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Publicado: 28/01/2005


 

DIVIDIR Y CONFUNDIR


Si, como dicen los filólogos, la voz Diablo deriva etimológicamente de la expresión ''el que divide'' (dia-bolé), hay muchas cosas diabólicas en este bajo mundo nuestro. Para empezar, casi todas las que tienen algún contacto, comercio o parentesco con los partidos, que no parecen concebidos para aunar esfuerzos ni para la recta gobernación de los pueblos, sino para partir, fragmentar y dividir, haciendo honor a su nombre, que no será gratuito porque no hay nada menos inocente que las palabras.

A raíz del detestable incidente de la manifestación por las víctimas del terrorismo de hace una semana, parece haberse desvirtuado por completo el significado de las dos entidades que agrupan a los afectados. A los ojos del ciudadano bienpensado y puerilmente deseoso de hallar todavía causas justas, se han convertido tristemente en ''los del PSOE'' y ''los del PP''. Porque gracias a la torpeza, u otra cosa peor, del Gobierno, la ETA atenta contra los de derechas y los musulmanes contra los de izquierdas. Es difícil concebir un despropósito mayor, pero así están las cosas. Nadie sabe qué porcentaje de una y otra tendencia viajaría en los ferrocarriles malditos y si no ofendería a alguna de las víctimas que la alineasen con la izquierda. Pero confío en que los muertos se purifiquen en el tránsito agónico de las estupideces y niñerías de los vivos. De los vivos pertinazmente dormidos.

Por lo que hace a los malhechores de la ETA, guardamos memoria de que han ido asesinando minuciosa, cristiana, pareja y equitativamente, sin mostrar significativas preferencias, a hombres y mujeres buenos de izquierdas y derechas. Y ahora que parecemos volver a la realidad después del ''shock'' de los desgarradores sucesos del 11-M, nos preguntamos como si acabásemos de despertar por qué esa duplicidad de asociaciones, como si para velar por la memoria de los muertos y los derechos de los vivos fuera preciso multiplicar las instituciones. Y más aún qué significa, qué función tiene y para qué sirve ese Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, y por qué ha sido nombrado el diarréico don Gregorio Peces-Barba, togado defensor de etarras, ciudadano medroso, tembloroso diputado incontinente, y gestor cauteloso e indeciso. ¿Qué tiene que hacer en ese guiso un figurón, un avechucho, un archipámpano, que no sea capaz de lograr un anónimo gestor eficaz y modesto?

A veces está uno por pensar que ese modo de entorpecer las cosas desde arriba tiene algún propósito que desconocemos. Ha tardado mucho tiempo a que se hiciera algo por los que han sufrido el desgarro del terrorismo con uno y otro gobierno. Y he aquí que cuando la Asociación de Víctimas del Terrorismo se organiza y comienza a dejarse oir y a tener el reconocimiento social y el prestigio que merece, el propio Gobierno crea otra nueva asociación como si tuviera distintos propósitos, mientras advierte que hay que evitar el enfrentamiento entre ellas. Y cabe preguntarse cómo puede evitarse la fricción y aún el encontronazo entre dos organismos que tienen los mismos propósitos y metas.

Uno diría que algunas cosas están pensadas así para que salgan en los periódicos, creen muchas polémicas y distraigan al personal adormilado. Y resulten tan ineficaces como sea posible. Para eso sirve dividir. Así parten los partidos. Eso es lo que quiere el Diablo, Alto Comisionado para Fraccionar, Desunir, Separar, Oscurecer y Confundir.

Darío Vidal

28/01/05

 

       Dividir y confundir (28/01/2005 01:07)