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Publicado: 06/04/2005


 

LA SOLDADITA Y SU ENEMIGO


Hubo una vez una soldadita, creo que en la Franja de Gaza, que se prendó de un enemigo. Ella tenía dieciocho años floridos y era israelí. El enemigo, que también se enamoró de ella aunque las crónicas no aluden a su edad, era palestino. Estaba ella tan dichosa que lo presentó a sus padres aunque nacionalizado como turco por si acaso, y a ellos les pareció magnífico. Seguramente todo pudo haber discurrido por cauces convenientes y sosegados de no haber sido por el apremio que la primavera pone en la sangre y el turbulento corazón de los enamorados. El caso es que no se sabe qué pensamiento cruzó por sus mentes para desenchufar todas las conexiones y decidir escapar juntos. Pero el caso es que huyeron.

Son cosas del Mediterráneo, qué vamos a hacerle. Hasta hace algunos años, el modo canónico de pedir la mano de una novia en elgunas poblaciones de Almería era raptarla y mantenerla desaparecida una semana. Y a ver qué iban a hacer los padres de ella en una sociedad que retiraba la credibilidad moral y el honor a la chica que no iba a casa a dormir una noche. Pues a casarla, que es lo que querían los fugados.

El caso es que si hubiesen preservado cuerdamente su locura de la mirada de los otros, nada habría enturbiado su historia de amor. Pero la Normalidad es enemiga de la ensoñación y la fantasía, así que el primer día que faltó ella a casa sin tener guardia, y al cuartel al toque de diana, se cruzaron las llamadas del Ejército para preguntar si se le habían pegado las sábanas, y la de sus padres para averiguar dónde demonios había dormido. Y así se inició una búsqueda de varios días por los servicios secretos de uno y otro bando y las policías de ambas partes, pués como palestinos e israelíes están ahora a partir un piñon no querían que nadie pensara que era una turbia acción de espionaje alentada por los estados mayores. De modo que los encontraron en casa de los padres de él, al otro lado de la frontera, medio hipnotizados de tanto mirarse a los ojos y cogidos de ambas manos. ''Sí, si que está aquí. Ha traído a su novia para que la conociésemos. Pasen, pasen...''

Visto el candor de los muchachos que en ningún momento hicieron por huír, debieron entender que no se trataba de una historia truculenta de espionaje y terrorismo sino de un suceso normal, magnífico y antiguo para el que no están preparados los coroneles de los servicios de Inteligencia. ''¿Qué ha sido por fín?'' ''Nada, mi coronel, dos gilipollas que quieren casarse''. ''¡Joder, con la mocosa! ¡Como si no tuviese chicos en su propio Regimiento para tener que ir a buscar a un palestino!''

Ustedes creerán que es cosa arreglada, pero no. Los de la Inteligencia se han sentido en ridículo y están empeñándose a fondo en disuadir a una y otro, para que no se casen, no se vean, no se escriban y se olviden del asunto, que, para ellos seguro que es una cuestión de vida o muerte. Lo que no ha trascendido es si eso es para siempre o hasta que ella cumpla su compromiso con la Milicia. Ya procuraré averiguarlo. ¿Ven como es imprescindible que las mujeres escalen los puestos más altos? Si en vez de coroneles fuesen coronelas, no destrozarían este romance, que ya bastante caro está el amor, y no vacilarían en apadrinarles en la boda. Claro que las que quieren ir de hombres duros, se ponen más borricas que los tíos. Y para ese viaje no hacen falta alforjas.

Darío Vidal

06/04/05

 

       La soldadita y su enemigo (06/04/2005 20:40)