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Publicado: 10/03/2005


 

LA RAMPANTE ESTUPIDEZ


La idiotez humilde no demanda publicidad ni respuesta pero la estupidez altiva, provocadora, arrogante, irritante, complacida y rampante, sí que merece ser aireada y difundida para hacerle objeto de la burla y acreedora al abucheo más despiadado.

Este dudoso privilegio asiste ahora al presidente del Consejo de Estado don Francisco Rubio Llorente, porque en la árdua tarea de decidir cómo habrán de llamarse genéricamente Euskadi, Cataluña, Galicia y Andalucía en esa nueva, necesaria e inaplazable Constitución -no sé si Española todavía- con que nos amenazan, propone rebautizar las autónomías como comunidades nacionales ya que así no coinciden con demarcaciones territoriales sino con realidades culturales, de modo que las llamadas comunidades nacionales pueden abarcar incluso varias autonomías. Eso es simplificar las cosas. Y para ilustrar su nueva idea, sugiere que la comunidad nacional de Cataluña podría estar integrada también por Valencia, Baleares y parte de Aragón -habrá que suponer que también el Alguer-, del mismo modo que la vasca comprendería Navarra e Iparralde en el sur de Francia. O sea que la rara lumbrera que ha engendrado el esperpento se ha metido en un jardin dificilmente transitable porque se inmiscuye en la soberanía de Francia, para definir lo que no le pertenece y lo que sí.

La incapacidad de plantearse metas, fijar objetivos, planificar actuaciones, priorizar acciones, abordar cometidos, resolver con eficacia y trabajar con orden, rigor y disciplina, lleva a este equipo de Gobierno a aferrarse a cuanto pasa ante sí, para distraer al país de su incapacidad e incompetencia. Y sobre todo a gesticular alborotando mucho, a ceder en todo, a retractarse de lo dicho, a conceder exenciones y privilegios impúdicamente, a agitar con desvergüenza los cadáveres, a blandir la mentira, esgrimir falsedades, dividir a las víctimas, intrigar en los foros, retorcer los argumentos, abortar diligencias, evitar que progresen las comisiones de investigación, y abortar la creación de otras nuevas mientras abre nuevos frentes que distraigan de esa fraudulenta carencia y lleven a perseguir a los contrarios, a complacer a los propietarios de los recursos audiovisuales, y, en fin, a utilizar su menguada energía no en gobernar sino en hacer por mantenerse a flote, ya que su fin último no es gestionar una patria a la que no ama, sino mantenerse en la cúpula para continuar mandando, incluso con la ayuda comprada de partidos que quieren destruirla para separarse de ella.

Así no se puede seguir ni un momento más. No podemos continuar sin saber qué queremos ser, qué somos, e incluso si realmente somos algo. No podemos hacer política, promulgar leyes ni construir nada, desconociendo si nos pertenece el terreno que pisamos. Ha llegado un momento en que el creciente desprestigio del Gobierno Zapatero por su falta de enjundia, de solvencia, de cultura, de imaginación, de sentido común y de cordura, ha comenzado a contaminar de ridículo al país que le dió el voto.

Alguien habrá de hacer algo, si es posible desde el propio Gobierno. Pero no podemos seguir en este tobogán que nos conduce al abismo. No podemos dejarnos arrastrar por su rampante estupidez.

Darío Vidal

09/03/05

 

       La rampante estupidez (10/03/2005 00:06)