Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 03/03/2005


 

LA SEÑORA DEL SEÑOR BLAIR


Ha debido pensar que si él lleva blanca peluca empolvada y toga con puñetas de puntillas, no hay motivo para que una escolar musulmana no pueda llevar su túnica talar -la ''yilbab''- y el pañuelo a la cabeza con que evitar que algún correligionario asilvestrado y rijoso se sienta tan provocado por el cabello, que desenvuelva a la chica, la monde y se la pruebe. Debe ser atroz vivir entre machos tan activos, incontrolados y rotundos. No solo por temor al asalto, sino por el bajo rendimiento que cabe esperar de galanes tan ineficaces e inseguros, que impiden a sus mujeres salir a la calle si no están embaladas.

El caso es que una adolescente musulmana de cierto colegio británico que había usado el uniforme normalmente, experimentó de la noche a la mañana un súbito ataque de fervor y se ensabanó como un fantasma. Y hete aquí el conflicto porque la dirección le dijo que debía ir como todas sus compañeras, mientras ella o su familia manifestaron que nadie podía coartar su libertad de proclamarse musulmana. Naturalmente la cosa paró en los tribunales y un juez juicioso le explicó pacientemente que nadie le obligaba a apostatar, y que fuera del colegio podía ir si le apetecía con su larga túnica o como en el Carnaval de Río. Pero, puesto que a ningún alumno se le permitía hacer ostentación de su religión, ella debía ir vestida como todo el mundo, respetando que la respetaran y renunciando a sus símbolos. Pero la obstinación de los iletrados es roqueña, y sus mentecatos mentores recurrieron la sentencia incomprensible.

En superior instancia, el juez Henry Brooke le ha dado la razón. Aunque todos tengan la obligación de llevar uniforme, ella tiene derecho -¡ah, los derechos!- a saltarse la norma a la torera y vestir como le pete, que para algo es musulmana, mujer y cliente de una feminista sorprendente que avala la femenina supeditación al macho que consagra la ''sharia''. Esta costosísima abogada cuyos honorarios escapan a las posibilidades de un emigrante -¿quién pagó la minuta?- se llama Cherie Booth y es mujer de Tony Blair, o sea del jefe. Y la muchachita, que no debe ser tan ingenua y desvalida ha dicho que es un gran día para el Islam en el Reino Unido. Hay culturas -o inculturas- que desconocen la palabra deber y se quedan con los derechos, eso sí con todos ellos.

Habría que distinguir entre adjetivos y utilizar con propiedad las voces ''islámico'' e ''islamista''. La primera alude a una religión respetable como todas; la segunda se refiere a un movimiento político intransigente, violento, excluyente y totalitario. Cosas bien distintas.

No hay que temer las insidias de los comprensivos, de los hipócritas, de los logreros y de los tontos que confunden -o hacen que confunden- la aplicación de la ley, con inflexibilidad; la aspiración a la reciprocidad de los que vienen, con racismo, y el rechazo radical a la intrusión del islamismo, con la oposición al Islam. Nada más falso. En este país han convivido las tres religiones monoteístas y se ha enriquecido con esa vecindad. Por eso la mayoría no tiene prejuicios religiosos ni racistas aunque es difícil no desconfiar de los inocentes cuando se teme por la vida. Mas pese a ello, hay más musulmanes documentados que de ninguna otra religión.

José Luis Sampedro estudió el bachillerato en los franciscanos de Tánger con judios moros y cristianos, y decía en una reciente entrevista que nadie sintió socavada su fe. Todo lo contrario. Otra cosa es lo que digan.

Darío Vidal

03/03/05

 

       La seņora del seņor Blair (03/03/2005 18:58)