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Publicado: 21/01/2005


 

GIBRALTAR


''Cherchez la femme''. ¿Cómo hallar al asesino, cómo acabar con las tramas terroristas, con el tráfico de estupefacientes, con el delirio secesionista? ''Cherchez la femme''. ¿Cómo hacer razonables a los díscolos ''llanitos'', tan tarifeños sin quererlo y tan empecinados en su britanicidad? Pues lo de siempre: ''Cherchez la femme''. Busquen la causa, la razón, el móvil; busquen al inductor; busquen a la mujer y nadie se ofenda, que aquí la mujer es sólo una metáfora.

Desgraciadamente, el móvil de casi todas las conductas y la causa de muchas pasiones inextinguibles es el dinero. Por eso son tan difíciles de atajar. Pero hete aquí que el miércoles día 19 la Comisión Europea ha enviado una comunicación al Gobierno británico en la que le exige por enésima vez, pero esta vez en serio, que desmantele el paraíso de impunidad fiscal del Peñón de Gibraltar en el plazo perentorio de cuatro semanas. Y ya saben que en cuanto cesa el flujo vivificante de las transferencias cesa la actividad. El dinero es la sangre de todas las acciones dudosas. Lo mismo en la ETA que en Gibraltar.

No se lo creerán. Los ingleses no se lo creerán después de siglos de burla consentida, pero cuando se tuercen las cosas y los miembros de la casa real se disfrazan de nazis (los disfraces son el cumplimiento de un deseo imposible) y afloran comportamientos sádicos e indignos como los de sus militares en el centro iraquí de acogida humanitaria -¡qué cínicos los tíos!-, se acumulan las contrariedades.

No se lo creerán tampoco ni el Ministro Principal en ''The Rock'', Peter Caruana que tiene apellido catalán, ni los ''llanitos'' de apellido y deje andaluces, amparados tanto tiempo en la impunidad. ¡Quién iba a decirlo a estas alturas! Pues ya ven: todo lo bueno se acaba. Y es justo que así sea porque lo bueno de unos pocos equivale casi siempre a lo malo de los más. ¿Dónde pararía ahora tanta arrogancia si el señor Zapatero en su infatigable avance hacia atrás no hubiera convertido una nítida negociación entre dos potencias, en un lío en el que la parte en litigio se convierte en juez? Pero, en fin, esa es por desgracia otra cosa. Una cosa con la que no se prestigian las naciones ni se defienden los derechos, porque si es cierto que dos no discuten si uno no quiere, es siempre a costa de darle la razón y desprenderse de los pantalones.

Un territorio sin tierra que tiene domiciliadas más compañias que vecinos, donde las empresas no pagan más que un simbólico cánon anual, en el que pueden entrar y salir planeadoras con muy varia mercancía amparándose en un espacio marítimo del que carecen y un estatuto que no poseen, y acogiéndose a los beneficios de la Unión Europea es, si ustedes me lo permiten, un chollo morrocotudo. Si esto es guerra -piensan- que no llegue la paz.

Veremos si la Unión hace cumplir a las naciones lo que los ayuntamientos hacen cumplir a los vecinos.

Darío Vidal

21/01/05

 

       Gibraltar (21/01/2005 17:10)