo plato típico de Tarazona en la falda del Moncayo, llamado ''Zarracatralla'', que no puede guisarse sino en la clandestinidad porque su sofrito de tomate, ajitos, guindilla, hierbabuena y otros estimulantes condimentos sirven de argamasa y aliño a un puñado de caracoles, cangrejos y gorriones, dos especies las últimas tan protegidas como el tigre de Nepal. Pero como siempre, es más fácil importunar a quien caza una docena de bestezuelas para engañar la tarde, que meter mano a quien ha hecho desaparecer cada día miles de cangrejos autóctonos con zumo de herbicidas, y millones de gorriones con forraje de pesticidas. Y no es decente castigar a los más humildes porque no protesten.

Darío Vidal

27/04/05

 

       Represión de los inocentes (27/04/2005 19:32)