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Mayo 2008
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Publicado: 31/03/2005


 

VIVIR DE SUS MANOS


''Allegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos'',- concluía Jorge Manrique cuando se refería a la implacable llegada de la muerte que no respeta edad ni condición. La forma de expresar este pensamiento no puede ser más castizamente español porque no alude a los ignorantes y los sabios, o a los viejos y los jóvenes que representan un contraste aún más desgarrador ante el que no se detiene la parca. No habla tampoco de pobres sino de ''los que viven por sus manos'', dando por sentado que solo los pobres trabajan. Así es que cuando el poeta escribió las Coplas a la muerte de su padre, se había establecido ya en nuestro país el modelo del hidalgo ocioso capaz de aceptar toda suerte de penurias y estrecheces por no darle un palo al agua.

Lo malo de ese patrón que creíamos superado es que pervive en nuestros días. Y no me refiero precisamente a quienes llevaban a las tapias del cementerio a cuantos no tenían callos en las manos, juzgándolos ricos, terratenientes y explotadores tal como sucedió en 1936. Estoy refiriéndome a ahora mismo. Aquí no hay fontaneros, fumistas, relojeros, panaderos, electricistas, carniceros o ebanistas, sino ''universitarios'' iletrados y con faltas de ortografía que ''no se saben su oficio'' porque no les interesó nunca, ya que creyeron como sus padres que estudiaban para no tener que trabajar. Se trataba de aprenderse una serie de cosas de memoria como quien practica un ensalmo para no tener que dar golpe en la vida. Pero lo malo no es que creyeran eso los padres iletrados que luchaban por mejorar la condición de sus hijos induciéndoles a matricularse en un centro de estudios superiores, sino que la misma Administración ha venido participando de la misma idea y sido renuente a dar cauce a los que querían ''vivir por sus manos'' vocacionalmente. Por eso no se reglamentó nunca el estatuto de aprendiz en los oficios industriales y artesanos, y por eso Franco pretendió dignificar a ''los trabajadores'' haciendo que fuesen a la Universidad, aunque en este caso fuese la Universidad Laboral. Mas tampoco la Democracia supo valorar las actividades manuales y la Formación Profesional no se concibió como una opción sino como un apartadero, como una vía muerta.

Se ha partido siempre de un concepto elitista de la profesión, como si lo que definiese la condición de un hombre no fuese la calidad de su trabajo sino la naturaleza de su especialidad. No era digno el que actuaba con eficacia e indigno el chapucero, sino que era digno el médico e indigno el albañil, el albañil que está vengándose cobrando más que un médico. Aunque preso de una valoración social vetusta, el albañil sigue queriendo que su hijo sea médico y no albañil como él, para que sea ''un señor'', o sea, en el fondo, para que no ''viva de sus manos'', que es lo mismo a que aspiraba el hidalgo del Lazarillo. Buena parte de la inquina de los modestos pecheros contra los judíos se fundaba en que sabían de letras y eran profesionales o comerciantes que no estaban sujetos a trabajos serviles.

El nuevo Gobierno llevará al Congreso el cuarto remiendo de una Ley de Educación que no resuelve entre otros ese viejo malentendido de hidalgos pobres. Y ningún partido entiende que nos urge una ley inteligente y eficaz, más que moderna porque la moda es efímera y voluble. Es necesario un pacto de Estado, utilizar las mejores cerebros y ponerse a la cabeza de Europa. Las leyes no deben tener sexo ni partido. Y hemos perdido ya una generación.

Darío Vidal

31/03/05

 

       Vivir de sus manos (31/03/2005 20:06)


 

COPROFAGIA ESNOB


Hace algún tiempo, ciertos cocineros franceses que no eran capaces de superar los aromas y los sabores de su gastronomía secular, decidieron reducir las raciones, disponerlas en platos grandes componiendo cuadros abstractos, y llamarla ''nouvelle cuisine''. Fué todo un éxito. Sobre todo porque aún no habían olvidado cocinar.

Pero sucedió como siempre. Sucedió que los inútiles, que son legión, se quedaron con la copla de la decoración y creyeron ser ''chefs'' geniales porque sacaban los guisos emplatados dibujando artísticos (?) arabescos. Y gracias a los hornos al vacío, las batidoras y algunos otros ingeniosos utensilios, comenzaron a fabricar cremas, pastas, ''mousses'', espumas y aromas. El colofón fueron los nombres de los platos, pués el mundo es del que bautiza las cosas.

Sabedores de que no hay nada que fascine tanto a un ser humano como ser engañado, se pusieron a vender humo y, lo que para mí es mucho más grave porque me parece una profanación de su Arte, a disimular, disfrazar y encubrir la naturaleza de los alimentos. Las viandas tienen la suficiente dignidad para no demandar afeites, y unas costillitas de cabrito, unas cocochas de merluza, una perdiz con alubias o unas alcachofas rellenas, son, tanto en el plato con su aroma, como en papel ''couchée'', espectáculos gratificantes y aperitivos.

No sucede así con las imágenes de objetos no identificables como alimentos por nuestra memoria, como pasa con la que pudiéramos llamar ''nouvelle photographie culinaire'', en que se captan, no el plato o una parte con un bocado apetecible -y reconocible-, sino el fragmento de una pieza de carne captada con ''macro objetivo'', de manera que no resulta reconocible como algo que pueda comerse, pero no oculta sin embargo la fibra muscular sanguinolenta, el hueso astillado y la superficie aceitosa de algo que parece la umbela o sombrero de una seta de cardo perdida en la guarnición.

Pero tornemos al original. Ciertos jefes de cocina que van de modernos, suplen la pervedad de su sabiduría, la cortedad de sus recursos y las carencias en el dominio de su Arte, haciéndose vanguardistas de golpe. Y es muy sencillo. No es preciso tener buen gusto cocinando, ni buen criterio al emplatar la comida agrupando pulcramente las viandas según su color, su sabor y sus contrastes. Basta con depositar dos o tres trocitos de lo que sea en un ángulo del plato, cubrirlos con un espeso puré negruzco como de fondo de olla batido, o tirando a pardo para darle un convincente aspecto fecal. Y como eso no basta, se mancha la porcelana que debería estar impoluta, con unas gotas de un almíbar rojizo como sangre y chorretones de una sustancia traslúcida y genital, o de oscuro aspecto biliar, o ambarina, o lechosa, cada cual más desazonante, como si el cocinero quisiera homenajear a todas las secreciones, líquidos, excretas y humores que circularon por el animal vivo. Cuadros repulsivos del gusto del divino/maldito Marqués de Sade, obsceno libertino y lúbrico coprófago -''jamás comí mierda tan deliciosa; lo certificaré a toda la tierra''- al que secundan sin saberlo -ni atreverse- unos esnobs desorientados por la abominable estética finisecular de lo feo, que no han alcanzado a conocer la mesa.

Discúlpenme si han llegado a leer hasta aquí. También a mí me repele. Pero alguien tenía que decirlo.

Darío Vidal

31/03/05

 

       Coprofagia esnob (31/03/2005 18:15)


Publicado: 30/03/2005


 

EL FRAUDE DE LA MIRADA


En unos años hemos perdido tres sentidos: el olfato, el paladar y el tacto. Y la cosa no promete remitir porque dicen los entendidos que está aumentando el umbral de percepción sonora a causa del endiablado ruido a que estamos todo el día sometidos y a la cantidad de decibelios con que los más jóvenes castigan sus oídos en sus momentos de asueto. Hay automóviles que no dejan notar su paso por el rumor del motor sino por los puñetazos acompasados que sus baffles propinan a nuestro estómago. O sea que nos quedaremos con la vista, que tal vez es el sentido menos fiable. Y nos reducimos a la piel de lo superficial; al ámbito de la pura apariencia.

Es difícil discernir si lo que llamamos cultura audiovisual ha surgido por el descrédito de los otros sentidos, o si la aparición de la imagen y el sonido en la industria de la comunicación y del ocio, es la que ha devaluado los otros sentidos con que percibimos la realidad, pese a que los investigadores saben que los olores suscitan emociones muy profundas asociadas al recuerdo. Pero basta con que la mirada nos dé una imagen satisfactoria de lo que observamos.

El otro día compré un juego de cuchillos aparentemente artesanos en el viejo bazar de un pueblo pintoresco llevado también por la ilusión de la vista y lo amable y auténtico del paraje. No cortan. Un somero recorrido por el filo no me descubrió el fraude y el aspecto tosco y eficaz de aquellas herramientas no me permitió dudar por un momento. Pero eso no es todo. Hay cucharas que se doblan sin el concurso de Uri Geller, prendas que chisporrotéan cuando nos las quitamos, toallas que no secan, azucar que no endulza, colonias que no perfuman y flores que no huelen. Si alguien pretende enseñar a un niño como olían las violetas o las rosas tiene que recurrir a un ambientador. ¡Cómo han de hacer miel las abejas, cuya población ha descendido en España a la mitad! Pero vayan a una tienda de alimentación y hallarán miel de cien marcas y mil flores, o por lo menos unas sustancias ambarinas y melosas etiquetadas como tal.

