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Publicado: 09/03/2005


 

HEROÍSMO BALDÍO


A quienes tienen alguna sensibilidad para la belleza moral, todavía les conmueven los gestos que denotan un compromiso entre el comportamiento y el compromiso, como el heroísmo del agente de los servicios secretos italianos en Bagdad, Nicola Calipari, que se inmoló para proteger a la periodista Giuliana Sgrena. Un hombre en que al enfrentarse el cumplimiento del deber y su propia vida, no vaciló en perderla sobreponiéndose al humano instinto de conservación.

Algunos seguimos pensando que ese modo de actuar es la expresión más alta de dignidad. Pero no está de moda. La mayoría piensa que es una gilipollez de novela romántica y que Nicola ha renunciado a ver crecer a sus dos hijos por nada. Olvidan que el progreso moral de la Humanidad se ha fundamentado en quienes se han sacrificado por bien de los demás y respeto a sí mismos. Pero esto les parece chino, o griego como aquel Sócrates que fué condenado a morir por un tribunal corrompido que hizo prevalecer ciertas imputaciones falsas, y aunque sus alumnos y sus amigos le habían preparado la fuga y le exhortaban a que huyera, se negó diciendo que un hombre recto debe acatar las decisiones de sus conciudadanos, y que escaparse sería contradecir su propio modo de pensar y negar todas sus enseñanzas. De modo que se bebió la copa de veneno que le hicieron llegar los jueces y se tumbó en el camastro de la celda para hablarles e impartir su clase por última vez.

Cuando el único valor y la última meta es el dinero, la actitud del filósofo no es otra cosa que una historieta, una fábula, una tragedia griega si se quiere, para emocionarse un ratito ante la tele. Pero de pronto se nos muestra ante los ojos el ''beau geste'', la abnegación heróica de un contemporáneo, que en pleno siglo XXI ha sido capaz de dar cuanto tenía, la vida, para llevar a término el empeño que se había propuesto, recordándonos que ser hombre es estar por encima de la animalidad, y que la existencia no se reduce a copular, comer, dormir y defecar, pues tales exigencias son únicamente el supuesto fisiológico, el sustrato orgánico previo sobre el que se asienta el impulso trascendente que impele a un ser humano a asumir compromisos e implicarse humanamente en empresas solidarias aunque acaben en el aparente fracaso de la muerte asumida.

Lo que no debe hacer un dirigente, como parece que hará ahora Berlosconi -al que habíamos felicitado por la dignidad de su postura-, es desdeñar el sacrificio que ayer ponderaba con condecoraciones y funerales de Estado. No tiene derecho a mancillar un acto heróico para poder alinearse con el el que más manda y evitar caer en su desgracia. Eso equivaldría a insultar al más noble y vejar y traicionar a su pueblo. Sería tanto como decir ante el mundo, de sobras convencido, que arriesgarse por los otros y servir a un ideal es una estupidez. Y que si para vivir tranquilo hay que negar los hechos, impedir que se difunda información sobre lo que sucede en Iraq (imaginen lo que harán con los llamados insurgentes) y desmentir los acontecimientos de los que este mismo hecho es testimonio, se niega, se impide y se desmiente. Allá nosotros.

Pero si juzgamos inútil la inmolacion de Calipari y de Sócrates estaremos degradando el perfil axiológico de nuestra existencia, traicionando la condición de la persona, y consagrando como único valor el dinero.

Darío Vidal

09/03/05

 

       Heroísmo baldío (09/03/2005 20:30)