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Publicado: 22/04/2005


 

EXHUMAR A LOS MUERTOS


Cada día está más maltrecho el cadáver de Montesquieu y peor tratados sus Poderes. Eso de la independencia entre Legislativo, Ejecutivo y Judicial no rebasa el marco de los buenos propósitos ni pasa de ser un desideratum. Ahora mismo el fiscal general del Estado, señor Conde-Pumpido, se ha descolgado con una flor que no es de su jardín y parece arrancada del rosal zapateríl. El señor Conde-Pumpido se propone, o le proponen, revisar las sentencias franquistas de la Guerra Civil. Es lo malo de no tener ideas y no saber cómo distraer al personal. Eso lo sabían muy bien en La Legión, así es que cuando al Mando no se le ocurría nada, hacía construír pistas, excavar trincheras, levantar polvorines, abrir caminos o simplemente convocar con urgencia una revista de armamento y policía. El caso era no tener a la tropa ociosa, porque la inactividad es el caldo de cultivo del juego, la bebida, las apuestas, las pendencias, y los motines.

Naturalmente ya hay quien le ha dicho que habrán de revisarse también las sentencias de los Tribunales Populares de la zona republicana. Eso es lo que tiene jugar con fuego, o ''remenar la merda'' que es como dicen los catalanes a hurgar en la mierda, con perdón, dando por supuesto que en una parte estaban los buenos y en la otra los malos, y no tenemos todos algún ''caído'' a uno u otro lado del frente o la retaguardia, y algunos por desgracia en ambos bandos.

Es difícil explicarse tal propósito, después de tantos lustros de odio, de ronco rencor soterrado, de ira reprimida, de prudente contención para no tirarse al cuello de Caín deseando abonar la vida con su muerte, y de generosa voluntad de concordia para no saciar la sed de venganza con la sangre del enemigo incompatible y familiar. Es difícil entender que tras la costosa reconciliación apenas iniciada en aquella espinosa transición a la Democracia, haya algún espíritu tan ruín que funde su tarea en descerrajar la morgue ya vacía en busca de cadáveres, en exhumar a los muertos, en desenterrar esqueletos, en rememorar agravios, en reavivar el odio tan fácil de alentar y tan remiso a ceder cuando el dolor pervive.

No quiero saber -o acaso sí quisiera para escupirle- quién es el culpable de tal iniciativa porque me trae el recuerdo de mi abuela Cármen, con los ojos siempre enrojecidos y siempre húmedos, que peregrinó por media España como una Dolorosa acompañada de otra mujer enlutada para averiguar en qué paraje habían dado el tiro de gracia a uno de sus hijos. No pretendemos olvidar, para que nada se repita como algunos parecen desear. Pero queremos perdonar para siempre y abrazar a nuestros hermanos sin recelo aunque no opinen lo mismo, sin preguntarles quiénes eran y dónde estaban los suyos.

Es imperdonable que los Gobiernos o los servidores de la Justicia alienten el rencor, porque como dice Nicolás Redondo Terreros recordando la historia de los suyos ''cuando alguien manosea el pasado en contra de los demás, siempre es con la voluntad de hallar beneficios partidistas''. Pero si los que gobiernan -o los otros, que da lo mismo- no vacilan en enfrentar a los gobernados para encubrir su incompetencia porque no saben qué ofrecerles, entonces merecen ser expulsados de la comunidad para siempre. Hoy publica ''El Mundo'' un juicio de Ezra Pound que alguien debería esforzarse en desmentir: ''Gobernar -dice- es el arte de crear problemas con cuya solución mantener a la población en vilo''.

A veces parece que es así.

Darío Vidal

22/04/05

 

       Exhumar a los muertos (22/04/2005 23:45)