Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 21/04/2005


 

REFLEXIONES DE PROFANO


No había visto nunca esta suerte de comunión univarsal con un ser que nos deja. Sí el dolor y el desgarro de los próximos, pero jamás el duelo extenso que ha provocado la muerte de Juan Pablo II, ese abuelo bondadoso y obstinado que se nos ha ido muriendo en el salón de casa, mientras a los abuelos carnales los llevamos a agonizar a una residencia para evitarnos el mal rollo; para no comernos el marrón.

El Papa Wojtyla se ha venido a morir junto a nosotros balbuciendo su oración inentendible, con la lengua torpe del mal de Parkinson y los ojos acuosos e inexpresivos de aquellos a quienes la paralización muscular parece hacer huir el espíritu de la faz. Pero el caso es que gentes de todos los continentes y religiones han sentido que un semejante se extinguía con sufrimiento despertando en todos el humano sentimiento de la compasión. Esa ha sido su última lección, mal recibida por algunos como mero exhibicionismo, sin entender que a ciertas alturas de la vida y en la proximidad de la muerte los hombres se olvidan de la vanidad y la apariencia. Era otra cosa la que hablaba en él y la que ha acercado a los jóvenes a la Plaza de San Pedro. Sin necesidad de negociar.

Ha dicho el Papa Ratzinger que la fe no es negociable, que las enseñanzas de la Iglesia no pueden pactarse y que si los fieles se alejan de ella no queda más que la oración, el sacrificio y la prédica de los católicos con el ejemplo en espera del apoyo de Dios. Porque el Cristianismo no es una mercancía ni sus enseñanzas una cuestión de moda. Desde nuestra perspectiva de profanos no negaremos que ese sea un camino. ¡Mas con el mazo dando! La llamada crisis de vocaciones no es una amenaza: es una carencia actual. Los más jóvenes no se sienten vocados al sacerdocio, y a medida que vayan careciendo de modelos de carne y hueso a que adherirse, será más difícil que abracen tal destino.

Imagino que la Iglesia, posiblemente la sociedad más sutil e inteligente de la Tierra, dedicará sus mejores cabezas al análisis y el diagnóstico del fenómeno, y sabrá que, con todo, la restrictiva moral sexual puede no ser el principal obstáculo, con serlo en buena medida, porque a la gente moza le ha bullido la sangre y se le ha desmandado el apetito siempre, y no por eso se vaciaban los seminarios y los templos. Así es que la causa tal vez está en otra parte. Pero no estaría de más que se acercase al hombre en todo lo que no afecte al Dogma.

Quiere decir ésto que los teólogos habrán de plantearse soluciones que permitan franquear la feroz barrera del sexo, que es Naturaleza y por ello obra de Dios como nos descubre, desde la lúcida proximidad femenina a las cosas de la tierra, la teóloga italiana María Caterina Jacobelli. Mas todas las religiones imponen límites y disciplina, y pese a ello se expanden por nuevos territorios y por comunidades que fueron católicas. Tal vez la Iglesia ha pecado de soberbia y arrogancia, tan contrarias a la caridad, que ha sido y debe ser el núcleo de su pensamiento y su sentimiento (''Ama y haz lo que quieras'') y uno de los mayores atractivos para las gentes de ancho corazón.

Parece que Ratzinger lo dijo con claridad en el Viacrucis del Capitolio esta Semana Santa en medio de la alarma y la turbación de sus eminencias. Tal vez la Iglesia no vuelva a renacer si no es desde la humildad y el amor. Y Benedicto XVI parece saberlo. Creyentes y descreídos están reclamando asidero, un punto de esperanza y algo en que creer.

Darío Vidal

21/04/05

 

       Reflexiones de profano (21/04/2005 17:13)