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Publicado: 11/03/2005


 

PACTO DE SILENCIO


En este día de recuerdos dolorosos, no todo es malo. Este 11 de marzo va a ser el de la reconciliación. CiU y PSC han hecho las paces. Pelillos a la mar. Era previsible. Cuando el agua llega a la caja registradora se corta la corriente no vayamos a tener un cortocircuito, que una cosa es la representación, los amagos y aspavientos, y otra muy distinta dar de veras.

Habían tensado la cuerda demasiado y no era descartable un accidente, así es que han recuperado el ''seny'' y han firmado la paz. El PP por su parte ha retirado su moción de censura momentos antes de proceder a la votación que iba a perder, mientras su portavoz denunciaba un pacto de silencio entre las fuerzas nacionalistas ''para taparse mutuamente las vergüenzas'', que expresa claramente la ''omertá'' entre compinches. De este modo, un comportamiento políticamente arriesgado pero profundamente gallardo encaminado a recuperar la transparencia de la vida política, se ha convertido en un episodio bufo, en un suceso grotesco.

Para la mirada limpia de un espectador ingenuo es un espectáculo incomprensible y bochornoso, como todo lo que suponga ocultar hechos turbios, ya que los actores de este cuento quedan como consortes conchavados. Pero mientras los unos han entendido que por ese camino no iban a obtener sino pérdidas, los otros no se han percatado de que su retractación y la retirada de la denuncia les acusa de no tener el techo limpio. Ya les advirtió el ex-presidente Pujol que no tenía inconveniente en seguir adelante, de modo que Maragall no se llamara a engaño. Y Maragall ha leído el mensaje. Ahora celebran el silencio como una muestra de cordura y de prudencia política, y se han concertado todos contra Piqué para desviar la atención del respetable. Pero es el caso que si los hechos que el PSC imputó a CiU son ciertos, retirar la denuncia es una cobardía o una indignidad, y si por el contrario son falsos, la actitud socialista es calumniosa y difamatoria. De modo que no pueden quedar las cosas como están.

Lo malo es que algunos políticos tienen la capacidad de degradar hasta los gestos más nobles. Una actitud tan generosa como reconocer públicamente un error, y un acto de humildad tan admirable como pedir disculpas, adquiere en este caso la apariencia de una representación entre Mas y Maragall, en tanto que Piqué hace el papel del tonto de las bofetadas, que para algo ''no es de la Parroquia''.

Desde luego que la gente de la calle sabe lo que sabe y sospecha mucho más. A algunos, estos sucesos les han confirmado lo que se temían, y otros han empezado a denunciar sus propias experiencias creyendo que todo va a esclarecerse. Pero nada cambiará. O acaso sí, aunque no sea de forma inmediata, porque quienes se avienen a estas componendas se retratan ante sus conciudadanos. No sé si nos darán ocasión de presenciar una reacción valiente que ponga de manifiesto su rechazo a este rosario de corruptelas, o si el vecindario se avendrá a claudicar ante alguna promesa, lo que sería en estas circunstancias otro modo de corrupción

Mas el proceso abierto no es un duelo de chiquillos ''a primera sangre'' sino un combate que puede llevarse a alguien por delante. Por decoro, por decencia, por higiene política y por respeto a los electores, hay que esclarecer estos hechos, pues no afectan a su honor sino a nuestro bolsillo.

Darío Vidal

11/03/05

 

       Pacto de silencio (11/03/2005 23:32)


 

EL CUARTO OSCURO


En memoria de las víctimas de las tinieblas.


Algunos recordamos todavía la amenaza de ''el cuarto oscuro'' o ''cuarto de los ratones''. El cuarto oscuro era el infierno de los niños. Yo tuve la suerte de conocerlo porque una piadosa monjita del parvulario de Jesús y María tuvo la amabilidad de mostrárnoslo a Pancho y a mí, e incluso de encerrarnos en él para que lo recordásemos, mientras pedía a otra hermana que le bajase trapos para limpiar nuestra sangre al tiempo que hacía como que afilaba los cuchillos. Nos llamó ''ladrones'' mientras llorábamos esperando que nos abriera la barriga como al lobo de Caperucita, para extraernos el botín. Nuestro delito había sido coger dos manzanas del arbol y sentarnos bajo él a comérnoslas. Eran dos pelotas duras y ásperas, ácidas y verdes. Espantosas. Y Pancho y yo aprendimos aquella tarde inacabable que coger dos manzanas del arbol del jardín se llamaba ''robar'' y que si lo hacías podían abrirte la barriga con un cuchillo tremendo.

Lo cierto es que cuando nos sacaron, nos castañeteaban los dientes y temblábamos, estábamos desfallecidos de terror, exhaustos de llorar, y -cuando menos yo- vergonzado de mis peticiones de perdón, y humillado por haber solicitado tantas veces clemencia. Y no sé si sería cosa de la manzana verde o el cuarto oscuro, pero el caso es que nos pusimos muy malitos. A Pancho se le llenaron los labios de pupas y aunque tuvimos la dignidad de no hacérnoslo encima, no evitamos después la diarréa y las pesadillas durante mucho tiempo. Ir al colegio fué desde aquel día enfrentarse al miedo, arrostrar un peligro cierto y ponerse a merced del enemigo.

