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Publicado: 22/01/2005


 

VIDEOJUEGOS


Ayer saltó a los medios una noticia escalofriante. El videojuego mas vendido y reclamado por nuestros chicos del que silencio el nombre para no hacerle publicidad, es uno en que hay que asesinar a varios civiles, contratar a una prostituta para hacer caer en la trampa a un individuo, a la que hay que darle luego una buena paliza y finalmente matar a un periodista. La cosa va de guerras segín parece. Y constituye todo un programa de actuación moral.

Un juego candoroso con gritos desgarradores, efusión de sangre, tortura, dolor y rostros desencajados. Una plácida ocupación para descargar la tensión al volver del colegio.

Si los expertos dicen que los juegos han de ser didácticos porque constituyen una forma de aprendizaje de los valores morales y una preparación para la vida; si los pedagogos aseguran que los niños aprenden a trabajar, a comportarse y a relacionarse con los demás a través de los juegos; si se insiste que pueden ser tan educativos como las clases y capaces de formar el carácter hasta el punto que los educadores pueden extraer información muy valiosa para enderezar las inclinaciones y corregir las torcidas conductas de los jugadores; si todo eso se sabe y no es una teoría académica ¿puede decirme alguien en virtud de qué criterios se permite la difusión de tales cursos de criminalidad y por qué sus creadores y comercializadores no están en la cárcel? ¿No es eso un delito flagrante y manifiesto de apología del terrorismo, de la brutalidad y el desprecio a los demás?

Escribía de ello en el periódico una mujer jóven aunque abuela ya, a propósito de su descubrimiento éstos días de Reyes -''Noche de Paz, noche de Luz, ha venido Jesús''- cuando los pequeños de la casa solicitaban un videojuego que al parecer ha batido todas las marcas en estas fechas.

Al pretender informarse de su contenido se quedó paralizada. Matar a un periodista era una de las ''misiones'' en que consistía el juego. Asesinar a un civil desarmado que pretende ser testimonio del dolor para influir modestamente en sus conciudadanos con objeto de que rechacen el negocio de la muerte. Algo inadecuado. Un mensaje por completo inconveniente para la gran industria; un mensaje en cierta medida subversivo porque hay que preparar generaciones dispuestas a matar.

Tuvo que explicar a sus nietos que matar es el crimen más execrable, que asesinar a un ser desprevenido y desarmado es además una vileza sin parangón y una acción propia de cobardes. ''Pero es de mentira'', le decían los niños. Claro que cualquiera sabe donde empieza para los niños la realidad y acaba la fantasía.

No compró aquella inmundicia pero hubo de retirarse para llorar en secreto. Era la madre del periodista Miguel Gil asesinado mientras cubría la información de la guerra en el Continente negro para dar voz a un silencio con riesgo de su vida, con riesgo tan cierto que la dejó cuando intentaba denunciar la sinrazón del odio inventado, de los niños-soldado y de los abyectos negocios de la destrucción y la sangre.

¿Dónde están los jueces, dónde las leyes que castiguen a los inspiradores de esos malvados folletos de instrucciones para matar?

Darío Vidal

22/01/05

 

       Videojuegos (22/01/2005 16:25)