Entrar en una frutería era antes una experiencia tentadora en que porfiaban los olores del melocotón, los albaricoques, los higos, las cerezas y el melón. Eso no importa ahora: lo que cuenta es que los melocotones sean del mismo calibre, que es la denominación castrense que los comerciantes dan al pacífico tamaño, que los higos estén alineados y los melones sean iguales. ¡Quién piensa en algo tan vago e inútil como el sabor, si ya nada sabe!

Un ganadereo conocido quiso vender dos terneras que se había reservado para leche. Las cedió a unos amigos porfiando a la baja porque nadie las quería. ''Claro que la carne es excelente, pero la clientela la quiere sin color porque cree que la ternera es blanca''. Lo mismo pasa con el pollo, al que no se admite el tono sonrosado aunque nadie se opone a que lo atiborren de hormonas. Eso no se ve. Un allegado ha prohibido las gallinas en su casa desde el día que regalaron al menor de sus hijos un pollito amarillo y vivaz con el que todos se encariñaron, hasta que comenzó a crecer, a perder el plumón y las plumas, y a tornarse un monstruo adiposo y repugnante, al que desbordaba la celulitis formando bolsas informes. El día que se le rompio una pata lo hicieron matar para tirarlo entre el desconsuelo general. Eso por no hablar de las especias y el llamado ''colorante alimentario''. Convendría que cerrásemos los ojos hasta que aprendiésemos a juzgar con los otros sentidos.

Darío Vidal

30/03/05


 

       El fraude de la mirada (30/03/2005 17:29)


Publicado: 29/03/2005


 

MATAR AL TONTO


Al desmontar las tiendas y armar sus carromatos para continuar camino adelante, los feriantes que han acampado estos dias de Pascua Florida en la ciudad pacense de Jerez de los Caballeros han hallado escondido y muerto entre los faldones de lona y los vientos, los engrasadores, los cubos de basura y los tendederos, al inocente ''tonto del pueblo'', el manso expiador de las limitaciones y las torpezas de los mozos ''listos'' y despiadados de la dura España rural del subdesarrollo, que suponíamos para siempre redimidos de la crueldad por la compasión y la cultura. Pero Caín ni duerme ni aprende.

Han encontrado al ''tonto'' al que no se veía desde hace unas fechas, hecho un ovillo como para protegerse, acurrucado como un animal perseguido, cubierto de sangre, con la cabeza hendida a cantazos y una gran piedra manchada a su lado. Allí entre las ásperas cortinas de lona, no saben aún qué día, agonizó en desamparo, silencio y soledad, el justo que no hizo mal, como una metáfora cruel del Jesucristo que resucitaba este Domingo de Pascua, para dar testimonio de su humano fracaso ya que la fiera humana no tiene redención. Ni merece que nadie la perdone ''pues -como decía el Segismundo de Calderón- el delito mayor del hombre es haber nacido''.

Después de tantos siglos inútiles, de tanto tiempo de estéril aprendizaje de la fraternidad y la cultura, permanece vigente el mandato instintivo de la especie que impele a los más fuertes a aniquilar a los débiles, los enfermos, los tarados y los no-útiles, con los que hay que compartir los alimentos y constituyen un lastre para el desplazamiento y la movilidad de la tribu. Surge la sórdida exigencia de dar muerte mediante el rito salvaje del asesinato por lapidación al disminuído de la tribu. La necesidad de matar al perdedor para alejar el fantasma del fracaso que todos llevamos dentro, desde Colón que pensaba haber llegado a Asia -Las Indias Occidentales- por el lado opuesto, o Cervantes que creía justificada su existencia por el Persiles y la Galatea mientras menospreciaba el Quijote como un puro entretenimiento de presidiario, o Churchill que hubiera deseado ser diplomático, o Franco que no logró cumplir su sueño de ingresar en la Academia Naval para graduarse como marino de guerra.

Dulce final el de la muerte sin mancha. Y triste fin el del inocente de mente brumosa y confusa, perplejo por una agresión que no comprende, por una contumacia que no se explica, por una ira que desconoce, por una crueldad de que es incapaz, por una brutalidad que no acierta a relacionar con sus errores. Dios lo haya acogido en su paternal y tibio abrazo, y repudie a los cobardes -pues como tales fueron más de uno- que le dieron tormento hasta la muerte y le vieron llorar y envolverse en los brazos para mitigar el castigo, y cómo le levantaban la piel con los golpes, y se le empapaba el cabello con la sangre que hacían brotar, y le oían resollar, y gemir pidiéndoles piedad sin despertar su compasión, porque querían matar en él la propia crueldad, la estulticia y la perfidia, la cortedad, la torpeza, la mezquindad, la cobardía, la simpleza y la depravación propias, nauseabundas, despreciables, inhumanas e imperdonables.

Matando al ''tonto'' no han sacrificado al chivo expiatorio para borrar en él sus culpas como creían sino que han cargado sobre sí toda la impiedad y la ignominia de su crueldad en pugna con la inocencia.

Darío Vidal

28/03/05

 

       Matar al tonto (29/03/2005 20:12)


Publicado: 27/03/2005


 

DEUDAS DE LECTURA


Debo reconocer como una causa perdida que me sonroja mi deuda con Oswald Spengler. No, no lo conocí. Ni lo dejé plantado. Pero la asidua lectura de Ortega me hizo apetecer ''La decadencia de Occidente'' que adquirí con beata reverencia en mi época de primero de Filosofía, la época inolvidable de Manuel Sacristán y José María Valverde que tanto me inquietaron y despertaron aunque ambos veían ya a don José, tan estimulante para mí, como un antepasado. Ahora dicen que el filósofo alemán está ultrapasado pero no puedo opinar porque nunca lo leí. Lo guardé como un premio para las vacaciones y lo seguí postergando una y otra vez después de hojearlo, pasear la mirada por el índice y dejarme cautivar por su apetitoso contenido. Lo tengo ante mi y veo entre los otros el lomo cuando escribo, pero sé que es tan inalcanzable como aquel viaje a las Seychelles que un día acaricié, cuando un ''tsunami'' imprevisto, feroz y apocalíptico, aún no las había barrido para mi generación.

El caso es que ha pasado otra Semana Santa con su cúmulo de propósitos y proyectos, tal que si fuera inacabable, y Spengler ha seguido durmiendo en su anaquel acreciendo mi sentimiento de fracaso y de culpa. Digo yo que un día habré de acometer su lectura como quien cumple una promesa, para que no me atormente toda la eternidad. Aunque es posible que con esas cosas suceda como con todo lo largamente deseado, que es peor lo vivo a lo pintado pues siempre lo que imaginamos supera a la realidad y hay autores que solo se sustentan en el fulgor de unas frases luminosas, mil veces repetidas y jamás leídas, hasta convertirlas en anónimas como el camino al andar de Machado. Frases que descubren contenidos sutiles y profundos, o encubren obvias tautologías insustanciales que terminan fatigando a poco que se desbrocen.

Otras veces esas deudas de lectura tienen que ver con otro género de carencias. Por ejemplo, nunca leí el Quijote apócrifo de Avellaneda, que a nadie se le ha ocurrido publicar en este cuarto centenario del original, como elemento nada desdeñable para entender la segunda parte, que el Manco Sano escribó ''para dar a don Quijote finalmente muerto y sepultado porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados y basta también que un hombre honrado haya dado noticia de estas discretas locuras sin querer de nuevo entrarse en ellas''.

Tampoco he leido en una edición fiable los Vedas hindúes. Ni el ''Inno a Satana'' de Carducci el maldito, que un día hallé por fin y, sin terminar de leerlo, me desapareció misteriosamente para siempre. Como esos volúmenes raros hallados en las casas de lance que nunca encontramos en el estante en que los dejamos al llegar a casa. Se trata de esos libros tránsfugas que nos pasamos la vida buscando y dudamos haber poseído. Libros con vocación de desaparecidos. Por ejemplo, no termino de leer ''La curación por la palabra en la antigüedad clásica'' de Laín Entralgo porque me lo topo cada dos o tres años. Y otros es una fiesta hallarlos como el ''Diccionario de voces españolas geográficas'' de la Real Academia de la Historia, que debo a la gentileza del profesor Joaquín Escuder Viruete y que guardo siempre tan bien para no perderlo que no lo encuentro nunca. Yo puedo asegurarles que mi biblioteca es un espejismo, un mero decorado, un trampantojo. Nunca hallo lo que busco.

Darío Vidal

27/03/05

 

       Deudas de lectura (27/03/2005 18:34)


Publicado: 26/03/2005


 

INIQUIDAD


Cuando andábamos metidos en nuestra resistencia antifranquista conocí a muchos comunistas, a muchos luchadores de Comisiones e incluso de la UGT. A quienes no se solía ver era a los socialistas. Los comunistas no eran nada cobardes y se paparon bofetadas, detenciones, torturas y cosas peores. Se la jugaron pero ninguno ha mandado nunca. Otros fuimos procesados y pasamos miedo. Pero eso es lo menos que podía ocurrir. Y a todos nos molestaba ver aquella figura erguida o dominadora y ecuestre recortándose contra el cielo de ciertas ciudades. Pero teníamos la dignidad de no querer abatir una vez muerto al que no habíamos sido capaces de abatir cuando vivía.

