Hemeroteca:


Octubre 2021
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 26/03/2005


 

INIQUIDAD


Cuando andábamos metidos en nuestra resistencia antifranquista conocí a muchos comunistas, a muchos luchadores de Comisiones e incluso de la UGT. A quienes no se solía ver era a los socialistas. Los comunistas no eran nada cobardes y se paparon bofetadas, detenciones, torturas y cosas peores. Se la jugaron pero ninguno ha mandado nunca. Otros fuimos procesados y pasamos miedo. Pero eso es lo menos que podía ocurrir. Y a todos nos molestaba ver aquella figura erguida o dominadora y ecuestre recortándose contra el cielo de ciertas ciudades. Pero teníamos la dignidad de no querer abatir una vez muerto al que no habíamos sido capaces de abatir cuando vivía.

Esa era la razón del silencio en torno a esas estatuas que nos infamaban pero que no teníamos derecho a profanar. Pero he aquí que, en un alarde de fervor democrático, el ayuntamiento de Guadalajara ha retirado los monumentos a Franco y José Antonio para evitar que peregrinasen hasta ellos ''grupos ultra''. Y una de dos: o los ''grupos ultra'' hacían el salvaje, cosa que la policía debería haberse ocupado de reprimir adecuadamente o se dedicaban a la nostalgia inocua de los himnos, y en ese caso nada puede objetarles la Democracia. Sí acaso, a quienes impiden la libre y pacífica exteriorización de las ideas, que en este caso es el Consistorio.

El alcalde en funciones de IU, Jordi Badel, ha acometido la arriesgada tarea, en ausencia del titular, Jesús Alique del PSOE, pero hay que suponer que no por sorpresa. Fué como en Madrid hacia la una de la madrugada o sea con nocturnidad, pero esta vez con alevosía porque aunque aseguran haber puesto las estatuas a buen recaudo para que no se produzcan incidentes, la foto muestra una de ellas tumbada en una acera y manchada de pintura roja. Una dudosa proeza de quienes no han sido parte en su relevo, sobre todo treinta años después, cuando el tiempo y el aire fresco han borrado tanta pesadilla y las generaciones de nuevos españoles no saben ya quién era Franco. ¡Qué energía perdida! Brava hazaña, señores concejales: en Guadalajara han logrado resucitar al dictador, como su colega Zapatero hizo en Madrid.

A muchos no nos gustaban las imágenes del general, pero habíamos dicho que aquello era historia; convinimos en que todos perdimos vidas y futuro con la contienda; que había que volver a empezar, y que haríamos lo necesario para que nada justificase en el futuro que los españoles se matasen entre sí. No es fácil de entender que la carencia de proyectos de un grupo de malos aficionados les lleve a reanimar el fantasma del rencor y del odio para prolongarse en los cargos. Lo mismo que sería inadmisible que los ciudadanos cayésemos en esa trampa, porque el anterior gobierno logró recuperar a España en cierta medida de su secular ensimismamiento y nos hizo mirar al mundo para competir en él. Ese ha de ser nuestro foro. Y nuestro proyecto, hacer que se oiga nuestra voz; no desangrarnos hurgándo en nuestras barrigas con las bayonetas.

Proyectar un futuro partidista o personal en el enfrentamiento es una indignidad, una iniquidad, una felonía y un crimen que puede conducir a otros crímenes. Perpetuarse en el poder fomentando la discordia, la división, el odio y el rencor, es copiar precisamente el método en que Franco sustentó su mandato. Quienes eso hacen, merecen ser maldecidos.

Darío Vidal

24/03/05

 

       Iniquidad (26/03/2005 00:26)