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Publicado: 17/02/2005


 

CONSTITUCIÓN Y DESPOTISMO


Con lo de la Constitución Europea sucede como con las pruebas de la existencia de Dios: que hay tantas para afirmarla como para negarla. Con lo cual todo se reduce a una cuestión de fe. Quien previamente desea creer, elige los argumentos, como escoge los suyos quien niega la existencia divina.

Pero hay algo mas serio que el articulado, en un documento que pretende demarcar el campo de juego y establecer también las normas de convivencia de los ciudadanos y las instituciones de un Continente como el europeo. Y ello es su inspiración. Porque la inspiración es como el espíritu que lo impregna todo. Así es que desde la perspectiva de su origen, nada me parece más opuesto a la filosófica tendencia de la cultura europea hacia la luz que un documento urdido en el ocultamiento, sobre todo si se trata de una propuesta de Constitución que habría de haberse gestado en debates abiertos entre los diputados, con luz y taquígrafos y participación ciudadana, y ha surgido de la sombra concluso y sin otro asentimiento que el silencio. Los proyectos humanos pueden no ser perfectos, pero nunca son inocentes cuando excluyen la transparencia porque se han urdido en el seno de una sociedad secreta, restrictiva y elitista, de objetivos borrosos y propósitos ambiguos.

Pues bien, el farragoso e inextricable texto que nos proponen votar de consuno el PSOE y el PP, el CiU y el PNV cada cual por sus motivos no siempre declarados, ha sido inspirado, elaborado y coordinado por el Gran Maestre Valery Giscard d'Estaing. Y vean ustedes que ninguno de sus apologetas aporta razones diáfanas, solidas y contundentes, sino dudosas y balbucientes tautologías; obviedades aplicables a cualquier iniciativa. Da la impresión de que todos tocan de oído y sin haber leido el texto, como aquel niño que al preguntarle qué iba a pedir a los Reyes Magos contestó resueltamente que un ''tampax''. ''¿Pero tú sabes qué es eso?'' ''No, pero sirve para nadar, para jugar al tenis, para montar a caballo y para no privarse de nada...?''

Nadie se opone a la idea de Europa; nadie discute una reglamentación consensuada, que no sé si habría de tener carácter de Constitución. Pero cabía esperar que el Parlamento de una Europa adulta -una Europa de iguales y no de siervos como la que abolió la Revolución de 1789- hubiese sido el encargado de redactar, discutir y debatir su texto para someterlo a la aprobación de los ciudadanos que son los que debieran decidir y no ser decididos. No caeremos en la ingenuidad de suponer que ese procedimiento correcto desterraría la maniobra, la intriga, el pacto y el cabildeo, cuando ni el Espíritu Santo parece capaz de evitarlos en el Cónclave para elegir sucesor de Jesucristo en la Tierra, pero la clara intervención de la gente -''vox pópuli, vox Dei''- puede poner límite a ciertos excesos.

La vetusta estantigua atildada que ha dado forma a su texto, el contumaz y arrogante aristócrata favorecedor de etarras, que se ha propuesto dar vigencia trescientos años después al desdeñoso y clasista Despotismo Ilustrado en que se inspiró su dieciochesca fratría, ha encontrado la fórmula más adecuada para favorecer la fractura de la sociedad y la desconexión entre gobernados y gobernantes, suficientemente aislados ya de los ciudadanos en su idealista burbuja estanca de Bruselas. Pero, en fin, cada cual sabrá. Aunque respaldar lo que no se entiende es una necedad.

Darío Vidal

17/02/05

 

       Constitución y Despotismo (17/02/2005 19:19)