Esa era la razón del silencio en torno a esas estatuas que nos infamaban pero que no teníamos derecho a profanar. Pero he aquí que, en un alarde de fervor democrático, el ayuntamiento de Guadalajara ha retirado los monumentos a Franco y José Antonio para evitar que peregrinasen hasta ellos ''grupos ultra''. Y una de dos: o los ''grupos ultra'' hacían el salvaje, cosa que la policía debería haberse ocupado de reprimir adecuadamente o se dedicaban a la nostalgia inocua de los himnos, y en ese caso nada puede objetarles la Democracia. Sí acaso, a quienes impiden la libre y pacífica exteriorización de las ideas, que en este caso es el Consistorio.

El alcalde en funciones de IU, Jordi Badel, ha acometido la arriesgada tarea, en ausencia del titular, Jesús Alique del PSOE, pero hay que suponer que no por sorpresa. Fué como en Madrid hacia la una de la madrugada o sea con nocturnidad, pero esta vez con alevosía porque aunque aseguran haber puesto las estatuas a buen recaudo para que no se produzcan incidentes, la foto muestra una de ellas tumbada en una acera y manchada de pintura roja. Una dudosa proeza de quienes no han sido parte en su relevo, sobre todo treinta años después, cuando el tiempo y el aire fresco han borrado tanta pesadilla y las generaciones de nuevos españoles no saben ya quién era Franco. ¡Qué energía perdida! Brava hazaña, señores concejales: en Guadalajara han logrado resucitar al dictador, como su colega Zapatero hizo en Madrid.

A muchos no nos gustaban las imágenes del general, pero habíamos dicho que aquello era historia; convinimos en que todos perdimos vidas y futuro con la contienda; que había que volver a empezar, y que haríamos lo necesario para que nada justificase en el futuro que los españoles se matasen entre sí. No es fácil de entender que la carencia de proyectos de un grupo de malos aficionados les lleve a reanimar el fantasma del rencor y del odio para prolongarse en los cargos. Lo mismo que sería inadmisible que los ciudadanos cayésemos en esa trampa, porque el anterior gobierno logró recuperar a España en cierta medida de su secular ensimismamiento y nos hizo mirar al mundo para competir en él. Ese ha de ser nuestro foro. Y nuestro proyecto, hacer que se oiga nuestra voz; no desangrarnos hurgándo en nuestras barrigas con las bayonetas.

Proyectar un futuro partidista o personal en el enfrentamiento es una indignidad, una iniquidad, una felonía y un crimen que puede conducir a otros crímenes. Perpetuarse en el poder fomentando la discordia, la división, el odio y el rencor, es copiar precisamente el método en que Franco sustentó su mandato. Quienes eso hacen, merecen ser maldecidos.

Darío Vidal

24/03/05

 

       Iniquidad (26/03/2005 00:26)


Publicado: 23/03/2005


 

LA AGONIZANTE DE TAMPA


A mí que me perdonen, pero el espectáculo de los melindres hipócritas y la pudibunda impudicia de los anglosajones me parece un espectáculo repulsivo. De algunos anglosajones quizás, estoy dispuesto a admitirlo, pero no rebajo en nada mi rechazo. Eso de magnificar los sucesos y exponerlos en la plaza pública para mostrar piedad y compunción colectiva, cuando tan poco inclinados son a la compasión y la lástima, me parece una obscenidad. La almibarada compasión por la mujer que lleva quince años agonizando irreversiblemente en Tampa, no se aviene con la frialdad con que esa sociedad es capaz de condenar a muerte a un adolescente, a un loco o a un retrasado mental, y la impavidez con que acepta las torturas a los inmundos prisioneros de Abu Ghraib y Guantánamo, o justifica la agresión a otros paises por causas inventadas, aunque siempre tercermundistas y desarmados desde luego, sin vacilar a la hora de aniquilar por procedimientos atroces a la población civil, tan indefensa por lo menos como Terri Schiavo pero más inocente porque no vota, más hambrienta y más desatendida.

No voy a entrar en la pugna macabra de unos y otros, para adoptar la postura de los que sugieren seguir alargando artificialmente por más tiempo la vida de la agonizante de Tampa, o la de quienes proponen desconectarla para que muera de hambre y de sed. No desearía estar en el papel de unos u otros. Pero este dilema atroz se debate y resuelve todos los días en miles de hospitales del mundo, en la discreción de un cuarto blanco, frío y anodino, con dolor y entre sollozos sin hacer de ello un espectáculo. La vida tiene trances espantosos, humanas situaciones inhumanas, dolores inasumibles y sobrehumanos, momentos que nos marcan para el resto y nos roban la sonrisa para siempre.

Es entendible que quienes la contemplan con la mirada perdida pero los ojos abiertos y una espeluznante media sonrisa de muerta, se resistan a darse por vencidos. Puede comprenderse también que otros se nieguen a condescender con un futuro sin consciencia ni esperanza. Lo difícil de explicarse es que un suceso doméstico, trágicamente doméstico pero que se repite cada día -y muchas veces en los hospitales de los paises agredidos-, escale a las primeras páginas de los periódicos como un suceso excepcional, movilice a los expertos y los jueces, y mueva a George Bush, el promotor de dos sangrientas guerras sin pretexto, el inspirador de diabólicas prisiones, el denegador de miles de indultos y firmante de más de un centenar de condenas a muerte durante su gobernación de Texas, a interrumpir sus vacaciones para firmar apresuradamente una ley que consienta un último recurso a los padres de Terri Schiavo con objeto de permitirle que siga agonizando.

Hay cosas que no se entienden. Sobre todo cuando caen en manos de la hipocresía política, como la paciente de Tampa y las manipuladas víctimas del terrorismo en España.

Darío Vidal

23/03/05

 

       La agonizante de Florida (23/03/2005 16:39)


Publicado: 22/03/2005


 

EL CHICO DE MINNESOTA


Como en 1999 en Columbine ha sucedido ahora en Minnesota. Es espantoso pero no inconcebible. Mayores y chicos llevan por la calle armas de fuego como quien lleva unos patines, una tabla de surf o una raqueta de tenis, con solo acreditar que las han pagado. Imagino el gozo que debe procurarles acariciar un arma porque yo siento por ellas una rara fascinación cimentada en las viejas novelas del Oeste, ''El Coyote'' y ''Mac Larry''. Pero hay que reconocer honestamente, aunque la Asociación Nacional del Rifle de EE.UU apoye el derecho de los americanos a portarlas, que esos precisos e ingeniosos artilugios fueron concebidos para matar. Y si no se pretende matar no hay que llevarlos.

Un alumno de diecisiete años que había advertido varias veces de que un día los mataría a todos, ha penetrado en su instituto con varias armas y después de matar al guarda de seguridad que había en la puerta, ha entrado en su clase disparando. Allí han muerto la profesora que estaba dando la clase y cinco condiscípulos mientras dejaba trece heridos. Y cuando advirtió que acudía gente alarmada por los disparos, se ha suicidado. Al acceder a su domicilio, la policía encontró los cadáveres de su abuelo y la señora que vivía con él. Aquello había sido el preámbulo, pero no sació ni su sed de venganza ni la catarata del odio.

Fatiga repetir tantas veces la apelación constante no ya a la violencia sino al crimen que se nos hace desde la televisión y el cine, la agresividad inducida por la música agria, irritante, rabiosa e iracunda, las descorteses maneras de las gentes y la exaltación de la estética marginal en el vestir. Ayer oía el testimonio de ''un gachó, tío, que había estado enganchao al caballo, joer, tío, porque los chavales tienen que entretenerse en algo, ostia, y teníamos pasta, que nos la currábamos y no sabíamos en qué gastarla, tío, y empezamos con la mierda y ya ves. Que yo no digo que la droga esté mal, que está ahí, pero es una cosa más, tío, y no hay que estar pensando siempre en ella''.

Mas no se trata de eso. Que también. Lo del chico de Minnesota rebasa según pienso la anemia imaginativa de estos adolescentes desorientados y no puede explicarse solo por la carencia de opciones que les ofrece la sociedad para dar cauce a la humana necesidad de trascenderse. No me propongo hacer una homilía pero la aspiración de las personas no puede quedarse en ''tener que entretenerse en algo''. Es cierto que hay chicos magníficos como los ha habido siempre, en las ONG y el voluntariado, pero es urgente dar salida a la pasión y la energía de estos otros que podrían enriquecer también a sus iguales puestos en otra tesitura.

