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Publicado: 04/02/2005


 

LA ''EMPANADA''


José María Gil Robles daba en los años '30 una receta de supervivencia que, mal recordada, venía a decir algo así como ''Abrir bien los ojos, verlas venir y dejarlas pasar''. Me parece que extraía incluso alguna conclusión, pero no puedo recordarla. Lo malo es que aquella doctrina de sálvese quien pueda para náufragos políticos tuvo consecuencias: las peores consecuencias.

Pienso que cualquier estrategia tiene que basarse en el uso adecuado de la oportunidad y que la política es pura estrategia, de modo que es de primordial importancia medir los tiempos. Hay quienes se fatigan de predicar verdades sin que nadie repare en sus palabras hasta que alguien repite esas mismas razones en el tono adecuado y el momento preciso y todos las acogen como una revelación.

Un político ha de ser flemático para no dejarse arrastrar por los nervios y la prisa, pero tampoco debe limitarse a ''dejarlas pasar''. Porque el tiempo juega algunas veces a favor y otras en contra. Pero alarma sospechar que el señor Zapatero se halle sumido nuevamente en una de esas crisis periódicas de pasmo que a veces le acometen; uno de esos baches de desgana y apatía invencibles o de mortal indecisión a que le conduce su empanada sobre ''lo progre'' y el gesto.

En este momento, el tiempo juega en contra. Cada instante concedido a Ibarretxe y Maragall para que terminen creyendose y haciendo creer sus bravuconadas se convierte en un siglo, y, lo que es peor, en un precedente. No hay que olvidar que cuando más cerca se considera alguien de la meta, más esfuerzo requiere disuadirlo y más riesgo comporta. El señor Zapatero ya está haciendo tarde. Ibarretxe habla y se desenvuelve de modo distinto desde hace una semana. Se considera un vencedor. Y es prudente saber que cuanto menos tiempo acaricie su espejismo de triunfo, más fácil será reconducir la situación.

Quedan unas pocas jugadas antes de recurrir a la fuerza. Y no hay que esperar a resolver el partido en la tanda de penaltis, para lucimiento del portero. Sería una irresponsabilidad culpable. Porque además no sólo se trata de afianzar nuestra identidad cinco veces centenaria, sino de disipar cualquier duda sobre la firmeza de nuestra determinación colectiva, con la mayor contundencia.

Mil muertos, mil asesinatos alevosos soportados en primer lugar por los vascos con una firmeza heróica, y por el resto de los españoles con una dignidad ejemplar desechando la humana tentación de la venganza pero sin inclinar la cabeza ni doblar la rodilla, son un patrimonio que no puede malograr la inepcia, el desconcierto, la ambición, la indecisión, la ambigüedad, la incompetencia o la desorientación de un Gobierno que confunde la democracia con la claudicación.

Amar a España no es de fascistas ni de carcas. Y declararlo no ha de ser motivo de vergüenza. Han pasado muchos años desde el franquismo para que algunos pusilánimes cobardes sigan alimentando ese complejo. Que Franco se apoderase de los símbolos no quiere decir que fueran suyos, sino que los usurpó.

Vi luchar entonces a muchos comunistas, a muchos republicanos, a miles de estudiantes y trabajadores de todas las tendencias e incluso de ninguna contra la Tiranía, para sentir un día el orgullo de declararse españoles. ¿Dónde están ahora? ¿Por qué se les traiciona? Se han subido al carro los que no arriesgaron nada. Por eso les importa un bledo que se desmembre España.

Darío Vidal

04/01/05

 

       La empanada (04/02/2005 11:53)