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Publicado: 20/03/2005


 

FERNANDO ALONSO


Fernando Alonso, ese hombrazo jovencito, sosegado y discreto que conduce los coches tan deprisa, se ha puesto el primero en el Campeonato del Mundo de Velocidad. Lo presentíamos: no es un maniquí sino un deportista de los pies a la cabeza, con una ilusión sin límites y una voluntad enteriza. Y las personas así consiguen cuanto se proponen. La llave maestra del poder es el querer. Proponerse una meta y luchar, porfiar, padecer, empeñarse y sufrir por ella, más allá de la fatiga y el desánimo, conduce a alcanzarla sin ningún género de dudas.

Su victoria en el circuito de Sepang en Malasia es también un trinfo agónico y hermoso como todas las proezas, siempre teñidas de heroísmo. El podio de Fernando Alonso no constituye una hazaña por haber llegado primero. Siempre llega uno. Lo es porque conquistó tal puesto con un sufrimiento desmedido, con un esfuerzo descomunal, y porfiando contra todo. Conquistó la primera plaza sin que los espectadores adivinasen que estaba luchando contra el desfallecimiento de su propio organismo, ya que una avería en el sistema de rehidratación le impedía reponer el agua perdida por el esfuerzo y el sudor, bajo una temperatura exterior de 50º C y altísima humedad ambiental, así es que con una sed insufrible, la boca seca y experimentando probablemente las primeras impresiones sensoriales alteradas por la carencia de sales minerales, había perdido cuando llegó a la meta cuatro kilos y tuvo una bajada de tensión. Eso sí que es ganar y ser un campeón.

En un momento en que se exalta el hedonismo como fin, se rechaza el esfuerzo, se elude el sufrimiento y se reclaman derechos desdeñando el deber, la actitud de este hombre joven, salido apenas de la adolescencia, debiera ser un ejemplo para todo el mundo. El esfuerzo es duro y el sufrimiento indeseable, pero no deben eludirse cuando se pretende llegar porque aunque en la ESO y la LOGSE los regalen, los títulos solo se obtienen si se conquistan poniendo empeño. Y además la asunción del sacrificio y la soledad de la elección, hacen madurar, hacen crecer, curten y nos hacen personas. Por eso resulta sorprendente el aplomo y la sensatez de este jovencísimo asturiano, que replicaba al entusiamo desbordante de sus seguidores diciéndoles que no crean que está todo hecho, que faltan quince pruebas para acabar el campeonato, que habrá muchos momentos difíciles y que no le consideren todavía campeón del mundo, porque pueden surgir imprevistos, desaciertos y accidentes. Este jóven gran hombre les autorizaba únicamente a gozar del instante; a alegrarse de aquel truinfo que nadie ya podía quitarle, a gozar con aquel provisional primer puesto para España. Pero del futuro, Dios dirá.

Lo que nadie sabe es que lejos de este jóven asturiano, un jóven aragonés estuvo comiendose las uñas durante el entrenamiento y la carrera sin apartar los ojos de la pantalla del televisor, midiendo los tiempos y ponderando la estrategia del equipo. Se llama Miguel Vidal y es el físico que ha dotado al nuevo coche de Alonso de un sistema revolucionario de telemetría ''autocicatrizante'' inspirado en la regeneración celular e ideado por él, que es capaz de mostrar a ingenieros y piloto, en tiempo real, los valores ideales y los valores actuales de inyección, frenada, combustible, temperatura, régimen, neumáticos y los restantes parámetros, con capacidad para regularse automáticamente y la posibilidad de auto-reparar los eventuales desajustes de los sistemas informáticos.

Va a ser cuestión de arrumbar los vetustos complejos. Estos chicos están devolviéndonos la autoestima.

Darío Vidal

21/03/05


 

       Fernando Alonso (20/03/2005 18:02)