Lo malo es que abandonados a sí mismos desde niños y marginados en la soledad -ahí están los desajustes y las deserciones familiares que nos alcanzan ya- esos chicos que se reconocen como prescindibles para todos, que saben que no tienen lugar en ningún sitio ni cabida en otro corazón, se aislan en sí mismos, aborrecen a los dichosos, se anegan de resentimiento, se envenenan de rencor, juzgan a los demás usurpadores de la atención que merecen, rechazan al mundo, desprecian a los otros y se odian hasta la aniquilación. Su cólera no se extingue matando al objeto de su aborrecimiento, porque el odio es ya más ancho que sus causas. Es un odio universal, inextinguible, despiadado, invasivo y total que les empuja a matar, matar, matar.....para acabar con todo.

Darío Vidal

22/03/05

 

       El chico de Minnesota (22/03/2005 19:49)


Publicado: 21/03/2005


 

LEVAS DE SUICIDIO


''La vida no nos ha dado nada''. Esta es la queja que ha concertado las voluntades de los tres hombres que se citaron en la casa rural de Lober de Aliste en Zamora para quitarse la vida.

Nunca se sabe lo que pasa por la cabeza de un mortal, ni siquiera cuando lo que pasa es la propia muerte, pero me parece inconcebible que alguien alegue la vulgaridad del pasado para negarse al futuro. Porque no se han quejado de fracasos, de desgracias ni sufrimientos sino de la irrelevancia de un existir insatisfactorio. No creía que la biografía, la historia y el tiempo ido, pudieran inducir a quitarse la vida. Siempre pensé que las causas de tan funesta decisión eran más bien la carencia de futuro, la falta de expectativas, la ausencia de proyectos, en una palabra la mengua de ilusión por el tiempo que viene. No parece que impulse a nadie al suicidio descubrir que no sabe por que ha vivido, sino no tener por qué vivir. Algo que debería hacer reflexionar a los políticos. Eso al margen de la naturaleza contagiosa del suicidio como comprendieron nuestros bisabuelos con las desventuras del jóven Werther, nuestros padres con los ''kamikazes'' japoneses, y nosotros con los asesinos suicidas islamistas. Un proyecto tan repugnante para la razón como el de privarse voluntariamente de todo proyecto, es capaz de alzar levas de suicidas y en tiempos del Glorioso se prohibía la información de estos sucesos para evitar su ''efecto llamada''.

Hace muchos años, cuando éste era un país con pocos automóviles y muchas carencias, con pocas titulaciones y muchas caballerías, con pocas oportunidades y muchas ganas de reír, que vivía sumido en una perpetua Cuaresma de las de antes, y a los hombres se les saltaban los ojos golosos al ver a las turistas destapadas con biquinis, la gente se sorprendía mucho al saber que se suicidaba tanta gente en los países nórdicos, que eran para nosotros la cifra de la perfección, la felicidad y la opulencia.

Aventuraban que sus vidas carecían de atractivo porque se hallaban encauzadas desde la escuela sin opción para elegir, descubrir, explorar, escoger y equivocarse. Eran sociedades tan perfectas que sus ciudadanos no eran libres. Ellos sabían dónde se colocarían de acuerdo con el aprovechamiento de su aprendizaje y las notas de sus estuios, cuánto irían cobrando con los años y qué percibirían a su jubilación. El único escape para la fantasía era la elección del paisaje de las vacaciones: toda la sorpresa y la aventura se concretaba a unas semanas al año.

Pues bien. Hemos alcanzado aquel ansiado estatus, con la diferencia de que aquí nadie garantiza el empleo ni asegura el futuro. Y eso no estimula a vivir precisamente. Los tres conjurados para morir no tenían problemas personales ni afectivos, ni carecían de trabajo. Eran un arquitecto, un ingeniero y un directivo de empresa. Los han llevado a tres psiquiátricos distintos para estudiarlos y dicen que no existe una patología que explique su comportamiento.

¿Qué nos sucede? ¿Por qué no somos felices como cuando éramos pobres ni capaces de idear cualquier actividad como una aventura?

Acaso es que antes se lograba todo con esfuerzo porque costaba más de lo que valía y estábamos tejidos de esperanza. Y puede que hoy hayamos perdido la paciencia y olvidado el arte de desear.

Darío Vidal

21/03/05

 

       Levas de suicidio (21/03/2005 21:33)


Publicado: 20/03/2005


 

FERNANDO ALONSO


Fernando Alonso, ese hombrazo jovencito, sosegado y discreto que conduce los coches tan deprisa, se ha puesto el primero en el Campeonato del Mundo de Velocidad. Lo presentíamos: no es un maniquí sino un deportista de los pies a la cabeza, con una ilusión sin límites y una voluntad enteriza. Y las personas así consiguen cuanto se proponen. La llave maestra del poder es el querer. Proponerse una meta y luchar, porfiar, padecer, empeñarse y sufrir por ella, más allá de la fatiga y el desánimo, conduce a alcanzarla sin ningún género de dudas.

Su victoria en el circuito de Sepang en Malasia es también un trinfo agónico y hermoso como todas las proezas, siempre teñidas de heroísmo. El podio de Fernando Alonso no constituye una hazaña por haber llegado primero. Siempre llega uno. Lo es porque conquistó tal puesto con un sufrimiento desmedido, con un esfuerzo descomunal, y porfiando contra todo. Conquistó la primera plaza sin que los espectadores adivinasen que estaba luchando contra el desfallecimiento de su propio organismo, ya que una avería en el sistema de rehidratación le impedía reponer el agua perdida por el esfuerzo y el sudor, bajo una temperatura exterior de 50º C y altísima humedad ambiental, así es que con una sed insufrible, la boca seca y experimentando probablemente las primeras impresiones sensoriales alteradas por la carencia de sales minerales, había perdido cuando llegó a la meta cuatro kilos y tuvo una bajada de tensión. Eso sí que es ganar y ser un campeón.

En un momento en que se exalta el hedonismo como fin, se rechaza el esfuerzo, se elude el sufrimiento y se reclaman derechos desdeñando el deber, la actitud de este hombre joven, salido apenas de la adolescencia, debiera ser un ejemplo para todo el mundo. El esfuerzo es duro y el sufrimiento indeseable, pero no deben eludirse cuando se pretende llegar porque aunque en la ESO y la LOGSE los regalen, los títulos solo se obtienen si se conquistan poniendo empeño. Y además la asunción del sacrificio y la soledad de la elección, hacen madurar, hacen crecer, curten y nos hacen personas. Por eso resulta sorprendente el aplomo y la sensatez de este jovencísimo asturiano, que replicaba al entusiamo desbordante de sus seguidores diciéndoles que no crean que está todo hecho, que faltan quince pruebas para acabar el campeonato, que habrá muchos momentos difíciles y que no le consideren todavía campeón del mundo, porque pueden surgir imprevistos, desaciertos y accidentes. Este jóven gran hombre les autorizaba únicamente a gozar del instante; a alegrarse de aquel truinfo que nadie ya podía quitarle, a gozar con aquel provisional primer puesto para España. Pero del futuro, Dios dirá.

Lo que nadie sabe es que lejos de este jóven asturiano, un jóven aragonés estuvo comiendose las uñas durante el entrenamiento y la carrera sin apartar los ojos de la pantalla del televisor, midiendo los tiempos y ponderando la estrategia del equipo. Se llama Miguel Vidal y es el físico que ha dotado al nuevo coche de Alonso de un sistema revolucionario de telemetría ''autocicatrizante'' inspirado en la regeneración celular e ideado por él, que es capaz de mostrar a ingenieros y piloto, en tiempo real, los valores ideales y los valores actuales de inyección, frenada, combustible, temperatura, régimen, neumáticos y los restantes parámetros, con capacidad para regularse automáticamente y la posibilidad de auto-reparar los eventuales desajustes de los sistemas informáticos.

Va a ser cuestión de arrumbar los vetustos complejos. Estos chicos están devolviéndonos la autoestima.

Darío Vidal

21/03/05


 

       Fernando Alonso (20/03/2005 18:02)


Publicado: 19/03/2005


 

REFLEJOS DEL WINDSOR


Este país nuestro parece una novela de misterio. El presidente de una comunidad autónoma acusa a su antecesor, sin anestesia y por sorpresa, de haber cobrado comisiones por la autorización de obras públicas, y los salientes le acusan de mentir. El partido que perdió la elecciones acusa a los vencedores de un feo contubernio con confidentes dobles y policías venales para inclinar la voluntad de los electores, y le tilda de haber vulnerado la jornada de reflexion previa a los comicios, utilizando malas artes para desequilibrar las encuestas durante las últimas horas. Mientras que el que ha ganado asegura que aquel mintió y ocultó información con el mismo propósito. Y unos y otros se tiran a la cara los muertos de un horroroso atentado islamista que perpetraron los musulmanes ''salafistas'', pero que con anterioridad había proyectado la ETA pues tiempo atrás envió dos furgones cargados de explosivos, aunque fueron descubiertos e interceptados por la Guardia Civil en el cruce de la nacional con Pina de Ebro. Cien interrogantes para averiguar. Pero es que unas horas antes de la escogida para sembrar la muerte aquel 11 de marzo de 2004, dos camionetas confluyeron en la estación de Atocha de Madrid enviadas respectivamente por Al Qaeda y ETA, procedentes de dos lugares distintos. Otras preguntas para no dormir. Pero el Gobierno opina que se trata de una coincidencia. Por lo visto, todos los días cruzan furgones llenos de titadyne y goma-dos en todas las direcciones conducidos por etarras e islamistas y no es difícil que coincidan en su destino casualmente. Parece que unos u otros se sientan incómodos cuando se pretende indagar según qué. De momento los vencedores en los comicios han dado por conclusa la comisión de investigación precisamente cuando las pesquisas y las declaraciones estaban acercándose a las incógnitas.

