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Publicado: 19/03/2005


 

REFLEJOS DEL WINDSOR


Este país nuestro parece una novela de misterio. El presidente de una comunidad autónoma acusa a su antecesor, sin anestesia y por sorpresa, de haber cobrado comisiones por la autorización de obras públicas, y los salientes le acusan de mentir. El partido que perdió la elecciones acusa a los vencedores de un feo contubernio con confidentes dobles y policías venales para inclinar la voluntad de los electores, y le tilda de haber vulnerado la jornada de reflexion previa a los comicios, utilizando malas artes para desequilibrar las encuestas durante las últimas horas. Mientras que el que ha ganado asegura que aquel mintió y ocultó información con el mismo propósito. Y unos y otros se tiran a la cara los muertos de un horroroso atentado islamista que perpetraron los musulmanes ''salafistas'', pero que con anterioridad había proyectado la ETA pues tiempo atrás envió dos furgones cargados de explosivos, aunque fueron descubiertos e interceptados por la Guardia Civil en el cruce de la nacional con Pina de Ebro. Cien interrogantes para averiguar. Pero es que unas horas antes de la escogida para sembrar la muerte aquel 11 de marzo de 2004, dos camionetas confluyeron en la estación de Atocha de Madrid enviadas respectivamente por Al Qaeda y ETA, procedentes de dos lugares distintos. Otras preguntas para no dormir. Pero el Gobierno opina que se trata de una coincidencia. Por lo visto, todos los días cruzan furgones llenos de titadyne y goma-dos en todas las direcciones conducidos por etarras e islamistas y no es difícil que coincidan en su destino casualmente. Parece que unos u otros se sientan incómodos cuando se pretende indagar según qué. De momento los vencedores en los comicios han dado por conclusa la comisión de investigación precisamente cuando las pesquisas y las declaraciones estaban acercándose a las incógnitas.

Aún no repuestos de estos sucesos ardió un rascacielos en Madrid, y contrariando la tendencia natural de las llamas a ascender, el fuego se propagó hacia abajo para alcanzar el piso en que se guardaban documentos del Ministerio de Defensa custodiados en una caja fuerte, aunque por fortuna ''carecían de toda importancia'' según un portavoz autorizado. Poco después se hundía un túnel que estaba construyéndose para el ''metro'' en el barrio barcelonés del Carmelo. Y un ingeniero anónimo asegura que se empleaban malos materiales, al tiempo que un cierto contratista asegura que se ponía menos de la mitad del cemento necesario.

Harían falta tantas comisiones de investigación, que probablemente no tenemos expertos para dotarlas a todas. Pero no hace falta tampoco. Los problemas se deshinflan como globos pinchados. Y ahora resulta que un especialista de bomberos asegura que las figuras humanas que vimos moverse pausadamente en el piso catorce y que todos convenían en que eran las personas que habían descerrajado la puerta del sótano, no son figuras. Son reflejos.

Quienes aquí no crean en los dogmas y los misterios de la Iglesia, que no se amparen en la Lógica para negarlos: vivimos envueltos en una realidad que rebasa el sentido común.

Darío Vidal

19/03/05

 

       Reflejos del Windsor (19/03/2005 12:28)