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Publicado: 04/04/2005


 

PEQUEÑEZ


Decía Ortega que no hay asuntos triviales; que solo es trivial el modo de abordarlos. Y dió buena muestra de ello en miles de páginas sutiles, profundas, sugerentes, inteligentísimas, que abren nuevos horizontes a medida que avanza, suscitando nuevas incógnitas sobre asuntos aparentemente superficiales y muy alejados de la reflexión filosófica tradicional, como el deporte, la caza y la aventura.

Pero ''a sensu contrario'' podría afirmarse también lo que el pensador dejó implícito con tal proposición: que un ser mezquino o instalado en el prejuicio particularista, degrada y empequeñece siempre las cuestiones de que trata. El ejemplo más claro de este aserto nos lo dan los nacionalismos y los nacionalistas, como ciertas apetencias de algunos polacos -humanamente justificables por otra parte en momentos de conmoción emocional- de que el cadaver del Papa Karol Wojtyla descanse en la catedral de Cracovia, sin reparar en que una manera de universalizar su figura es permitir que descanse a la diestra de Pedro, aunque a ellos les consolase tenerlo más cerca, sin pensar que Roma sigue siendo Roma y que nadie sabe qué habría sido de sus restos si los hubiesen hallado los invasores nazis o los ocupantes soviéticos.

No obstante, la petición de los fieles de Polonia no está inspirada en la mezquindad sino en la emoción del instante y el amor que les inspiró siempre aquel párroco valiente (a él le gustaba llamarse párroco) que desafió el poder de la URSS y Jaruzelski, después de haber desarrollado durante años actividades culturales, hecho teatro y ejercido la labor pastoral en la clandestinidad y el peligro, y haber liberado su patria de la dominación extranjera, pacíficamente, pero con blanda mano de acero. Para ellos fué un libertador, un pastor bueno, un patriota, un próximo y un amigo. Y es lógico que quieran tenerlo en casa.

Lo que sí es muestra de la ridiculez y el vuelo torpe y corto del balbuceo ideológico nacionalista, es el juicio que han merecido a una señora de Cataluña el viacrucis, la agonía indisimulada, el óbito, la vida, el compromiso, el valor heróico y los logros planetarios de un gigante como Juan Pablo II, por encima de las discrepancias que puedan suscitar algunas de sus posturas, tal vez demasiado conservadoras, que personalmente señalamos en su momento. Todo lo que le ha sugerido la vida ejemplar, entregada, comprometida y arriesgada del Papa polaco, tan arriesgada que sufrió varios atentados además del que perpetró el sicario Alí Agca, autor anteriormente del asesinato de un periodista en Turquía y causante de no pocos de los sufrimientos, dolores e incomodidades que padeció después, es que no hablaba catalán. El resumen de una existencia de lucha tan rica y colmada, tan significativa y ejemplar en un planeta lacerado por el socialismo real, el neoliberalismo y el capitalismo sin alma, en el que seis mil doscientos millones de habitantes claman justicia en casi seis mil idiomas, se reduce a que no hablaba catalán. Y eso no lo ha dicho un pocero, un basurero, un cartero o un cantante del ''Orfeó Gracienc''; lo dice la directora de Asuntos Religiosos de la ''Generalitat de Catalunya'', Montserrat Coll.

El gesto de esta funcionaria no es una anécdota; obedece a un profundo planteamiento doctrinal: no hablar su idioma excluye del mundo, borra de la vida y margina del área de interés de los parlantes, que son los únicos existentes. Esa es la verdadera faz del nacionalismo.

Darío Vidal

04/04/05

 

       Pequeñez (04/04/2005 18:12)


 

LA AGONÍA


Un suspiro de alivio se difunde por el mundo desde las nueve y treinta y siete de la tarde del sábado, tras un mes de sufrimiento y cuarenta y ocho horas de agonía. ''Il Papa é morto'', se oyó en la Plaza de San Pedro. Y tras el sollozo primero se restauró la oración que había venido acompañando a Juan Pablo II en su penoso tránsito.

Los grandes hombres suelen ser controvertidos y todo comportamiento humano es susceptible de interpretaciones pués el acierto y el error acostumbran a viajar juntos. Karol Wojtyla se va dejando el vacío de un gran hombre, íntegro, valiente, santo y comprometido, que tuvo oportunidad de vivir y contemplar la vida desde muy diversas perspectivas en uno de los siglos más crueles y difíciles de la Historia. Prematuramente privado de familia, minero, obrero, estudiante, actor teatral, atleta, futbolista, sacerdote, párroco rural, obispo, cardenal y papa, hombre de talento y gran trabajador, el Papa polaco ha realizado una labor ingente y ejemplificadora, en un tiempo necesitado de modelos y de liderazgo moral, y en el corazón de una sociedad acobardada ha exhortado a los jóvenes a que no tengan miedo, desde la resolución y la coherencia del que atesora convicciones profundas. No se limitó a predicar. Ha actuado desde lo hondo de su pensamiento. Pero si nada de eso bastase a dar sentido a su pontificado, ha sido capaz de despertar con su comportamiento la compasión -ahora olvidada- entre quienes le seguían y también entre quienes no compartían su fe.

Sin embargo, frente a una vocación inequívocamente conciliadora aunque comprometida, y a su encomiable propósito de regeneración ética, tan anhelada por el hombre actual, la heredada estrechez judeocristiana ante la moral sexual cuya revisión en nada hubiera comprometido el dogma, y la impermeabilidad ante la teología de la liberación, ha impedido una muy plausible revitalización de la Iglesia. Algo que no será posible si no halla solución para algunas de las cuestiones que más angustian hoy, como la invasiva propagación del sida en las tierras más calientes de África y Asia, la contracepción aunque no admita el aborto, y el divorcio que admitía la primera Iglesia y respaldaba implícitamente San Pablo cuando decía que el sacramento del matrimonio es el amor.

A mi me parece que aún la sociedad láica ansía normas permanentes que le permitan identificar el paisaje y desasirse de lo perpetuamente provisional. Si la Iglesia Católica no es capaz de hallar el cauce adecuado, puede que estemos muy cerca del profetizado Fin del Mundo de los antiguos visionarios, Juan y Nostradamus, cuando menos del fin de su mundo.

Existir no es una fiesta. Lo sabía muy bien este Papa amigo de los judíos y buscado por los ''nazis'' cuanto espiado por los comunistas. El hedonismo y el placer no deben ser el programa existencial de un ser que reflexiona, aunque es razonable intentar eludir el sufrimiento y la desgracia. Mas si el padecimiento y el dolor nos pertenecen, debemos aceptarlos y hacerles frente para trascenderlos. Y ese ha sido su último mensaje.

Lo que me parece un acto de soberbia que critiqué en 1980 sin demasiada humildad, es que se menosprecie la Naturaleza tal que ha hecho en ocasiones la Iglesia, poniéndose por encima de Dios, como cuando dijo que ''el que mira con deseo a una mujer, aunque sea la propia, comete adulterio en el corazón''. Porque todo, hasta el deseo, nos lo ha dado Dios.

Darío Vidal

03/04/05

 

       La agonía (04/04/2005 02:54)