Aún no repuestos de estos sucesos ardió un rascacielos en Madrid, y contrariando la tendencia natural de las llamas a ascender, el fuego se propagó hacia abajo para alcanzar el piso en que se guardaban documentos del Ministerio de Defensa custodiados en una caja fuerte, aunque por fortuna ''carecían de toda importancia'' según un portavoz autorizado. Poco después se hundía un túnel que estaba construyéndose para el ''metro'' en el barrio barcelonés del Carmelo. Y un ingeniero anónimo asegura que se empleaban malos materiales, al tiempo que un cierto contratista asegura que se ponía menos de la mitad del cemento necesario.

Harían falta tantas comisiones de investigación, que probablemente no tenemos expertos para dotarlas a todas. Pero no hace falta tampoco. Los problemas se deshinflan como globos pinchados. Y ahora resulta que un especialista de bomberos asegura que las figuras humanas que vimos moverse pausadamente en el piso catorce y que todos convenían en que eran las personas que habían descerrajado la puerta del sótano, no son figuras. Son reflejos.

Quienes aquí no crean en los dogmas y los misterios de la Iglesia, que no se amparen en la Lógica para negarlos: vivimos envueltos en una realidad que rebasa el sentido común.

Darío Vidal

19/03/05

 

       Reflejos del Windsor (19/03/2005 12:28)


Publicado: 18/03/2005


 

TORPEZA O VILEZA


Es más difícil hacer que deshacer, más complicado recomponer que destruír. Construir demanda sabiduría, inteligencia, esfuerzo, constancia y tacto; destrozar no exige nada. Un niño travieso es capaz de hacer añicos la delicada porcelana china de la dinastía Ming que compramos en aquel anticuario, de un solo manotazo, y un terrorista analfabeto puede acabar en un instante, sin ningún esfuerzo, con la vida del estudioso que más sabe del Quijote o el científico que investiga la enfermedad que pudo con su madre y acabará con él.

Horas de sacrificio callado, días de esfuerzo silencioso, años de trabajo constante pueden echarse a rodar por una torpeza imperdonable o un impulso vil. Y estamos contemplando con desolación y desaliento cómo se resquebraja el edificio que levantaron con no poca cordura y encomiable generosidad, los políticos de la Transición. Empezando por el texto constitucionnal, tan trabajado, trabajoso y consensuado para que nadie se quedara o se considerase fuera.

Todo eso fué difícil y costoso. Lo fácil es darle gusto al cuerpo y quitar la estatua ecuestre de Franco por ejemplo. Pero ese es poco patrimonio para un mal testamento. No es posible tapar la incompetencia ni ahora ni mañana derribando estatuas. Hay que hacer otras cosas además.

No se me oculta que muchos microcéfalos de los que tantas veces han ensangrentado la Historia de España, desde uno u otro bando, porque ''joden con la cabeza y piensan con los cojones'', me señalarán de facha y de franquista. Es un recurso fácil para no hacer autocrítica. No voy a excusarme por cuanto no me atañe. Tengo muertos a ambos lados de las alambradas como tantos españoles y nunca incliné la cabeza ante el General. Ni de niño me pusieron jamás la boina y la camisa para ir a campamentos, ni me condecoró nunca por relatar sus viajes, al revés que a otros colegas. No le gustaban mis crónicas.

Desde esa independencia opino ahora que desmontar la estatua ecuestre de Franco en los Nuevos Ministerios -aunque no hubiera sido por la noche y a escondidas- es una descomunal torpeza o una vileza envenenada que no puede contribuír más que a generar tensiones entre los que nos habíamos olvidado de que estaba allí -aunque tal vez no nos gustase- y los que juzguen su desaparición como una afrenta. Una afrenta innecesaria. Bastantes cosas tenemos por resolver, para entretenernos poniendo palos entre los radios de las ruedas. Por ejemplo, me parecería un gesto más gallardo no amedrentarse ante Ibarratxe y Carod y decirles claramente dónde se halla el límite, que mostrar tanta arrogancia ante la estatua de un muerto. Me da a mí que nuestro altivo Zapatero alzó muchas veces el brazo para que se le airease el sobaco, si entonces era tan servil con quien mandaba como lo es hoy con los que le sustentan.

Si no queremos que este país se nos rompa en las manos, el partido socialista habría de sustituir a su líder. Quien gobierne ha de hacerlo para todos. Desde el momento en que son elegidos, los presidentes no pertenecen al partido sino a la nación. Un estadista se crece ante ese reto y ese honor. Pero de eso mejor es no hablar. Es dificil hacérselo entender a un ''gregario'' del pelotón, a un tipo de vuelo gallináceo que no ha hecho otra cosa en sus años de congresista que pulsar el botón para dar el voto. No pensaba cuando menospreció la bandera americana que le iba a caer la presidencia. Y esa es una sorpresa de la que no se repondrá en la vida.

Darío Vidal

18/03/05

 

       Torpeza o vileza (18/03/2005 17:23)


Publicado: 17/03/2005


 

LEGISLAR CONTRA EL PUEBLO


Disculpen la expresión demagógica y populista, y consuélense sabiendo que no voy a utilizarla como eslógan para presentarme a las elecciones. Pero a veces resulta que las frases que a primera vista parecen excesivas son pura verdad y como decía aquel sabio cuya infancia transcurrió en un patio de Sevilla donde florecía el limonero, ''la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero''.

Eso de que no se legisla para la gente mansa de la calle sino contra ella es algo que descubrimos al alborear la adolescencia. Pero entonces éramos bastante ''rojatas'' y era lógico pensar que pudiéramos desbarrar por la inclinación y por la edad. Mas era cierto. Es una verdad que confirmamos con los años, a medida que se hinflan e hipertrofian las incontables administraciones y los funcionarios crecen como setas, y opositan para descansar como habrán advertido con la creciente tendencia a transferir a los ciudadanos las tareas que deberían constituir su cometido. La Ley no se concibe para auxiliar al administrado sino para complicarle la existencia. Recuerdo el discurso con que nos regaló, el día que se incorporaba a la cátedra, un profesor tan malo como malquerido después de haber aprobado las oposiciones, que ilustra esa cainíta inclinación a menoscabar y entorpecer de algunos funcionarios: ''Deseo comunicarles que he ganado la plaza tal por oposición, y a partir de hoy les daré clases de tal asignatura. ¡Señores: a suspender!'' No dijo a aprender, no; ni a estudiar, ni a trabajar. No. A suspender. Eso dijo: ¡A fastidiarse!

La legislación está para eso. Un viejo legionario me decía ponderando su devoción por la amistad: ''Mire usted: al amigo, el culo si es preciso; al enemigo, por el culo, y al indiferente, la legislación vigente''. Aquí se ha tenido siempre por cierto y averiguado que la Ley está hecha para eso, gobierne quien gobierne. Ahí tienen sino la reciente decisión de abaratar los despidos e indemnizar con menos días por año trabajado. Una iniciativa social de nuestro zapateril Gobierno socialista y de izquierdas. Qué risa. Aquí funda alguien una asociación para imaginarias víctimas izquierdistas del terrorismo y otra para supuestas víctimas derechistas del terrorismo -¡que majadera intrepidez!-, o quita crucifijos de la escuela -¡qué audacia!-, o profiere un rebuzno contra la Historia de España, las tradiciones populares o los curas -¡qué modernidad!-, y es de izquierdas. No hace falta argumentar ni dar alternativas. Con eso basta para resultar de confianza entre los que hacen cola para obtener su credencial de ''vieja guardia'' maoísta. Luego no importa defraudar en la renta, explotar inmigrantes, ''afanar'' comisiones, especular con la arena, o legislar para los ricos que al fin son los que mandan siempre. Basta con ser dócil a los jefes, acrítico con el partido, y cobarde para sí. Y escudarse siempre en decisiones asamblearias amparándose en el ''se ha acordado'' y ''se ha decidido''. ¡Quién ha hablado de compromiso! En este país resulta muy barato ser de izquierdas.

Así es que hasta la llamada izquierda ''nos mete el brazo por la manga''. Y las leyes son trampas para incautos. No le ha sucedido a un amigo como la gente dice, sino a mí. Cambié de ciudad y me empadroné en otra, que comunicó a la primera tal mudanza. Pues bien, no se ha enterado porque yo no dije nada. Y ahora pretende embargarme. ¡El timo del ''tocomocho''!

