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Publicado: 20/02/2005


 

¡MENUDO DEFENSOR!


Cuando se queda atrás la adolescencia y languidece el noble idealismo de Boy Scout que anida en todo muchacho digno de su juventud, no se demanda ya a los otros el heroísmo que exigen los que aún no conocen el miedo. A aquella edad no se conoce sino la aprensión al rechazo de la guapa de la clase, la incertidumbre del temido suspenso, el remusguillo por la anunciada bronca del padre y no sé si algo más, porque la muerte no figura en el repertorio de los acontecimientos previsibles. A ciera edad somos inmortales.

Luego vamos descubriendo la enfermedad, el desgarro del accidente, el fallecimiento del amigo, y algunos por desgracia el chantaje, la extorsión y el terror alentado por las amenazas de muerte de los sicarios de la ETA. En ese trance ya no esperamos gestos wagnerianos que nosotros no seríamos capaces de adoptar, pero no renunciamos a un mínimo decoro aunque no sea más que para no menoscabar demasiado la autoestima. Ahora bien, lo único que se puede solicitar a quienes no son capaces de gobernar sus íntimos esfínteres es que no acepten responsabilidades que los pongan a prueba. Una cosa es que el apocado señor Peces-Barba padeciese una insidiosa escurribanda cuando aquellos enloquecidos penetraron en el hemiciclo del Congreso disparando sus armas, y otra muy distinta aceptar un cargo que ha de ponerle inevitablemente en frente de los asesinos de la ETA, cuando se posee tan flaca disposición y tal tibieza como suele caracterizar a los comprensivos ''equidistantes'' como él, incapaces de reaccionar con mediana gallardía ante el asesinato de colegas, correligionarios y amigos. Mas si aceptó el encargo no tiene derecho a arrugarse ahora y mucho menos a traicionar a aquellos cuya defensa se le ha encomendado, por no hablar de la vileza de justificar los apoyos a los asesinos de una facción sediciosa del Estado como es el Gobierno vasco, vejando y ofendiendo a los afectados y la memoria de los muertos. Lo malo es que sus miedos no sólo le llevan a evitar la desaprobación de sus antiguos clientes los terroristas, sino que le impidieron manifestarse hace unos días con los amenazados, y ahora asistir al III Congreso de Víctimas que va a celebrarse en Colombia.

Eso sí, como persona ponderada y justa, reconoció que las ayudas a los criminales y sus víctimas deben ser equilibradas, de manera que no reciban más apoyo aquellos que estas, lo cual parece razonable en un ''equidistante'' como él. Lo que no parece tan equitativo es que los que atracan, chantajean, secuestran, estragan, extorsionan, lesionan, infaman, amedrentan, delinquen y asesinan, merezcan alguna compensación. Y más que haya de equipararse a la que precisan los que han perdido su negocio, lloran a sus familiares, necesitan al psicólogo, y han de ir además custodiados a todas partes, tan privados de libertad como los que se hallan en prisión, pero con riesgo de que aquellos les asesinen.

Si tales juicios están inspirados en el sentido de la Justicia del señor Solé-Barba, debe dimitir, y si se deben a otro ataque de diarrea, debe dimitir también. La asociación más numerosa lo viene solicitando hace ya tiempo. Mas el Gobierno ha creado el cargo de Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, lo mismo que una nueva asociación innecesaria, para desgobernar a las víctimas y enfrentarlas incomprensiblemente, con un propósito que se nos escapa. Y lo está consiguiendo. Pero ya lo sabremos.

Darío Vidal

20/02/05

 

       Menudo defensor (20/02/2005 13:13)