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Publicado: 17/03/2005


 

LEGISLAR CONTRA EL PUEBLO


Disculpen la expresión demagógica y populista, y consuélense sabiendo que no voy a utilizarla como eslógan para presentarme a las elecciones. Pero a veces resulta que las frases que a primera vista parecen excesivas son pura verdad y como decía aquel sabio cuya infancia transcurrió en un patio de Sevilla donde florecía el limonero, ''la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero''.

Eso de que no se legisla para la gente mansa de la calle sino contra ella es algo que descubrimos al alborear la adolescencia. Pero entonces éramos bastante ''rojatas'' y era lógico pensar que pudiéramos desbarrar por la inclinación y por la edad. Mas era cierto. Es una verdad que confirmamos con los años, a medida que se hinflan e hipertrofian las incontables administraciones y los funcionarios crecen como setas, y opositan para descansar como habrán advertido con la creciente tendencia a transferir a los ciudadanos las tareas que deberían constituir su cometido. La Ley no se concibe para auxiliar al administrado sino para complicarle la existencia. Recuerdo el discurso con que nos regaló, el día que se incorporaba a la cátedra, un profesor tan malo como malquerido después de haber aprobado las oposiciones, que ilustra esa cainíta inclinación a menoscabar y entorpecer de algunos funcionarios: ''Deseo comunicarles que he ganado la plaza tal por oposición, y a partir de hoy les daré clases de tal asignatura. ¡Señores: a suspender!'' No dijo a aprender, no; ni a estudiar, ni a trabajar. No. A suspender. Eso dijo: ¡A fastidiarse!

La legislación está para eso. Un viejo legionario me decía ponderando su devoción por la amistad: ''Mire usted: al amigo, el culo si es preciso; al enemigo, por el culo, y al indiferente, la legislación vigente''. Aquí se ha tenido siempre por cierto y averiguado que la Ley está hecha para eso, gobierne quien gobierne. Ahí tienen sino la reciente decisión de abaratar los despidos e indemnizar con menos días por año trabajado. Una iniciativa social de nuestro zapateril Gobierno socialista y de izquierdas. Qué risa. Aquí funda alguien una asociación para imaginarias víctimas izquierdistas del terrorismo y otra para supuestas víctimas derechistas del terrorismo -¡que majadera intrepidez!-, o quita crucifijos de la escuela -¡qué audacia!-, o profiere un rebuzno contra la Historia de España, las tradiciones populares o los curas -¡qué modernidad!-, y es de izquierdas. No hace falta argumentar ni dar alternativas. Con eso basta para resultar de confianza entre los que hacen cola para obtener su credencial de ''vieja guardia'' maoísta. Luego no importa defraudar en la renta, explotar inmigrantes, ''afanar'' comisiones, especular con la arena, o legislar para los ricos que al fin son los que mandan siempre. Basta con ser dócil a los jefes, acrítico con el partido, y cobarde para sí. Y escudarse siempre en decisiones asamblearias amparándose en el ''se ha acordado'' y ''se ha decidido''. ¡Quién ha hablado de compromiso! En este país resulta muy barato ser de izquierdas.

Así es que hasta la llamada izquierda ''nos mete el brazo por la manga''. Y las leyes son trampas para incautos. No le ha sucedido a un amigo como la gente dice, sino a mí. Cambié de ciudad y me empadroné en otra, que comunicó a la primera tal mudanza. Pues bien, no se ha enterado porque yo no dije nada. Y ahora pretende embargarme. ¡El timo del ''tocomocho''!

Darío Vidal

17/03/05

 

       Legislar contra el pueblo (17/03/2005 19:50)