Darío Vidal

17/03/05

 

       Legislar contra el pueblo (17/03/2005 19:50)


Publicado: 16/03/2005


 

NO ME CUENTE NADA


¿Se acuerdan de que cuando rompíamos el jarrón del comedor corríamos a la puerta de casa al oír entrar a la mamá para asegurarle que no habíamos roto nada? Y cuánto nos desconcertaba con su perspicacia preguntando que cómo sabíamos que se había roto algo. ''Es que ha sido él'', decía el enano. ''¡Y por qué no te metes en tus cosas, alcahuete! ¡No hagais caso a nada de lo que os diga!''. Pasados los años, alguien se interesaba: ''¿Has recogido las notas de Matemáticas?'' No. ''¿Tampoco has mirado las listas?'' No, no. ''Yo tengo que pasarme por la Facultad. Si quieres las veo y te las digo?'' ¡No, no, no! O aquello otro de: ''¿En qué compañía tiene usted asegurado el chalet? ¡No me diga que no; es una imprudencia terrible! ¿Sabe lo que le ha sucedido a...?'' No, por favor. No me cuente nada. No quiero saber más. No soporto ya más tensión, más miedo, más advertencias y más estrés.

Así han cerrado la Comisión de investigación de los atentados del 11 de marzo de 2004. Cuando peor olía todo y se habían descubierto tramas negras, conexiones sorprendentes, vínculos entre traficantes y policías, ocultación de información, escamoteo de piezas de convicción, y denegación de declarar a algunos testigos principales, el partido del Gobierno dice que ya sabe suficiente, que apaguen las luces y desalojen; que no quiere saber más; que no le cuenten nada. ¿Por qué, si entonces no gobernaba? ¿Qué teme? A lo mejor sabe quién rompió el jarrón. El argumento pueril de que la Comisión de Investigación ha durado demasiado es risible. Se tarda a esclarecer las cosas, lo que se tarda. Ni un minuto menos. El propósito de las averiguaciones no es que se acaben en un plazo fijo, sino que disipen el misterio. Y si se clausuran cuando comienza a atisbarse la senda, no es exagerado calificar tal decisión como un fraude. Los más jóvenes dirían que les mosquéa, y nosotros no, porque hablamos de otro modo. Cuando un partido u otro, o todos a la vez -que de todo ha habido en la viña del Señor-, se oponen a abrir una investigación o se apresuran a cerrarla, es porque ya sabe lo que los otros quieren indagar, pero no desea que los demás lo averigüen. Ya ven lo que sucede con la 'omelette soufflée' del barrio barcelonés del Carmelo, que gracias a Dios no fué más 'omelette' porque no cogió a ningún cristiano debajo. ''¡Que nadie se mueva, que aquí no ha pasado nada!'' Y luego les escandaliza que hablen de 'omertá'.

Bien, el caso es que el partido en la oposición acaba de manifestar por boca de Zaplana que no puede suscribir la conclusión de las indagaciones porque han sido desestimados los testigos que proponía, algunos de ellos de capital importancia. Y eso es como tapar un absceso purulento sin tratarlo ni sajarlo. Aunque se oculte, no se cerrará. Y el portentoso talante componedor -cediendo siempre-, del presidente del Gobierno, no resuelve sino que aplaza la resolución de los problemas diciendo a todo ''si'' mientras éstos engordan. Si no los afronta día a día, le estallarán -nos estallarán- todos de golpe. Pretende negociar con ERC un pacto fiscal para Cataluña, incluso en perjuicio de otras Comunidades de su propio partido; los funcionarios de Justicia van a ir a la huelga, y el déficit por cuenta corriente creció un noventa por ciento en los últimos doce meses, lo que supone casi el cinco por ciento del PIB. Y a las familias de los muertos y los heridos del crimen de Atocha no les sirve lo de ''no me cuente nada''. Aunque lo diga Peces-Barba.

Darío Vidal

16/03/05





 

       No me cuente nada (16/03/2005 20:34)


 

AYALA, UN AÑO PARA UN SIGLO


Mañana cumplirá noventa y nueve años uno de los más grandes escritores españoles de este siglo. Uno de los personajes míticos de la Contienda; uno de los derrotados -que lo fueron todos y los que vinimos- que vivió, sufrió y sobrenadó el exilio dando testimonio de una España que mereció mejor suerte.

Francisco Ayala, artista de verbo translúcido y fluyente, es uno de esos escritores que dejan sin aliento no por la pompa, inexistente, de su escritura, que es mansa como un arroyo, sino por su hondo saber y su verdad. Como en un gran poema, no sobra en su texto una palabra. En una obra de arte que lo sea, no falta nada ni sobra un ápice. Y todo parece necesitarse, explicarse, complementarse y justificarse con todo lo demás. Francisco Ayala no necesitaría haber escrito su obra para ser un gigante; hubiera bastado con uno de sus libros, aunque mejor es que no hayan faltado los demás, porque con cada uno alcanzamos mayor goce. El goce de un clásico en el sentido ancho, hondo y solemne, que asienta su escritura en una radical españolidad sin pudor y sin complejos y le hace vecino de Quevedo y de Cervantes desde una modernidad intemporal como la de Lázaro de Tormes y una universalidad que lo acerca a todas las culturas.

Al lado de este veterano escritor reciennacido, que hace el español tan fácil y tan llano, tan rico, tan expresivo y tan sencillo, siente uno vergüenza ajena de tantos ''nobel'' de provincias que oponen a una solidez tan consistente, tan desmedida ambición, tan arrogante incultura, tan improvisado adiestramiento y tan impertinente impaciencia -deprisa, deprisa, deprisa- propios de los genios de pronto, de los descubrimientos de certámen, de los hallazgos de premio, de las ofertas de márketing, de los autores de un solo libro, de ''los usurpadores'' en fin, y de tanto alfeñique y mequetrefe de tertulia de la radio, que no se sustenta sino en la intriga.

No es cosa de la edad sino de la excelencia. La solidez de Francisco Ayala no es achaque de los años sino privilegio del saber, por eso nada en su obra es supérfluo y desde la novela más solemne al relato en apariencia más liviano, están construídos con primorosa delectación, con precisión minuciosa: todo es un concierto en que cada instrumento deja oír su voz.

No tienen gran valor estas líneas que quisieran ser de felicitación, al lado del obsequio de cumpleaños con que él nos va a obsequiar mañana presentando su último libro sobre ''La invención del Quijote'', un título tan prometedor y sugerente que augura enriquecerlos como lo hicieron aquel libro soberbio que llamó ''Los Usurpadores'' en que transparece la Historia de España a traves de nimios sucesos relatados por terceros personajes sin relieve que nos descubren la vacilación de Torquemada, la física decadencia del Hechizado, y la tramoya de tantos decorados en que su sensibilidad, su imaginación y su cultura descubren el clima de los tiempos sucesivos. Como las novelas del ciclo americano tales que ''El fondo del vaso'' y ''Muertes de perro'' en que se representan todas las miserias del Poder y que han constituido desde su descubrimiento libros de meditación y de mesilla, que a cada lectura se manifiestan más esclarecedores y diferentes, sin demérito de ''La cabeza del cordero'', ''El jardín de las delicias'', ''Cazador en el alba'', ''La niña de oro'', y sus sagaces y penetrantes ensayos.

Desde hoy y desde aquí pido a Dios que podamos celebrarlo muchos años y nuevamente en su centuria.

Darío Vidal

15/03/05

 

       Ayala, un aņo para un siglo (16/03/2005 02:27)


Publicado: 15/03/2005


 

99 AÑOS DE FRANCISCO AYALA


Mañana cumplirá noventa y nueve años uno de los más grandes escritores españoles de este siglo. Uno de los personajes míticos de la Contienda; uno de los derrotados -que lo fueron todos y los que vinimos- que vivió, sufrió y sobrenadó el exilio dando testimonio de una España que mereció mejor suerte.

Francisco Ayala, artista de verbo translúcido y fluyente, es uno de esos escritores que dejan sin aliento no por la pompa, inexistente, de su escritura, que es mansa como un arroyo, sino por su hondo saber y su verdad. Como en un gran poema, no sobra en su texto una palabra. En una obra de arte que lo sea, no falta nada ni sobra un ápice. Y todo parece necesitarse, explicarse, complementarse y justificarse con todo lo demás. Francisco Ayala no necesitaría haber escrito su obra para ser un gigante; hubiera bastado con uno de sus libros aunque mejor es que no nos hayan faltado todos los demás, porque con ello alcanzamos mayor goce. El goce de un clásico en el sentido ancho, hondo y solemne, que asienta su escritura en una radical españolidad sin pudor y sin complejos, que le hace vecino de Quevedo y de Cervantes desde una modernidad intemporal como la de Lázaro de Tormes y una universalidad que lo acerca a todas las culturas.