Cuando nos recogieron nuestras madres y nos hallaron tiritando, con la cara abotargada, los ojos enrojecidos y un hipo que no podíamos controlar, eran de ver los arrumacos y las caricias que nos prodigaba la virtuosa monjita, los embustes que dijo y la servil actitud que adoptó con ellas, mientras Pancho y yo nos mirábamos de reojo sin entender. Si fuéramos niños de hoy, aún estaríamos en tratamiento psiquiátrico.

Mas como no hay mal que por bien no venga, tengo que agradecer a aquel cruel exceso, haber aprendido a no ser arrogante con los de abajo y sumiso con los de arriba, a despreciar la mentira, a odiar la tiranía, a juzgar a los que mandan por el autoritarismo de su Autoridad, a desconfiar de los aduladores y los serviles, a reirme higiénicamente del miedo de los poderosos, a desdeñar las bravatas de los forzudos porque no son fuertes, a odiar la arbitrariedad, y a no juzgar por el hábito. Por eso no respeto a ningún partido, y si la honestidad y la dignidad de quienes los habitan.

Pero sobre todo debo agradecer que me enseñara el olor de los cuartos oscuros. Esos cuartos del color del miedo, que huelen a humedad vieja, a la sucia miseria de las ratas, a agua estancada y pis de gato, que exhalan al abrir la puerta un vago tufo de excremento. Lo percibí luego en la entrada de la Brigada Político Social y al regresar a España después de haber estado fuera, en tiempos del Glorioso. Si algo me inquieta es que estoy volviendo a ventearlo. Lo olí algún tiempo mientras se agriaba Cataluña; no la conozco aunque imagino la vaharada de miedo que perciben al abrir alguna puerta los vascos dignos, valerosos, y tantas veces heróicos, que han sido condenados al silencio, el exilio o la muerte, en la democrática y libre Euskal Herría. Y me llena de estupor y de sonrojo que algunos de nuestros compatriotas hayan transitado de la dictadura a la tiranía sin haber conocido nunca la libertad, mientras políticos que se llaman liberales exploran la posibilidad de entablar conversaciones para negociar las condiciones de vida en el ''Goulag'' Cantábrico. ''Se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas'' decía ayer Goethe en El Mundo.

El aire de España, que comenzaba a poder ya respirarse, vuelve a oler a encerrado por la miseria de los que han hecho de la patria su botín y van a repartirla como propia a cambio de que no les muevan de su silla. Habrá que hacer una colecta u organizar una tómbola para pagarles y que se vayan. O que se decidan a trabajar en bien de todos como debieran.

El presidente del Congreso que ha dado muestras de eficacia, laboriosidad y tolerancia en todos los cargos que ha desempeñado, hizo un gesto a catalanes y vascos permitiendo la utilizacion de sus lenguas moderadamente. Se equivocó: los integristas solo tienen derechos. Aunque decir esto sea inconveniente. Sugerir que si la lengua es un vehículo de comunicación ha de serlo de entendimiento, y que si el castellano es la lengua franca de todas las Españas es lógico que nos entendamos en ella, es anatema. Una provocación y un menosprecio para los que, por otra parte, están queriendo separarse de nosotros. ¿Quién lo entiende?

Que no espere comprensión Manuel Marín, ni siquiera un reconocimiento cortés. Ni tampoco que Zapatero le respalde. Mal negocio es ser su amigo porque no conoce la lealtad. Y él quiere seguir aunque sea avanzando hacia atrás como está haciendo. Acaso un día no tenga ya qué dar pues nada es inagotable. Mas no espere entonces que cesen las demandas. Nunca se sacia a un mendigo que pide lo de los otros, ni se satisface a al separatista. La Historia nos lo viene demostrando. La indigencia anida en nuestra propia pequeñez. Cada cual debe inventar sus nuevos argumentos. Tampoco el resentimiento es algo que se alivie desde fuera: el resentimiento es una carencia, una insatisfacción genética, una envidia que no puede hallar solución sin fantasía. Por eso el separatista no tiene cura como tal. Su futuro no es posible, y en el fondo de su laberinto no desea romper su vínculo: lo mismo que la planta parásita muere al escindirse de su huesped, el separatista separado descubre que no es nada. Se trata de un problema clínico más que político. Si el científico lo supiera todo de pronto, tal vez se suicidaría porque no le quedarían preguntas. Pienso yo. No lo sé. Porque yo no he sido nunca científico que lo supiera todo sino sólo aprendíz de filósofo y eso me ahorra el vértigo de ese abismo.

La vida es ancha, inabarcable el futuro, e infinitos los caminos. Todo es aún posible si no repetimos la historia. Todavía podemos hacerlo todo si miramos adelante. Si volvemos la vista atrás o nos recluímos en el cuarto oscuro, pestilente de encierro y bullente de ratones, volveremos como Sísifo a escalar baldíamente la montaña, y nuestra carga caera una y otra vez al valle para tornar a comenzar. Ese es nuestro lastre, nuestra penitencia, nuestro castigo: andar y desandar toda la eternidad sin avanzar un paso mientras los otros producen, investigan, progresan, se enriquecen y crean.

Los cerebros obtusos de algunos arqueólogos sentimentales nos han ido impidiendo progresar desde su cuarto oscuro, y un país que pudiera haber liderado la Historia sigue siendo colonia británica.

Darío Vidal

11/03/05

 

       El cuarto oscuro (11/03/2005 04:16)