Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 29/01/2005


 

LA CONSTITUCIÓN DE BOKASSA


El texto del ''Tratado por el que se establece una Constitución para Europa'' se entregó con todos los periódicos un domingo. Son unas 175 páginas diseñadas con pésimo gusto y compuestas con letra menuda y antipática como de contrato o de prospecto farmacéutico. Consta de 4 partes, 23 títulos, 20 capítulos, 48 secciones, y varias subsecciones. No existen los artículos familiares en nuestras leyes y el contenido es tan técnico como cabe suponer en una Ley de leyes. Eso es cuanto Gobierno y oposición están dispuestos a hacer por nuestra comprensión del documento, que tiene notables complejidades legales, ya que no se limita a un simple andamiaje en que instalar con coherencia y orden las otras leyes, sino que constituye un corsé a mi juicio agobiante, como hecho por el aristócrata francés Valèry Giscard d'Estaign, converso al asfixiante unitarismo centralista napoleónico. Fuera de eso, unos ''spots'' televisivos con vaguedades que a nada comprometen: esas obviedades innegables y seráficas a las que todos asentimos sin ninguna objeción pero sin fe.

Me gustaría conocer la opinión autorizada de un constitucionalista, pero la ocurrencia de don Valeriano, que pretende perpetuarse en la Historia con este edificio barroco, me inspira bastante recelo. Eso aparte de la antipatía que irradia el personaje, que por cierto distingue con un desprecio absoluto a todo lo español como demostró, por no ir más lejos, en plena elaboración del documento, cuando respondió a la objeción de uno de nuestros políticos que aquello ''eran cosas de españoles'', sin perder un instante en dar satisfacción a su demanda.

Reconozco que estos argumentos pueden tacharse de viscerales y de ser muy subjetivos. Lo acepto. Pero hay otros de carácter político que no lo son, como su actitud tolerante y aún cómplice durante la etapa más cruel y sanguinaria del terrorismo en España, dando cobijo a los ''comandos'' en Francia con la excusa de la naturaleza del Régimen, cuando el propósito era evitar el despegue de un país capaz decompetir. Una actitud cruel, miserable, imperial y nada acorde con su supuesta devoción continental.

Podrá decírseme que ese puede ser el error de un dirigente pasado de moda y fuera ya del tiempo. También. Pero existe aún otro argumento moral que me parece definitivo, y que pasa por encima de su elevado rango en la jerarquía de cierta organización secreta, una militancia incompatible con la transparencia que debe caracterizar a un político: es la amistad personal con el dictador africano Jean Bedel Bokassa, del que no rechazaba dádivas cuantiosas a cambio de su mediación internacional, ni hacía ascos a sus obsequios de diamantes, ni a sus invitaciones a los grotescos eventos políticos, como cuando en 1976 se hizo coronar Emperador vestido de Napoleón, antes de que el pueblo lo derrocara y hallase en la despensa de su palacio grandes frigoríficos llenos de terneras -que resultaron ser tiernas jovencitas sacrificadas para su consumo- y bebés para asar enteros en el horno. Prácticas despiadadas y espeluznantes que no podían desconocer los servicios secretos franceses ni ignorar el presidente de la República. No sé si es posible mayor abyección.

Esta historia, que es la historia de Giscard d'Estaign entre otras muchas, no me permite confiar en la rectitud de juicio ni tomar en consideración el criterio moral de este circunstancial paladín de la Constitución Europea.

Darío Vidal

29/01/05

 

       La Constitución de Bokassa (29/01/2005 13:07)