Al lado de este sólido escritor reciennacido, que hace el español tan fácil y tan llano, tan rico, tan expresivo y tan sencillo, siente uno vergüenza ajena de tanto ''nobel'' en ciernes, de tanto genio de pronto, de tanto hallazgo de premio, de tanta oferta de márketing y tanto alfeñique y mequetrefe de tertulia de la radio

porque en él nada es supérfluo, y desde la novela más trabada a la aparente liviandad del relato, con construye con primorosa precisión, todo es un concierto en que cada instrumento deja oír su voz.

No tienen gran valor estas líneas que quisieran ser de felicitación, al lado del obsequio de cumpleaños que él nos hace, presentando su último libro sobre una interpretación del Quijote y que nos dejará la huella que nos dejó ese libro soberbio que son ''Los Usurpadores'' en que transparece la Historia de España a traves del relato de los hechos por terceros, o de ''El fondo del vaso'' y ''Muertes de perros'' que han constituido desde su descubrimiento, libros de meditación y de mesilla que cada vez se manifiestan esclarecedores y diferentes.

Desde hoy y desde aquí pido a Dios que podamos celebrarlo nuevamente en su centuria.

Darío Vidal

15/03/03




 

       99 aņos de Francisco Ayala (15/03/2005 23:56)


Publicado: 14/03/2005


 

MAFIOSOS, GANGSTERS Y PANDILLEROS


Nadie pone en duda que luchar contra el crimen no es tarea fácil. Basta con observar cómo se expande y qué sutilmente se adecua en cada caso a la varia topografía del cuerpo social a que parasita. El llamado crímen organizado de cuello y guante blancos no tiene la sórdida apariencia de las bandas suburbiales, manchadas de grasa y de basura, aunque recurran a parecidos procedimientos. Las mafias suelen ser ''holdings'' de empresas gestionados por honorables hombres de negocios no demasiado escrupulosos con el código de Comercio, que procuran no sacar los pies de las alforjas ni hacer uso de los pistoleros más que en casos de extrema necesidad. Mientras, utilizan la ingeniería financiera y la artesanía fiscal al tiempo que se extienden de manera lenta pero implacable como el aceite, hasta penetrarlo y emponzoñándolo todo. Pueden ser mecenas, ''esponsors'', patronos de fundaciones culturales y directores de organizaciones altruístas y beneméritas que coinciden con las autoridades en las campañas de Navidad, se hacen presentar a los políticos, se implican en la vida social, y comparten mesa, mantel y favores con aquellos a quienes utilizarán.

España, tierra de maleantes y bandoleros -acaso no más que otros, pero no menos- posee un rico vocabulario para designar a ladrones pobres y asilvestrados como los forajidos que andaban fuera de poblado huídos de la Justicia y los facinerosos habituales, con frecuencia violentos más de poca monta. Pero carece del léxico adecuado para designar a esos granujas financieros sin conciencia que ahora nos parasitan. Nuestra mala gente, a costa de la cual se han rasgado las vestes los críticos británicos que han tildado a la ''novela picaresca'' de género inmoral, nunca alcanzó la perfección criminal de sus retorcidos asesinos. Por eso no tenemos más voces que maleante, granuja, bribón, pillo o sinvergüenza, que son sonoros apelativos para pobres diablos, como tunante, bellaco, malandrín, ruin, bergante, rufián, y otros epítetos inadecuados para designar a estos expertos que se sentirían menospreciados y ofendidos si conocieran que les otorgábamos un trato tan poco adecuado a sus méritos.

Aparte de asesino y homicida, y bandido, cuatrero y bandolero que son más bien tecnicismos para designar especialidades distintas del oficio, la manera más cabal de designar a los delincuentes a que están echando el guante estos días en Marbella sería la de pandilleros, o miembros de una pandilla que ''se confabulan para engañar, perjudicar o hacer daño a otros'', que es lo destapado en la ''Operación Ballena Blanca'' con los tres notarios notables, siete letrados y otros cuarenta implicados de varias nacionalidades detenidos, que constituyeron más de cuatrocientas sociedades fantasma bajo la dirección del abogado chileno Fernando del Valle para blanquear dinero -convertido en 251 inmuebles, dos aviones, un barco, 42 automóviles de lujo y otros bienes- procedente de la trata de blancas, el tráfico de estupefacientes, el contrabando de armas, las redes de inmigración ilegal, estafas internacionales, fraudes en Bolsa, secuestros, ajustes de cuentas y homicidios. El más grande embrollo de la Historia. Como en las películas pero de veras. Cabe preguntarse por qué los políticos dejaron crecer ese cáncer. Y exigirles que orillen la frivolidad por una vez. Primero por nuestra propia seguridad, y luego porque la prensa inglesa, tan comprensiva con el albañal gibraltareño, ha comenzado a rebautizar a la Costa del Sol con el nombre infamante de ''Costa del Crímen''.

Darío Vidal

14/03/05

 

       Mafiosos, gangsters y pandilleros (14/03/2005 23:28)


 

EL ESTILO IBARRETXE


Ya sé que los vascos no son tontos. Lo sé por tantos amigos, por la gente de la calle, por mi don Miguel de Unamuno y por Fernando Savater. Lo se. Pero quien siga la precampaña electoral de Ibarretxe no podrá sustraerse a la aprensión de que habla para gente mal dotada. Tanto el fondo como la forma hacen pensar en los primeros grados de una escuela parroquial.

Ayer mismo decía que los único que hacen tanto el PSOE como el PP en cuanto abren la boca es ''hablar mal de Euskadi''. ¿Pero supone que sus oyentes no le oyen más que a él y no leen más que el ''Deia''? ¿Cómo van a hablar mal del País Vasco si socialistas y populares son tan vascos, más vascos tal vez, que él? Y aunque no lo fuesen, a nadie se le ocurriría contender en unas elecciones poniendo como un trapo a los electores. Ese argumento, si es que tal eructo merece un nombre compatible con la racionalidad, no es más que la decantación de su propia torpeza, la expresión de una indigencia intelectual alarmante para sus seguidores, a no ser que sus seguidores entiendan sus palabras como un alarde de sutileza y finura política, que todo podría ser. Que cada cual extraiga sus conclusiones.

El otro razonamiento que constituye el pilar de su anémico discurso, sí que es cierto aunque él lo venda como una felonía, una deslealtad y una traición. Dice que si ganan populares y socialistas no van a dejar que manden ellos.

Pues, hombre, claro. No faltaría más. No iban los socialistas a cometer por segunda vez la sansirolada de cederles la presidencia que no habían conquistado, como hace unos años, para que sus primos hermanos los acaben uno a uno. ¿Que PP y PSOE mandarán si ganan? Por supuesto. Igual que hicieron ellos sin ganar. Igual que se hace siempre. Los partidos se presentan a los comicios para ganar y hacer las cosas a su manera. Aunque él no debe temer que, ni unos ni otros, secuestren la voluntad popular con el chantaje, la amenaza y el miedo como han hecho los suyos durante treinta años, valiéndose de sus primos de zumosol, o sus amigos los grandullones del colegio con licencia para matar. Socialistas y populares jamás les obligarán a salir a la calle con escolta ni les intimidarán con manifestaciones coactivas. De ello puede estar seguro el señor Ibarretxe.

Y entonces sí que vivirán todos -todos digo- en paz, y se reactivara la actividad comercial, y renacerá la pujante industria, y sus moradores recuperaran el sosiego contando con que no corren el riego de que les hagan la raya del cabello con un proyectil de nueve milímetros ''Parabellum'', y los visitantes nativos y foráneos volveran a recorrer aquella hermosa tierra marinera y vegetal, melancólica y alegre al mismo tiempo, tan acogedora y amable antes de ahora. Y muchos que no volvimos a pisarla desde que nos expulsaron con su muda -o sonora- hostilidad de las íntimas tasquitas portuarias (''¿Desde cuándo maketos y txakurras por aquí?'') tornaremos para ''que no nos lo cuenten'' como sugiere su márketing turístico.

Pero los que pensaban alzarse con el santo y la limosna al ser ilegalizada ''Sozialista Abertzaleak'', se han puesto de los nervios cuando han supuesto que no recogerán la herencia de sus votos, si se presenta su blanco sosias impoluto de ''Aukera Guztiak'' . Tienen motivo para ello.

Darío Vidal

14/03/05

 

       El estilo Ibarretxe (14/03/2005 16:49)


Publicado: 13/03/2005


 

NIEVE SIN AGUA


Hacía tiempo que no veía a la gente tumbada en la playa, sentada en las terrazas y exponiéndose deliberadamente al sol como esta mañana. Sentimos un hambre de luz, de brisa y primavera que me hacía pensar en los nórdicos que descienden cada año hasta el Mediterráneo como aves migratorias. Lo entiendo. Después de un invierno de alivio, un invierno con noches a diez y hasta a veinte bajo cero en ciertas poblaciones -lugares habitados y no cumbres alpinas-, varias nevadas, creo que cuatro, en Mallorca, y también Barcelona, en Valencia y en Murcia, que es casi más raro que ver llover en Tumbuctú, se explica que nos postremos a adorar al dios Ra, al dios Atón, al Padre de los rayos benéficos.

