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Publicado: 19/01/2005


 

EL CLIMA Y LAS HORAS


Pensamos, y puede que no sin razón, que somos lo que vivimos. Que somos resultado del clima, del paisaje, del entorno, del grupo y no en menor medida de los alimentos. Jean Anthelme Brillat-Savarin afirmaba que ''somos lo que comemos''. Puede. Pero a veces parece como si fuera al revés: como si lo que sucede en el medio fuera una metáfora del acontecer histórico.

Hemos tenido casi tres semanas de niebla densa y tenebrosa con escarchas nocturnas mientras se representaba el proceso de desobediencia en el Parlamento Vasco y el presidente autonómico enarbolaba los pendones de la secesión. Anunció ETA una tregua vindicativa para mostrar ''quién manda aquí'', y los colegas del PNV renunciaron a las exigencias del ''lendakari'' ''en menos de horas veinticuatro'', mientras algunas almas candorosas que dan en confundir la realidad con sus deseos, aseguraban que acabábamos de llegar al fin del túnel.

Y lució el sol. El sol esplendoroso y providente de Akenathon, con sus miles de brazos dispensando vida quería abrazarnos. Pero al día siguiente, para demostrar ''orbe et urbi'' quien toma las decisiones en Euskal Herría, ETA dejo otra vez al PNV con el culo al aire -dicho sea con todo pudor- y dijo que aquí nada había cambiado y que continúa lo que ellos llaman la ''lucha armada''. Una lucha armada por demás benigna y confortable, porque los valerosos ''gudaris'' la libran contra una sociedad civil y desarmada, sin riesgo de heridos y de muerte ni temor a que los cuelguen de un poste de teléfono o les den garrote vil, que es el que da los garrotazos más contundentes. Pero saben que sus vecinos no les quieren agarrotar y eso dá mucha confianza, además de la suficiente moral para injuriar e insultar a los muertos, y para hacer estallar un coche-trampa con cuarenta kilos de amonal, aunque esta vez no han tenido suerte. Lo que no quita para que cuando los atrapen se lo hagan encima como siempre.

Naturalmente, el señor Ibarretxe dió el giro y se puso nuevamente a rueda del que marca la, llamémosla política, de Euskadi. Y entonces mismo comenzó a soplar un huracán que ha levantado seis coches no se en que población y los ha dejado en un montoncito como en una suerte de ensayo de tornado.

He aquí el clima como metáfora del desasosiego, y no al revés.

Mas no se reduce a eso la zozobra. Ruge el viento también porque el Gobierno ha bajado el Rey al moro como quien va de romería para que arregle lo que la sutil diplomacia moratina no es capaz de desurdir, utilizando una vez más a don Juan Carlos de extintor y apagafuegos, como si su función consistiera en sacar las castañas del fuego a los funcionarios mediocres. Y no contento con eso, ha preparado tan chapuceramente el viaje a Marruecos como para que nuestro Rey tenga que escuchar descortesías e impertinencias a un oligarca desaprensivo porque un gobierno español tuvo que repeler la agresión contra nuestro territorio que él perpetró.

Pero Mohamed VI está perdido. No les extrañe que cuando visite nuestro país, la exquisita etiqueta diplomática de Moratinos le ofrezca unos aromáticos torreznos de aperitivo, una ricas magras de jamón con tomate, y una cazuela de chancho a la extremeña regado todo con tintos de la tierra. No entenderá nunca por qué el alauita va a levantarse de la mesa sin comer.

Darío Vidal

19/01/05

 

       Elclimaylashoras (19/01/2005 20:27)