Hemeroteca:


Octubre 2021
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 08/04/2005


 

SECRETOS DE LA LITURGIA


Con el paso del tiempo llega uno a suponer que el hábito también hace al monje, a pesar de que en una época de hipocresía formalista alguien pretendiese desenmascarar el fraude con la proposición contraria. Pero hoy, asistiendo al funeral del Papa Juan Pablo II desde la ventana del televisor, hemos podido confirmar una vez más el valor sustantivo del lenguaje litúrgico, con todo lo que tiene de enfática representación teatral y de mensaje críptico. (Muchos novios agnósticos se casan por la Iglesia, porque la firma en el juzgado sin el boato de la liturgia sacramental, no les autoriza a creerse casados)

Asimismo la larga y evangélica agonía del Papa como colofón de un pontificado del que, al parecer, quiso desasirse al cumplir los 80 años, nos ha puesto ante una realidad que no sabemos si es mala o buena pero que apunta a la radical debilidad de la naturaleza humana y su desconcertante maleabilidad. Y tal constatación nos hace desconfiar de comportamientos heróicos colectivos pero también nos permite rechazar la hipótesis de la maldad grutuíta, a pesar de las terribles experiencias ''nazi'', soviética, chilena, argentina y ''etarra'' del siglo que se ha ido. El ser humano no es bueno ni malo, sino cobarde. Culpablemente cobarde. Por eso me emocionó oirle decir a los jóvenes un decidido ''¡No tengaís miedo!'' al valiente Papa anciano, maltrecho y enfermo, que había vivido la invasión alemana y la ocupación soviética de Europa, con un juvenil brillo de rebeldía y esperanza en la mirada.

Desencanta la debilidad que nos postra, pero esperanza el entusiasmo con que podemos alzarnos del barro ante el ejemplo de un ser bueno. Y tengo el presentimiento de que el ejemplo del Papa polaco va a favorecer un vuelco en el comportamiento de la gente. No será inmediato; no espectacular, pero eficaz. Nos hallábamos huérfanos de guías y de ejemplo. Y la gente de buena fé sobre todo los más jóvenes, creyentes o no, ha descubierto en el páramo sin esperanza, el destello de una llamada a la trascendencia capaz de colmar su existencia más que la admiración a un deportista o la pertenencia a un club de ''fans'', que a tan poco había llegado la aspiración de nuestros muchachos.

No vamos a caer en la ingenuidad angélica de creer que todos los seres congregados en la plaza de San Pedro eran justos, ni suponer que nadie estuviese dispuesto a colarse con un cinturón de dinamita entre los fieles en su campaña de apología del Mal, pero, neutralizada esa tentación por la excelente coordinación policial, los cuatro millones de asistentes -creyentes o no- no protagonizaron un instante de tensión. Caminando kilómetros y kilómetros en colas de veinte metros de anchura, compartiendo los sacos, las mantas y los alimentos, y descansando y durmiendo juntos como en una inacabable peregrinación, han experimentado sin duda una renovación interior, una iluminación que tal vez les lleve a iniciar desde sus respectivos credos y religiones un nuevo camino, como dicen quienes hacen el Camino de Santiago.

El gran triunfo espiritual y humano de este Pontífice -tendedor de puentes entre las orillas- sería descubrir a esta sociedad egoísta, violenta, terrorista, cruel y hedonista, que hay otro camino que no nos enfrenta como enemigos sino que nos vincula como prójimos -los que están cerca- necesitados y necesarios para caminar juntos, crear, descubrir y avanzar hacia la Paz.

Darío Vidal

08/04/05

 

       Secretos de la liturgia (08/04/2005 19:40)