Lo inexplicable es que haya cambiado todo tanto que ya no sirvan ni los antiguos saberes de nuestros antepasados. ''Año de nieves, año de bienes'', decían regocijados no sé si por convicción o para aliviarse de las penalidades de las frías jornadas y la pesadumbre de los cielos helados. Pues bien, nada de eso es cierto en nuestros días. Tal vez la nieve no se derrite para reponer los acuífereos y alimentar los arroyos, o ya no está hecha de agua. Pero el hecho es que nos vienen amenazando con un estío de sequía como no lo padecíamos desde hace treinta y cinco años. Menos mal que estamos a salvo de huracanes, tifones, y de momento a resguardo de ''tsunamis'', mientras a la Isla de la Palma no le ponga la zancadilla cierta placa tectónica que se cuartea bajo su asiento en los abismos de la Tierra, allá donde tienen su morada los demonios. Porque ese día, según dice desde hace varios años un grupo de científicos aguafiestas que avisan de desgracias que no podemos evitar ni prevenir, un terrible maremoto barrerá el litoral atlántico de España, Portugal y Francia, se adentrará incluso por el Mediterráneo haciendo estragos, y alcanzará las costas de California con olas de doscientos metros. Han calculado las hectáreas anegadas por el agua, las playas desaparecidas, e incluso el número de víctimas. Pero no quiero decirlas porque las severas premoniciones de unos y otros -las vacas locas, la fiebre aftosa, la gripe del pollo, la lengua azul- y el sensacionalista aliento de los medios, están convirtiendonos en una sociedad hipocondríaca, neurótica, insolidaria, egoísta y miedica. (''¡Que paren el mundo, que me apéo!'')

Pero eso no es todo. En este país en que se desentierran los cadáveres de la Guerra contra el juicioso criterio de ''cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid; en que se azuza a unas autonomías contra otras, porque las otras no quieren ser como las unas (''en este país todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que los otros''); en el que algunos políticos blanden los muertos como garrotes para herir a los contrarios, y se crean nuevas asociaciones de víctimas del terrorismo en lugar de agruparlas, con el único propósito de dividir y utilizar de un modo repugnante y obsceno a los que sufren; en este país de páramos y sed, algunos especuladores pretenden llevarse el agua del lugar en que fluye y discurre, hasta las urbanizaciones que edifican en la costa con campo de golf.

Dicen que no hay agua en los pantanos. Y eso anuncia una nueva campaña de los apóstoles del progreso, el desarrollo y el turismo, como el melífluo patriota de Miami Julio Iglesias, y el inefable Johan Cruyff que exhibe su careto incluso en las vallas de sus urbanizaciones.

Miren ustedes: si el agua ha de ser para esas sabandijas que pagan campañas contra los que no pueden beber, que no llueva.

Darío Vidal

13/03/05

 

       Nieve sin agua (13/03/2005 01:57)


Publicado: 12/03/2005


 

TIEMPO DE COMER


Uno de los cambios sociales más significativos de los tiempos de las posguerras continentales fué la supresión de la comida como ceremonia social, la abolición de la comida como rito. Hasta la generación de mis abuelos se reunían los comensales, pobres o ricos, acallaban las conversaciones y las bromas y, en el silencio, el de más autoridad y respeto bendecía la mesa salvo en las fiestas y los acontecimientos familiares en que con frecuencia se le concedía el honor al más pequeño. Una vez consumida la pitanza, rara vez copiosa, antes de levantar los manteles quien bendijo la mesa daba gracias a Dios por ''los manjares que habían recibido de su benéfica mano''.

Comer era un acto colectivo que los campesinos aprovechaban para agradecer al Todopoderoso que hubiese granado el trigo con que habían hecho aquella hogaza, que hubiesen crecido los garbanzos que plantaron para este cocido y que hubiera medrado sin contratiempo el cerdo cuyo hueso de jamón -que aquí se prestaban las comadres y llamaban ''sustanciero''- había dado sabor a los alimentos. Hasta tal punto era un rito comer, hasta tal punto una actividad quasi-sagrada, que enseñaban a hacerlo despecio y en silencio como en misa, guardando la charla y la chanza para luego de haber terminado y dado gracias. La jornada se ordenaba en torno a las comidas, que constituían el acontecimiento nuclear y una referencia temporal aunque fueran humildes y escasas. Y nadie desdeñaba las sobras ni tiraba el pan.

El acto de comer carece ahora de significación salvo para unos cuantos viciosos aficionados a la gastronomía, de tal manera que los copiosos libros que aparecen, la mayoría fraudulentos, se consumen como la literatura pornográfica, y se ensayan, como ésta, sólo los sábados. El resto de los días no se come, se reposta en la alargada barra del ''snack'' sin saber qué se ingiere y leyendo el periódico. De todos modos, nos aguarda lo peor si copiamos las maneras de los americanos: nos falta tomar la sopa en ''brik'' sentados en un banco como mendigos, y devorar la hamburguesa caminando de un lado para otro entre el bullir de la multitud, los sonidos agresivos de la ciudad, las bocinas de los coches y el humo de los escapes. Eso sí que es progreso; no puede negarse.

Y he aquí que Francisco Abad, profesor de la Facultad de Medicina de Zaragoza nos recuerda en un reciente libro sobre las humildes migas cómo sólo los justificados reparos higiénicos han desterrado la costumbre de comerlas del mismo caldero cuando se tomaban en compañía. (''Migas. Un clásico popular de remoto origen árabe''). Y que ese democrático modo de compartirlas -sólo se cocinaban y comían entre hombres- suponía un gesto de tácita subversión, al rechazar implícitamente la jerarquía, lo que no significaba desdeñar el respeto a los iguales puesto que reclamaba templanza, sosiego, generosidad, moderación y harta delicadeza en el trato con los otros compañeros (los que con-parten el pan), pués aunque el modo de conducirse era el de ''cucharada y paso atrás'' tampoco debía excederse el trozo que cada cual tenía supuestamente asignado.

Quien se adentre en esta amorosa averiguación del profesor Abad sabrá que en el norte conocieron las migas sólo Navarra y Aragón, pero no Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco y Cataluña aunque sí los territorios interiores, y aprenderá también los mil modos de hacerlas en una y otra parte. Una bella lección de Gastronomía y Antropología cultural.

Darío Vidal

12/03/05

 

       Tiempo de comer (12/03/2005 22:59)


Publicado: 11/03/2005


 

PACTO DE SILENCIO


En este día de recuerdos dolorosos, no todo es malo. Este 11 de marzo va a ser el de la reconciliación. CiU y PSC han hecho las paces. Pelillos a la mar. Era previsible. Cuando el agua llega a la caja registradora se corta la corriente no vayamos a tener un cortocircuito, que una cosa es la representación, los amagos y aspavientos, y otra muy distinta dar de veras.

Habían tensado la cuerda demasiado y no era descartable un accidente, así es que han recuperado el ''seny'' y han firmado la paz. El PP por su parte ha retirado su moción de censura momentos antes de proceder a la votación que iba a perder, mientras su portavoz denunciaba un pacto de silencio entre las fuerzas nacionalistas ''para taparse mutuamente las vergüenzas'', que expresa claramente la ''omertá'' entre compinches. De este modo, un comportamiento políticamente arriesgado pero profundamente gallardo encaminado a recuperar la transparencia de la vida política, se ha convertido en un episodio bufo, en un suceso grotesco.

Para la mirada limpia de un espectador ingenuo es un espectáculo incomprensible y bochornoso, como todo lo que suponga ocultar hechos turbios, ya que los actores de este cuento quedan como consortes conchavados. Pero mientras los unos han entendido que por ese camino no iban a obtener sino pérdidas, los otros no se han percatado de que su retractación y la retirada de la denuncia les acusa de no tener el techo limpio. Ya les advirtió el ex-presidente Pujol que no tenía inconveniente en seguir adelante, de modo que Maragall no se llamara a engaño. Y Maragall ha leído el mensaje. Ahora celebran el silencio como una muestra de cordura y de prudencia política, y se han concertado todos contra Piqué para desviar la atención del respetable. Pero es el caso que si los hechos que el PSC imputó a CiU son ciertos, retirar la denuncia es una cobardía o una indignidad, y si por el contrario son falsos, la actitud socialista es calumniosa y difamatoria. De modo que no pueden quedar las cosas como están.

Lo malo es que algunos políticos tienen la capacidad de degradar hasta los gestos más nobles. Una actitud tan generosa como reconocer públicamente un error, y un acto de humildad tan admirable como pedir disculpas, adquiere en este caso la apariencia de una representación entre Mas y Maragall, en tanto que Piqué hace el papel del tonto de las bofetadas, que para algo ''no es de la Parroquia''.

Desde luego que la gente de la calle sabe lo que sabe y sospecha mucho más. A algunos, estos sucesos les han confirmado lo que se temían, y otros han empezado a denunciar sus propias experiencias creyendo que todo va a esclarecerse. Pero nada cambiará. O acaso sí, aunque no sea de forma inmediata, porque quienes se avienen a estas compone